Cerraste la computadora hace una hora, pero tu mente sigue pendiente de los correos electrónicos. Para los dueños de negocios, desconectarse del trabajo rara vez es una cuestión de tiempo. El verdadero problema es que la mente se resiste a dejar de pensar en las responsabilidades laborales.
El trabajo sigue presente durante la cena, en el gimnasio e incluso a la hora de dormir. La mayoría intenta resolverlo proponiéndose trabajar menos, pero esa medida pocas veces funciona. El problema no está en la cantidad de horas trabajadas, sino en que el cerebro nunca recibe una señal clara de que la jornada laboral terminó.
Por qué tu mente no se desconecta
Los psicólogos estudiaron este fenómeno, conocido como desconexión psicológica. La psicóloga organizacional Sabine Sonnentag y sus colegas descubrieron que las personas que logran dejar de pensar en el trabajo durante su tiempo libre tienen más energía, un mejor estado de ánimo y un mayor rendimiento al día siguiente. No basta con salir de la oficina, también es necesario desconectarse mentalmente.
Para los dueños de negocios, esto es más difícil que para los empleados, porque son quienes tienen la responsabilidad final de lo que ocurre dentro de la empresa. Cada mensaje sin responder puede percibirse como un riesgo, mientras que cada momento de tranquilidad parece una oportunidad desaprovechada para avanzar con el trabajo.
También existe una explicación de por qué las tareas pendientes siguen ocupando nuestros pensamientos. Un estudio de Masicampo y Baumeister reveló que los objetivos inconclusos tienden a permanecer en nuestra mente hasta que definimos un plan concreto para resolverlos. No hace falta terminar la tarea de inmediato; alcanza con establecer cuándo y cómo la vamos a realizar.
Cerrá los asuntos pendientes antes de terminar la jornada
Por eso, uno de los hábitos más útiles es establecer una rutina para desconectarse del trabajo. Solo hace falta dedicarle diez minutos al final de la jornada laboral.
Anotá todas las tareas que tenés pendientes. Junto a cada una, indicá cuál será el próximo paso y cuándo lo vas a realizar. Revisá tu agenda del día siguiente y, después, escribí o repetí una frase que marque el cierre de la jornada, como "por hoy terminé". Aunque parezca demasiado fácil, este ejercicio le da a tu cerebro el plan que necesita y una señal clara de que el día de trabajo llegó a su fin.
Establecé límites concretos, no solo buenas intenciones
Proponerse desconectarse del trabajo no siempre es suficiente. Para lograrlo, es importante establecer límites concretos que ayuden a evitar las distracciones y respetar los momentos de descanso.
Eliminá el mail laboral de tu teléfono o, al menos, desactivá las notificaciones a partir de cierta hora. Utilizá un perfil de navegador exclusivo para el trabajo y dejá el celular cargando fuera de tu habitación. Estas pequeñas medidas hacen que revisar asuntos laborales requiera un esfuerzo adicional y sea más fácil evitarlo.
Informa a tu equipo y a tus principales clientes en qué horarios estás disponible y qué situaciones deben considerarse una emergencia. La mayoría de los asuntos que parecen urgentes en realidad no lo son. Establecer criterios claros para identificar los casos que realmente requieren atención inmediata permite que todos, incluido vos, puedan desconectarse con mayor tranquilidad.
Dale a tu mente algo más en qué ocuparse
Desconectarse del trabajo es más fácil cuando no se trata simplemente de dejar de trabajar. La mente necesita encontrar otras actividades en las que concentrarse.
Las actividades que requieren toda nuestra atención suelen ser las más efectivas para desconectarnos del trabajo. Practicar deportes, cocinar, tocar un instrumento, pasar tiempo al aire libre o dedicarse a un pasatiempo son algunas opciones. Distintas investigaciones muestran que tanto las actividades que nos permiten aprender o mejorar habilidades como aquellas que nos ayudan a relajarnos son beneficiosas, ya que nos permiten concentrarnos en algo distinto a nuestras responsabilidades laborales.
Pasar tiempo fuera del entorno laboral también ayuda. Las conversaciones cara a cara sobre temas no relacionados con el trabajo ayudan a reducir la tensión y a relajarse. Incluso una caminata larga, sin escuchar un podcast sobre productividad, puede tener más beneficios de los que imaginamos.
Empezá con cambios más pequeños de lo que imaginás
Desconectarse durante todo un fin de semana puede ser un objetivo, pero no necesariamente el punto de partida. Muchos dueños de negocios fracasan en sus intentos de descansar porque quieren cambiar demasiados hábitos a la vez y terminan abandonando ante la primera dificultad.
Empezá por elegir una noche a la semana para desconectarte por completo del trabajo a partir de una hora determinada. Después, reservá medio día del fin de semana para descansar y, de manera progresiva, ampliá ese tiempo. Cada vez que te alejás de tus responsabilidades y comprobás que todo sigue funcionando, tu cerebro recibe la señal de que el negocio puede continuar sin tu supervisión durante algunas horas. Esa experiencia genera la confianza necesaria para que puedas tomar descansos más prolongados.
Aprendé a manejar la culpa cuando aparezca
Las primeras veces que te alejes de tus responsabilidades laborales, es posible que sientas culpa. Podés tener la sensación de que estás descuidando el negocio, cuando en realidad suele tratarse de una reacción de la mente ante un cambio de rutina.
En lugar de interpretar esa sensación como una señal de alarma, intentá reconocerla como una reacción pasajera. Preguntate si existe algún problema concreto que realmente necesite tu atención en ese momento. Si la respuesta es no, dejá que la sensación desaparezca sin actuar en consecuencia. Cuanto más practiques este hábito, menos intensa será la culpa y más fácil será desconectarte.
El negocio puede esperar
Los mejores líderes no son aquellos que nunca dejan de trabajar, sino quienes saben cuándo detenerse y regresar con la mente despejada. Las mejores ideas rara vez aparecen a las nueve de la noche mientras revisás los correos electrónicos. Muchas veces surgen durante una caminata, en la ducha o mientras mirás una película, cuando dejás de concentrarte constantemente en un problema.
Desconectarse del trabajo es una habilidad que se desarrolla con la práctica, no una capacidad con la que algunas personas nacen. Podés empezar esta misma noche dedicando diez minutos a cerrar tu jornada y a establecer un límite claro. A la mañana siguiente, el negocio seguirá ahí, pero vos vas a estar en mejores condiciones para afrontar tus responsabilidades.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.