Una obra del pintor barroco italiano Giuseppe Ghislandi, robada por el régimen nazi en 1940, apareció en Argentina tras haber estado desaparecida por más de 80 años. La pintura, titulada "Retrato de una dama (Contessa Colleoni)", formó parte de la colección del comerciante de arte judío Jacques Goudstikker, quien murió mientras huía de los nazis al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
La pista surgió a partir de una investigación del diario AD de Países Bajos. Periodistas de ese medio rastreaban obras de arte robadas por los nazis que figuran en la base de datos de la Fundación Alemana de Arte Perdido. Allí detectaron que la pintura había estado vinculada a Friedrich Kadgien, un oficial de las SS que escapó a Suiza en 1945 y más tarde se radicó en Argentina.
Durante años, el periódico intentó contactar sin éxito a las hijas de Kadgien, actuales dueñas de una propiedad en el país. El hallazgo inesperado ocurrió cuando uno de los reporteros, Cyril Rosman, encontró publicada la casa en venta a través de la inmobiliaria Robles Casas & Campos. Al entrar al anuncio online, vio el cuadro colgado sobre un sofá, en una de las fotos del living.
Según el mismo medio, la pintura sigue en ese lugar. Una de las hijas del exmilitar fue consultada por el diario y respondió: "No sé qué información quiere de mí y tampoco sé de qué pintura está hablando".
La única heredera de Goudstikker, su nuera Marei von Saher, intenta recuperar las obras que formaron parte de esa colección familiar. Tiene 81 años y declaró por medio de su abogado que planea reclamar la pieza: "El objetivo de mi familia es encontrar cada obra de arte robada de la colección Goudstikker y restaurar el legado de Jacques".
Aunque Sotheby's y Christie's no estimaron el valor de la obra por no estar consignada, otras pinturas de Ghislandi se ofrecieron en subastas por cifras de hasta US$ 500.000. Algunas integran colecciones como la del Rijksmuseum de Ámsterdam.
Antecedentes
Durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas nazis saquearon colecciones de arte y tesoros culturales en toda Europa, especialmente de familias judías enviadas a campos de concentración. Ya desde principios de los años treinta, el régimen obligaba a comerciantes judíos a vender sus obras antes de escapar.
En 1940 se creó el Einsatzstab Reichsleiters Rosenberg (ERR), un grupo oficial encargado de confiscar arte. Sus blancos principales fueron galerías y colecciones privadas judías, pero también vaciaban casas abandonadas. Se estima que robaron unas 650.000 piezas, según datos de ESBCO.
En 1943, los Aliados formaron la Sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, integrada por curadores y expertos en arte, con el objetivo de proteger el patrimonio cultural. Más tarde, ese grupo -conocido como los Monuments Men- logró recuperar decenas de miles de obras. Sin embargo, todavía hay cientos de miles que siguen desaparecidas, entre ellas Retrato de un joven, de Rafael; El pintor en el camino de Tarascón, de Van Gogh; y El astrónomo, de Vermeer.
Jacques Goudstikker era un reconocido comerciante de arte neerlandés que escapó de los Países Bajos rumbo a Estados Unidos junto a su familia en mayo de 1940, justo después de la invasión nazi.
Murió durante la huida, en un accidente, y dejó atrás unas 1.400 piezas entre pinturas, esculturas, dibujos y antigüedades, según el Museo Judío. Gran parte de su colección fue saqueada por Hermann Göring, mano derecha de Hitler, y superior directo de Friedrich Kadgien, quien ocupaba un cargo alto dentro de las SS. Después de la guerra, aparecieron más de 200 obras que quedaron en poder del Estado neerlandés hasta que la familia logró recuperarlas en 2006.