Qué ver: Animales, Ben Affleck apuesta por el thriller político
Con intenciones de plantear algunos cuestionamientos sobre la construcción de las figuras de algunos políticos, este reciente estreno de Netflix, funciona mejor como thriller de suspenso con varios reveses en su trama. Affleck vuelve a mostrar sus capacidades como director que, a la vez, puede ser protagonista.

Gary Oldman quiso dirigir una película histórica ambientada en India. A pesar de su fama y prestigio, nunca consiguió el dinero para hacerlo. El crédito actoral no se equipara al crédito de director y, por eso, son pocos los que se ponen con éxito (artístico y comercial) a ambos lados de la cámara. Clint Eastwood es un gran ejemplo, así como Daniel Hendler en el Río de la Plata. El caso de Ben Affleck es uno de ellos y su más reciente película en ambos roles, actor y director, es Animales, estrenada en Netflix. 

Affleck se estrenó como director con Gone, baby, gone, y se reveló como alguien talentoso y con pulso para armar un thriller con drama y suspenso. Se consagró del todo con Argo, Mejor Película en los Oscar, con la que dejaba al espectador al borde del asiento como el buen cine clásico de suspenso. Animales tiene un poco de ambas, aunque apunta a otros objetivos que intentan ser políticos. 

Por encima de todo, este es un thriller. A pesar de sus intenciones los comentarios políticos pasan a un segundo plano y también, en menor medida, un drama familiar. Aquí Ben Affleck interpreta a un político llamado Mark Kimball, que se postula a alcalde de Los Angeles con un sueño a largo plazo de llegar a la presidencia. Parece ser un tipo honesto, genuinamente preocupado por la ciudad, su gente y lo que representan para su país. 

Está en plena carrera y por eso la película comienza con mucha intensidad mientras él hace su campaña y lanza un discurso aparentemente muy comprometido. A los pocos minutos sabemos que no es oro todo lo que reluce y que en sus finanzas hay algunos problemas de los que su familia no está demasiado al tanto. 

La cosa cambia cuando una llamada anónima le anuncia que su hijo fue secuestrado y le piden una suma gigantesca para salvarlo. Esto, que sucede de noche en su casa, pone a él y a su esposa de cabeza, explotando por la presión. Al rato interviene una experta en negociaciones, interpretada por la gran Gillian Anderson, porque ellos prefieren no alertar a la policía. 

La historia tiene luego varios reveses y el guion, que originalmente estaba planificado para Matt Damon (quien le dejó el lugar a su amigo Affleck por la exigencia del rodaje de La odisea), tira unas cuantas notas sobre la política, lo que se dice y lo que se cree. Los personajes se debaten entre qué tanto decir al público y cómo, ya que en cuestión de horas el protagonista deberá dar un importante discurso. 

Hay quien la ha comparado con otras dos grandes obras del cine. Una es High and low, un policial de Akira Kurosawa (con remake de Spike Lee del año pasado). Y la otra es The man who shot Liberty Valance, o Un tiro en la noche, con John Wayne. El argumento de la de Kurosawa tiene unas cuantas similitudes al de Animales, por un lado. Y, por otro, Un tiro en la noche incluye una célebre frase: "Cuando la leyenda se convierte en hecho, impriman la leyenda". En esa película, un alcalde construía su carrera política sobre un mérito legendario que no le corresponde. 

En Animales hay bastante de eso en medio de las persecuciones y la tensión por el secuestro. El asistente del personaje de Affleck le dice "Está la verdad y el relato. Lo ideal es que coincidan, pero cuando no es así, el relato tiene prioridad". Un poco después, Affleck dice una frase digna de un político: "La decencia es lo que nos distingue de los animales". Ante eso, Gillian Anderson le responde "Los relatos son lo que nos distingue de los animales".

¿Qué tan animal es alguien que amenaza con hacer atrocidades a un niño para presionar a un político? ¿Qué tan decente es un político que juega a conciencia con el relato público y, por lo tanto, con la posible leyenda que se podría gestar a partir de la pesadilla que vive? 

El guion dispara esas preguntas que le dan algo más de densidad a la cosa. El tema es que este thriller político abunda en tensión y eso impide profundizar de verdad en esas cuestiones. Es, probablemente, la película más floja de las dirigidas por Affleck, pero aun así es recomendable y lo mantiene como un director cuya filmografía vale la pena atender y siempre es efectiva.