Los números de SpaceX entusiasmaron al mercado, aunque esconden una preocupación de US$ 35.000 millones
SpaceX facturó US$ 14.600 millones en el tercer trimestre, un 161% más que un año atrás. Aunque la inteligencia artificial ya representa más de la mitad de sus ingresos, ese negocio invirtió casi US$ 40.000 millones en infraestructura durante los primeros nueve meses del año y acumuló pérdidas operativas por US$ 3.300 millones.

SpaceX presentó resultados extraordinarios en el tercer trimestre de 2026. Sus ingresos crecieron 161% hasta alcanzar US$ 14.600 millones, mientras que la ganancia neta llegó a US$ 4.400 millones y el EBITDA ajustado ascendió a US$ 8.800 millones. Elon Musk consiguió otro resultado excepcional y los inversores que participaron en la histórica salida a bolsa de junio tienen motivos para estar satisfechos.

A mí también me impresionaron los resultados, aunque hubo una cifra que me llamó la atención. Durante los primeros nueve meses del año, SpaceX destinó US$ 48.100 millones a gastos de capital, frente a un flujo de caja operativo de US$ 13.100 millones. La diferencia es de US$ 35.000 millones. La compañía puede afrontar semejante desembolso tras su salida a bolsa, pero queda una pregunta importante: ¿Qué rentabilidad obtendrán finalmente los accionistas por esas inversiones? Con una valuación cercana a los US$ 2 billones, espero una respuesta convincente.

El negocio de SpaceX es bastante diferente de lo que muchos inversores imaginaban. Los cohetes y los satélites siguen siendo una parte importante de sus operaciones, pero la inteligencia artificial se convirtió en su principal motor financiero. La división Super Intelligence generó US$ 7.600 millones en ingresos durante el tercer trimestre, frente a los US$ 813 millones del mismo período del año anterior. Actualmente, más de la mitad de la facturación de SpaceX proviene de este negocio.

Musk apostó con fuerza por la infraestructura informática en un momento de alta demanda. La compañía firmó acuerdos de servicios en la nube con grandes clientes, amplió su cartera de aplicaciones de IA y adquirió Cursor, una empresa especializada en herramientas de programación con IA. La división incluso obtuvo una ganancia operativa de US$ 431 millones durante el trimestre, frente a una pérdida de US$ 1.700 millones un año atrás.

La inteligencia artificial ya representa más de la mitad de los ingresos de SpaceX, por encima de sus negocios tradicionales. (Foto: creada con IA) 

Sin embargo, semejante crecimiento tiene un costo considerable. De los US$ 19.600 millones que SpaceX invirtió durante el trimestre, US$ 16.400 millones se destinaron a inteligencia artificial. Esto significa que el 84% de sus gastos de capital se concentró en una división que genera el 52% de sus ingresos. Durante los primeros nueve meses, este negocio invirtió casi US$ 40.000 millones en infraestructura, facturó menos de US$ 11.000 millones y acumuló una pérdida operativa de US$ 3.300 millones.

El negocio de IA también registró un EBITDA ajustado de aproximadamente US$ 5.000 millones durante el trimestre, aunque la depreciación alcanzó los US$ 2.500 millones. Es una cifra considerable, sobre todo porque la actividad depende de computadoras y chips que podrían necesitar reemplazos o actualizaciones antes de lo previsto. Por eso, el desafío de SpaceX será lograr que esas inversiones generen suficientes ganancias antes de que los equipos queden obsoletos.

El riesgo de repetir la historia de las telecomunicaciones

No tengo dudas de que la demanda de capacidad informática es real. Lo que todavía desconozco es qué tan rentable será dentro de tres o cinco años, cuando esté disponible buena parte de la nueva infraestructura que se está construyendo en todo el mundo.

Recuerdo el auge de las telecomunicaciones a fines de los años noventa. Las empresas invertían enormes cantidades de dinero en redes y fibra óptica porque estaban convencidas de que internet iba a transformar el mundo. Y tenían razón. El tráfico creció de manera extraordinaria y terminó siendo necesaria mucha más infraestructura de la que cualquiera había imaginado.

Durante los primeros nueve meses de 2026, SpaceX destinó casi US$ 40.000 millones al desarrollo de infraestructura de inteligencia artificial. (Foto: Steve Jurvetson via Wikimedia Commons)

El problema fue que muchos de los accionistas que financiaron aquella expansión no obtuvieron buenos resultados. A medida que aumentó la capacidad disponible, los precios comenzaron a caer y la rentabilidad disminuyó. Numerosas compañías tuvieron dificultades para justificar sus inversiones y algunas terminaron desapareciendo. Los inversores que habían acertado al anticipar el crecimiento de internet también perdieron fortunas.

Veo ciertas similitudes con el desarrollo actual de la IA, aunque SpaceX tiene una posición financiera mucho más sólida que la de muchas de esas empresas de telecomunicaciones. La compañía obtuvo aproximadamente US$ 85.700 millones netos con su salida a bolsa y terminó septiembre con US$ 53.400 millones en efectivo, equivalentes de efectivo y efectivo restringido. Por lo tanto, financiar su expansión no representa un problema inmediato.

Microsoft, Amazon y Alphabet también están destinando enormes sumas al desarrollo de infraestructura informática. En apenas un año, SpaceX aumentó su capacidad de procesamiento nominal de 0,6 a 1,7 gigavatios. Las principales compañías están ampliando sus instalaciones a toda velocidad y, mientras los clientes compiten por acceder a la capacidad disponible, las condiciones de rentabilidad parecen excelentes.

Pero ya vi algo parecido antes y sería prudente no dar por sentado que los precios actuales se mantendrán indefinidamente. Algunas empresas que hoy pagan por capacidad informática también están construyendo su propia infraestructura de IA para depender menos de proveedores externos. Es una decisión lógica para esos clientes, aunque podría ser menos conveniente para las compañías que les venden capacidad de procesamiento. Cuando haya más alternativas, el precio probablemente adquirirá mayor importancia.

En apenas un año, SpaceX aumentó su capacidad de procesamiento nominal de 0,6 a 1,7 gigavatios. (Foto: Pexels)

Me gustaría conocer qué proporción de los ingresos futuros de SpaceX por inteligencia artificial está respaldada por contratos firmes, cuándo vencen esos acuerdos y cuánto estima la dirección que costará reemplazar los equipos. Esos datos permitirían evaluar la rentabilidad futura del negocio con mucha más precisión que la tasa actual de crecimiento de sus ingresos.

La IA podría convertirse en una actividad enormemente rentable, y Musk quizás tenga razón al invertir tan agresivamente mientras sus competidores aún intentan consolidarse. Sin embargo, destinar casi US$ 40.000 millones en nueve meses representa un compromiso considerable. Los accionistas deberían exigir pruebas de que ese capital generará una rentabilidad aceptable, en lugar de interpretar el crecimiento de las ventas como una garantía.

Starlink, el negocio que muestra una rentabilidad más atractiva

Dentro de SpaceX hay otra actividad que me resulta aún más interesante y que queda parcialmente eclipsada por el avance de la inteligencia artificial. Starlink generó US$ 5.200 millones en ingresos trimestrales, un crecimiento del 69%, mientras que su ganancia operativa alcanzó aproximadamente US$ 2.400 millones. Su base de suscriptores residenciales casi se duplicó, hasta llegar a 13,6 millones. Por su parte, la división de Conectividad registró un EBITDA ajustado de US$ 3.500 millones y destinó alrededor de US$ 1.500 millones a gastos de capital.

Starlink pasó años construyendo un negocio extraordinariamente difícil de replicar. Tiene una red global de satélites y capacidad propia de lanzamiento. Además, tiene acceso a las frecuencias necesarias para operar sus satélites, acuerdos con organismos reguladores y millones de clientes que pagan periódicamente por el servicio. Un competidor no podría ingresar al mercado mañana y replicar fácilmente toda esa infraestructura.

La base de suscriptores residenciales de Starlink casi se duplicó en un año y alcanzó los 13,6 millones. (Foto: BugWarp vía Wikimedia Commons)

Por supuesto, todavía enfrenta costos importantes. Los satélites deben reemplazarse y la capacidad debe seguir creciendo. A su vez, los ingresos promedio por cliente se mantienen por debajo de los del año pasado, mientras Starlink se expande a mercados internacionales con precios más bajos. Pese a esas dificultades, la división está demostrando los beneficios de operar a gran escala y ya genera ganancias operativas considerables.

Si Starlink fuera una compañía independiente, sospecho que los inversores estarían dispuestos a pagar una prima importante por su rentabilidad. Sus márgenes operativos ya son considerablemente superiores a los de la división de inteligencia artificial. Sin embargo, Musk sigue destinando la mayor parte del capital a esta última. Puede que tenga razón, aunque me gustaría entender mejor esa decisión, dado que el negocio de conectividad ofrece resultados cada vez más atractivos.

También merece atención la valuación implícita de US$ 60.000 millones asociada a la adquisición de Cursor. La operación le permitió a SpaceX ganar presencia en el mercado del software de inteligencia artificial e incorporar talento técnico, pero también implicó importantes acuerdos de remuneración en forma de acciones. En los próximos trimestres observaré cuánto aporta esta actividad a los resultados y qué costo tendrá retener a los profesionales responsables de su crecimiento.

Personalmente, valoraría Starlink y el negocio de IA de maneras muy diferentes. El primero tiene una red consolidada, clientes recurrentes y ganancias operativas comprobables. El segundo crece a un ritmo extraordinario, pero compite en un mercado en el que las necesidades de capital y las condiciones de competencia siguen cambiando. Que ambos negocios coticen bajo una misma acción no elimina esas diferencias.

Starlink registra márgenes operativos superiores a los de la IA, aunque esta última concentra el 84% de las inversiones de capital. (Foto: Daniel Oberhaus vía Wikimedia Commons)

SpaceX cuenta con una ventaja importante gracias a su capacidad para construir infraestructura y operar a gran escala. También merece reconocimiento el historial de Musk, que logró concretar proyectos que muchos consideraban imposibles. A eso se suma una posición de liquidez lo suficientemente sólida como para afrontar un período prolongado de inversiones.

El problema es que los inversores ya están pagando por un éxito futuro considerable. Los próximos trimestres permitirán comprobar si la infraestructura de inteligencia artificial instalada durante este año puede generar ganancias operativas importantes sin requerir otro aumento gigantesco del gasto de capital. También será interesante observar cómo evoluciona la rentabilidad de Starlink y qué decisiones toma la dirección respecto del efectivo que genera.

No considero que SpaceX deba reducir sus inversiones solo para gastar menos. Estaría dispuesto a respaldar otros US$ 50.000 millones en desembolsos si la rentabilidad esperada los justificara. Lo que no haría sería asumir que cada dólar destinado a la inteligencia artificial genera valor automáticamente, solo porque las perspectivas de crecimiento del sector parecen extraordinarias.

Los últimos resultados demostraron la velocidad a la que Musk puede desarrollar otro negocio gigantesco. Sin embargo, después de invertir US$ 35.000 millones más de lo que generaron sus operaciones en los primeros nueve meses, todavía quedan cuestiones importantes por resolver. Musk construyó su fortuna haciendo realidad proyectos que otros consideraban imposibles. Pero, con una valuación cercana a los US$ 2 billones, empiezo a preguntarme si los accionistas de SpaceX están pagando por lo que ya consiguió o por todo lo que todavía tiene que demostrar.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.