Los ciberataques y el fraude digital dejaron de ser un problema aislado que afectaba a unos pocos. A medida que aumentan los pagos electrónicos y surgen nuevas herramientas de inteligencia artificial, la seguridad pasa a ser un componente central del desarrollo de productos financieros y de la continuidad del negocio.
Para los especialistas, construir confianza digital exige pensar la ciberseguridad desde el diseño, involucrar a toda la organización y fortalecer la cooperación entre empresas, usuarios y reguladores.
Cuidarse entre todos
Urutec, la empresa que opera la Cámara de Compensación Automatizada de Uruguay, conecta a más de 30 instituciones financieras, incluido el Banco Central. En ese contexto, un incidente en uno de los participantes puede comprometer al resto del sistema, por lo que la organización trabaja con altos estándares de ingreso y un protocolo específico para responder ante ciberataques. "Lo bueno de nuestra arquitectura es que nos permite desconectar a un participante sin afectar al sistema de pagos en su totalidad", explicó María Elena Bandeira, CRO de Urutec.
Para la ejecutiva, la gestión de riesgos y el manejo de los colaboradores también son cruciales. “Todos tenemos responsabilidad en la ciberseguridad y esto va desde cómo manejo mis claves personales hasta cómo les asigno accesos a los distintos miembros de mi equipo o a proveedores, sobre todo, si doy accesos privilegiados”.
El eslabón más débil
Marcela Mercapidez, CEO de Sabyk, remarcó que cualquier persona es vulnerable a sufrir un ciberataque y la industria tiene que lidiar con ello. Para lograrlo, consideró necesarias dos acciones: concientizar sobre los riesgos y generar nuevos hábitos.
En ese sentido, la educación segmentada es la clave, ya que no enfrentan los mismos riesgos un niño, un adulto mayor o un colaborador con acceso privilegiado. "No todas las personas tienen el mismo nivel de vulnerabilidad", resumió.
Lo barato sale caro
En la industria Fintech, desarrollar rápido no implica hacerlo de forma insegura. El problema surge cuando se prioriza lanzar un producto y se deja la seguridad para una etapa posterior. "Hay que hacerlo seguro desde el principio o rehacerlo si es necesario", señaló Eduardo Vargas, directivo de Cuti y CEO de LoopStudio.
Mercapidez coincidió en que incorporar controles una vez que el producto ya está desarrollado suele ser más costoso y complejo. Para la experta, el error de fondo radica en considerar la ciberseguridad como un asunto exclusivamente tecnológico. “La seguridad es un problema de negocio.
Todo aquello que involucre un riesgo para mi empresa, mi servicio o mis clientes implica una decisión de negocio”, afirmó. Por eso, sostuvo que la gestión del riesgo debe incorporarse desde el diseño del producto y no cuando las vulnerabilidades ya son evidentes.
Un arma de doble filo
La inteligencia artificial abrió nuevas oportunidades, pero también nuevas formas de ataque. Según Mauro Eldritch, director de BCA LTD, los ciberdelincuentes ya no dependen de un único modelo, sino que combinan distintas herramientas para resolver tareas específicas y construir ataques más sofisticados.
"Estamos en una era en la que se usan muchos agentes que coordinan varios modelos para tareas pequeñas que, finalmente, dejan un Frankenstein, pero funcional", explicó.
Sin embargo, también señaló que esos sistemas generan patrones y huellas que pueden facilitar su detección. “De la misma manera que hoy vemos que todo el mundo escribe igual porque usa ChatGPT, el código también termina siendo bastante repetitivo o similar. La inteligencia artificial no reemplaza la creatividad. Un actor malicioso creativo siempre va a ser mejor que uno solamente bien equipado", dijo.
Información compartida
Para Vargas, fortalecer el ecosistema digital requiere compartir información entre empresas, Estado y reguladores. "Cualquier ataque afectará a la industria. El tema es estar unidos e informados sobre qué está pasando, porque un ataque al Estado puede ser una prueba para atacar a una empresa privada o viceversa", afirmó.
En ese camino, sostuvo que todavía hay margen para mejorar la coordinación y encontrar un equilibrio regulatorio que proteja el ecosistema sin limitar el trabajo de quienes investigan vulnerabilidades de manera ética.
El fraude evoluciona
Según Bandeira, las transferencias digitales crecieron más de 40% interanual y las instantáneas ya representan dos de cada tres operaciones. Sin embargo, el fraude no avanzó al mismo ritmo, lo cual se debe a medidas como la autenticación multifactor, los sistemas de prevención implementados por las entidades financieras y las nuevas herramientas de inteligencia artificial.
Urutec desarrolló un motor propio que analiza en tiempo real las operaciones y envía alertas a las instituciones financieras cuando detecta comportamientos sospechosos. "Las transferencias instantáneas se procesan en menos de diez segundos y el motor analiza la transacción en milisegundos", explicó.
Aunque destacó que menos del 0,01% de las transferencias resultan fraudulentas, advirtió que la inmediatez con la que se mueven los fondos de una cuenta a otra, así como la concientización de los usuarios para evitar ser víctimas de fraudes son desafíos vigentes. "Para la persona defraudada, el dolor es el mismo", concluyó.