Diego Istúriz Fundador y CEO de AVC Comunicación
Uruguay tiene una ventaja que en América Latina vale mucho: la previsibilidad. Cambian los presidentes y los partidos de gobierno, pero persisten consensos que permiten proyectar negocios más allá de una elección. Esa continuidad institucional convive con desafíos económicos, por supuesto, pero ofrece una base valiosa para invertir y emprender.
En su evaluación de septiembre de 2026, el Fondo Monetario Internacional destacó que Uruguay mantiene el grado inversor y puede financiarse en condiciones favorables. En términos simples, los mercados confían en su capacidad de cumplir con sus compromisos, lo que le permite acceder al crédito a un costo relativamente bajo frente a otros países de la región.
Al mismo tiempo, el tamaño de su mercado plantea una exigencia particular. Para muchas empresas uruguayas, especialmente las tecnológicas y las que venden servicios a otras compañías, internacionalizarse forma parte de la idea original. Nacen en Uruguay, pero apuntan a vender en América Latina, Europa o Estados Unidos. Su mercado potencial es enorme; el desafío es conseguir que ese mercado las reconozca.
Por eso, el posicionamiento estratégico de marca debería estar en el ADN del plan de negocio desde el primer día. Con demasiada frecuencia, la comunicación aparece cuando hay que anunciar una ronda de inversión, desembarcar en otro país o preparar una venta. Para entonces, se pretende construir en semanas la credibilidad que podría haberse acumulado durante años.
La cuestión adquiere una dimensión especialmente humana en los negocios B2B. Detrás de una contratación hay personas que evalúan capacidades, riesgos y confianza. Y detrás de una empresa hay fundadores, ejecutivos y directores cuya trayectoria y criterio pueden ayudar a reducir esa incertidumbre.
Un informe de Edelman y Linkedin en 2024, basado en una encuesta a 3.484 ejecutivos de siete países, encontró que el 73% de los tomadores de decisión considera que los contenidos de liderazgo de opinión de una organización ofrecen una base más confiable para evaluar sus capacidades que sus materiales de marketing y fichas de producto. Explicar cómo se entiende un problema puede resultar más convincente que enumerar las virtudes de una solución.
En el terreno de la inversión, la relevancia de las personas también está documentada. La investigación académica How Do Venture Capitalists Make Decisions?, publicada en el Journal of Financial Economics en 2020, encontró que los inversores de capital de riesgo asignan, en promedio, mayor importancia al equipo directivo que a características del negocio como el producto o la tecnología. Esto no demuestra que la exposición pública consiga inversiones; sí refuerza la importancia de poder evaluar a quienes conducen una compañía.
De ahí que cuidar la marca personal del equipo ejecutivo sea una responsabilidad empresarial. Un CEO que puede explicar hacia dónde va su industria, una fundadora que comparte aprendizajes relevantes o un director capaz de aportar una perspectiva propia contribuyen a hacer comprensible la propuesta de la organización. Esa presencia necesita estar alineada con sus objetivos, respaldada por experiencia y sostenida en el tiempo.
También necesita validación. Una entrevista periodística en un medio prestigioso, una invitación a un encuentro sectorial o la recomendación de un referente aportan una mirada externa. LinkedIn permite desarrollar una voz propia y sostener conversaciones con públicos relevantes. Cada espacio cumple una función diferente: publicar en un canal propio no equivale a que un tercero reconozca nuestra experiencia. Una estrategia sólida entiende esas diferencias y las articula.
Ahora bien, visibilidad estratégica no significa exposición permanente. Muchas veces, el posicionamiento tiene que ser quirúrgico: la persona adecuada, con el mensaje adecuado, en el lugar y el momento adecuados. Para una empresa que busca vender tecnología a instituciones financieras, participar en una conversación especializada puede tener más valor que alcanzar a cientos de miles de personas sin relación con su negocio.
Construir reputación, credibilidad y prestigio puede favorecer una expansión, acompañar una ronda de inversión o contribuir al valor percibido de una empresa ante una eventual adquisición. Son activos que requieren sustento. El conocido "ser y parecer" exige coherencia: hacer bien las cosas y ofrecer evidencia para que otros puedan reconocerlo. La distancia entre lo que se promete y lo que se cumple termina convirtiéndose en un riesgo.
Por eso, comunicar forma parte del trabajo del CEO y del directorio. Merece tiempo, preparación y seguimiento, como otras responsabilidades centrales de la gestión. Explicar una visión, hacer visible una capacidad y construir confianza son tareas que inciden en la posibilidad de hacer negocios.
Uruguay ofrece una plataforma de credibilidad para salir al mundo. A cada empresa le corresponde construir sobre ella una reputación propia. Porque cuando un negocio nace con ambición internacional, su marca y la voz de quienes lo lideran también necesitan cruzar fronteras desde el primer día.