En 1978, las psicólogas clínicas Pauline Rose Clance y Suzanne Ament Imes publicaron un artículo titulado ‘The Impostor Phenomenon in High Achieving Women: Dynamics and Therapeutic Intervention", en el que describían "una experiencia interna de falsedad intelectual" que sienten muchas mujeres y que dio origen a lo que hoy conocemos como el "síndrome del impostor".
Este fenómeno, que sigue vigente casi cinco décadas después de haber sido descrito por primera vez, atraviesa a muchas mujeres, incluso a aquellas que son percibidas socialmente como "exitosas".
La economista e influencer Carolina Sur (Hola, soy Caro), la comunicadora y facilitadora Manuela Da Silveira y la atleta olímpica Déborah Rodríguez compartieron cuál es su kit básico de supervivencia cuando los pensamientos intrusivos o una autopercepción errada las hacen dudar de su propio valor.
1. Revisar qué hay en el kit propio
Carolina Sur pensaba que el tema no la tocaba demasiado y que, lejos de sentirse incómoda frente a un halago, agradece y sigue. Sin embargo, contó que cuando decidió comenzar con "Hola, soy Caro" —su cuenta de Instagram que hoy tiene más de 100.000 seguidores— guardaba, por las dudas, cartas bajo la manga.
"Tenía el título, el MBA y tres cosas más que no las muestro. Nadie lo sabe cuando entra a la cuenta, pero es mi kit, con el que me siento segura", reveló. Para ella, el riesgo es convertir cada convocatoria en la obligación de dar el triple: "Todo el tiempo me recuerdo que en realidad me llaman por lo que soy, no por lo que tengo que demostrar".
Su antídoto es un doble chequeo: "Confío mucho en las personas que me llaman. Por ahí a veces me siento menos, pero como confío en quien me contacta. Digo: si estoy al lado de ellas, debo ser igual de genia", aseguró.
2. Separar lo que hacés de lo que sos
Déborah Rodríguez creció en una familia de deportistas muy exigente y en una disciplina donde reinan "el elitismo, el exitismo, el que te tiene que ir bien". Entre elogios y críticas, llegó un momento en que se sintió perdida.
"Entendí que la respuesta no estaba en el otro, estaba en mí. Yo no soy mis resultados deportivos", reflexionó. Para eso buscó apoyo y cambió el lugar desde el que se para: "Ser atleta es lo que hago. Pero yo soy esto". De todos modos, aclaró que no es un proceso cerrado y que lo trabaja acompañada por su psicóloga. Su conclusión: "Mi verdadero valor como mujer está en el simple hecho de existir y de ser".
3. Que el miedo esté, pero que no decida
Manuela Da Silveira tiene un KPI medido: cuenta con más de 7.000 horas de escenario. Aun así, confiesa que antes de subir, aparece "un preinfarto relacionado al ‘qué miedo, ¿te parece que estás a la altura?’".
"Es como un ex tóxico que sé que está ahí, pero no lo dejo decidir por mí", aseguró. Para ella el malestar tiene sesgo de género: "Cuántas veces, cuando tenemos que presentarnos, dar charlas o compartir nuestras ideas, cedemos esos espacios porque no creemos estar a la altura", cuestionó. Reconocer que la confianza no es estática es su herramienta para hablarle a la impostora que lleva dentro. "Les dijo: ‘Bueno, amiga, yo tengo que salir a compartir mis dones acá. Vení conmigo’", relató.
4. Conocer el guion de los pensamientos negativos
"¿Cómo no voy a tener miedo en un estadio olímpico con 80.000 personas?", dijo Rodríguez y reveló que los nervios siempre llegan antes de correr. Lo que la ayudó a enfrentarse a ese pánico fue entender cómo funciona el cerebro y darse cuenta que, al final, los pensamientos eran siempre los mismos: "Lo vas a hacer horrible", "la otra es mejor que yo", "no me van a dar las piernas".
Sin embargo, se centró en lo que la realidad le devolvía: "Cada vez que salía a correr, nada de lo que pasaba por mis pensamientos sucedía", explicó. El objetivo, para ella, no es eliminar lo negativo, sino "que no te coma" y tener herramientas para cuando uno no está tan bien.
5. Ser una misma como "acto revolucionario"
Cuando Sur ve hablar a otras mujeres en un escenario piensa: "Qué bien que están paradas, sentadas, vestidas. ¿Dónde compran la ropa?". Sin embargo, cuando reflexiona, entiende que en realidad no quiere mostrarse como otras mujeres sino que su respuesta es ser lo más parecida a su yo real, ese al que define como "totalmente imperfecto". Se pregunta: "¿Cómo debería sentarse, cómo debería pararse una economista? Yo me paro y me visto como quiero, y ese es mi acto revolucionario", subrayó.
6. Trabajar la recuperación, no solo la caída
"El néctar está cuando fracasás", sentencia Da Silveira. Es que en el camino del logro, hubo errores, tropezones y caídas que, según la comunicadora, son los que dejan las mayores enseñanzas. "Como cuando aprendés a andar en bici: si te equivocaste, la consigna es volver a intentarlo después del porrazo".
Además, sostuvo que siempre hay tres discursos, "el que preparaste, el que diste y el que te hubiera gustado dar". El objetivo, es amigarse con los tres.
7. Celebrar las ganadas y elegir dónde pedir feedback
"¿Cuánto tiempo nos tomamos para disfrutar de las ganadas?", preguntó Rodríguez y aseguró que, al menos en su caso, es muy poco: "El tiempo que disfruto lo bueno es más corto que el que sufro en el autoflagelo por las cosas que no me salieron como quería".
Sur lo ilustra con una escena de su trabajo. Una compañera habló por primera vez en público y lo hizo muy bien, pero al salir le dijo a un colega: "Estuve medio mal, ¿no? Pasame después qué puedo mejorar". Cuando la economista le dijo que había salido muy bien, la compañera insistió en que a ella le gustaban las críticas constructivas. La respuesta de Sur fue: "No hubo crítica constructiva. Estuviste bárbara, punto".
Da Silveira tomó la anécdota para advertir que no cualquier devolución sirve: importa a quién se le pide y en qué momento uno está disponible para recibirla. "Ojo con dónde y cuándo pedimos el feedback", resumió.
8. Definir el propio éxito
"¿En qué versión de Caro me estará viendo para decirme que soy una mujer exitosa?", se pregunta Sur cada vez que la presentan con ese adjetivo en paneles, entrevistas o reuniones. Para ella, la clave es decidir en qué ámbito se quiere tener éxito y no medirse con la vara ajena: "Intento todo el tiempo no basarme en lo que otro ve como exitoso, sino en mí misma", reveló.
9. Hablar de plata
"El empoderamiento sin ingreso no empodera a nadie", dijo la influencer y pidió que todas las mujeres tomen la frase y se la tatúen. Más que el síndrome del impostor, dice, muchas tienen "el síndrome de la niña buena" con el dinero: "¿Qué va a pensar mi jefe si quiero ganar más? Nada, porque él también trabaja y seguramente también quiere tener plata".
Da Silveira explicó por qué cuesta: "Con la baja autoestima en alza, siempre negociamos peor". En un presupuesto se mezclan el rol y la valía personal, al punto de que te dicen "es caro" y pensás "no sirvo como ser humano".
Por su parte, Rodríguez lo vinculó con la independencia económica y aseguró que así se lo inculcó su madre desde un principio. Lo importante es entender el valor del trabajo de cada uno, impulsar ese objetivo y evitar depender de alguien más.