Una Colombia partida al medio: Abelardo de la Espriella supera por menos de un punto a Iván Cepeda, el presidente Petro esperará el escrutinio oficial
Con un final voto a voto y denuncias cruzadas sobre el conteo, Abelardo de la Espriella se impuso en el balotaje sobre Iván Cepeda y quedó a las puertas de la Casa de Nariño, en una elección que consolida la salida de Gustavo Petro y deja a Colombia profundamente polarizada.

La noche electoral en Colombia estuvo lejos de ser un trámite. A medida que avanzaba el preconteo, los boletines de la Registraduría mostraban un escenario de extrema paridad entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, con diferencias que se achicaban en cuestión de minutos. Con el conteo al 46,7%, De la Espriella registraba el 50,5% de los votos frente al 47,9% de Cepeda. Más tarde, al 65,44%, el candidato de derecha seguía adelante con 50,55% contra 47,83%, una ventaja de casi tres puntos.

Con el 80,44% de las mesas escrutadas, el líder ultraderechista mantenía el 50,1% y una diferencia de “poco más de 427.000 votos” sobre el oficialista. Al 94,5%, la brecha se redujo: De la Espriella marcaba 49,93%, mientras Cepeda alcanzaba 48,43%. Y con el 98,91% del preconteo, el margen quedó en 1,07 puntos porcentuales: 49,71% para De la Espriella contra 48,64% para Cepeda, unos 275.000 votos de distancia.

El triunfo será muy ajustado

En ese contexto, el presidente Gustavo Petro optó por no convalidar de inmediato el resultado preliminar. “Vamos a escrutinios, escribió en X, subrayando que esperará el resultado oficial a cargo de los jueces. El mandatario reportó cifras que mostraban una “estrecha diferencia” a favor de De la Espriella sobre Cepeda y se apoyó en el antecedente de la primera vuelta, cuando “nunca reconoció oficialmente” los resultados del preconteo y reclamó los datos de las comisiones escrutadoras.

Petro ya había puesto en duda la confiabilidad del conteo rápido, pese a que en la primera vuelta el preconteo de la Registraduría terminó con una coincidencia superior al 99,9% respecto del escrutinio definitivo. Esta vez repitió la fórmula: desconfianza pública sobre los números preliminares y llamado a esperar el pronunciamiento de jueces y notarios que resuelven controversias y actas observadas.

Mientras tanto, en las calles de Bogotá, la tensión convivió con cierta sensación de alivio. La ciudad amaneció con locales tapiados alrededor del Hotel Tequendama, donde el oficialismo montó su búnker, ante el temor de disturbios. Sin embargo, “los fantasmas de la convulsión social no se manifestaron, al menos por ahora” y la jornada transcurrió sin episodios masivos de violencia.

Un país partido en dos

Con “el 97% de las mesas escrutadas”, De la Espriella se consolidaba como ganador virtual del balotaje con 49,84% para su movimiento Defensores de la Patria, frente al 48,51% del candidato del Pacto Histórico. La lectura política fue inmediata: más que un cheque en blanco al nuevo presidente, el resultado fue leído como un plebiscito negativo sobre el gobierno de Petro, pero también como la confirmación de una Colombia partida en dos.

En las calles, el clima reflejaba esa fractura. “Lo que necesitamos en este país es paz, pero la paz sólo se consigue con la fuerza. No podemos dejar que un grupo armado venga a decirle a la gente cómo vivir, que es lo que está pasando gracias a este gobierno. La gente quiere vivir en libertad”, dijo Eduard, un joven vestido con la camiseta de la selección colombiana, símbolo de campaña de De la Espriella.

Otro votante sintetizó el temor de una parte del electorado frente a la posibilidad de un desconocimiento de los resultados: “Yo lo que espero es que se respeten los resultados. Porque eso es lo bonito de la democracia, que venga uno, que venga otro, pero que cambie y que la gente elija. No queremos que este gobierno se enquiste en el poder”.

Pese a las denuncias de presuntas irregularidades —incluidas varias del propio Petro en X—, la observación internacional marcó otra cosa. El jefe adjunto de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE), José Antonio de Gabriel, destacó el “desarrollo normal” de las votaciones en todo el país, una señal clave para los mercados y la comunidad internacional.

El balance económico y social de Petro

El cierre del ciclo Petro funciona como telón de fondo ineludible para entender el voto. El primer gobierno de izquierda de Colombia deja una reconfiguración del debate público, con temas como cambio climático, memoria histórica y derechos identitarios en el centro de la agenda, pero también una lista extensa de promesas incumplidas y desequilibrios crecientes.

En lo social, el Ejecutivo exhibe cifras relevantes: la pobreza monetaria cayó al 28% en 2025, su nivel más bajo en años, y el gobierno destaca que se redujo “un 28%, y aumentó también de forma inédita el salario mínimo de los colombianos, con un aumento del 23% frente al de 2025”. La administración también “buscó además hacer bandera de la educación pública, ampliando los cupos universitarios” y avanzó en la reforma agraria, “a través de la cual distribuyó más de 2 millones de hectáreas”.

El problema es el reverso fiscal de esos logros. “Gran parte de estos logros se sustentaron en una política fiscal insostenible, en la que el gasto del Estado rompió la balanza de pagos y obligó al gobierno a una toma desmedida de deuda pública.” La expansión del gasto en educación terciaria “podría haber operado en contra de los sectores iniciales, primario y secundario por absorber demasiados recursos”, advierten analistas citados en los reportes.

En salud, la apuesta terminó en crisis. Tras chocar reiteradamente con el Congreso por la reforma del sistema, Petro intervino directamente “unas ocho entidades semiprivadas encargadas de administrar la prestación de servicios a unos 20 millones de afiliados”. El gobierno argumentó que esas EPS eran deficitarias y malversaban fondos, pero “desde que el Estado se hizo cargo, los pacientes colombianos insisten en que el sistema se ha deteriorado”, con “imposibilidad de conseguir turnos” y “falta de insumos médicos y medicinas”, en un contexto en el que el presupuesto sanitario es “insuficiente, algo en lo que concuerdan gremios, analistas y la Corte Constitucional”.

A esto se suma un “amplio historial de denuncias de corrupción, que implican a ministros, más de 50 congresistas y directores de diversas instituciones del Estado”, y el golpe político del fallido plan de “Paz Total”. La estrategia dialoguista, que buscaba desmovilizar disidencias de las FARC y otros grupos armados bajo un alto al fuego, terminó —según los propios balances críticos— permitiendo “la expansión de los grupos armados, generando a su vez un nuevo ciclo de violencia entre los mismos en busca del control de las economías ilícitas”.

Si se impone, qué hereda De la Espriella

En este contexto, De la Espriella llegaría al poder con un mandato tan claro como frágil: revertir la inseguridad y la sensación de desorden, recomponer las cuentas públicas y dar señales pro-mercado sin dinamitar los avances sociales. 

Su discurso de campaña, centrado en “mano dura” y reformas económicas, conectó con una parte del electorado que siente que “la paz solo se consigue con la fuerza” y que percibe al gobierno saliente como incapaz de frenar a los grupos armados y la corrupción.

Al mismo tiempo, el margen de victoria —algo más de 275.000 votos sobre casi 25 millones emitidos— recuerda que cualquier reforma profunda deberá construirse sobre consensos delicados en un país que votó casi en partes iguales por continuidad y cambio. La incógnita para los próximos cuatro años será si el nuevo presidente logra transformar esa diferencia mínima en una coalición capaz de sostener políticas de seguridad y estabilidad macroeconómica, sin agravar la fractura que hoy divide a Colombia en dos mitades casi simétricas.