Caterina Abanoni cumplirá 32 años en noviembre, pero su trayectoria emprendedora y empresarial parece el de una persona mucho mayor. Aunque nació en Uruguay, está instalada en la isla balear Mallorca (España) desde 2018 y hace cuatro años fundó su propia academia.
El objetivo, es enseñar a quienes se interesan por los datos sobre procesamiento y big data. Actualmente, además, lanza un programa que también se especializa en inteligencia artificial (IA) y que buscará seguir conquistando los mercados hispanoparlantes.
Desde que empezó a operar en mayo de 2022, Unicorn Academy acumula una facturación de más de 2,4 millones de euros, según datos de la empresa.
Además, por sus aulas virtuales pasaron 2.700 alumnos, concentrados principalmente en Argentina, que aporta cerca del 40%, y España, con alrededor del 25%. Todo eso lo construyó con fondos propios y reinversión, sin inversores externos, a partir de una audiencia que empezó a formar en redes sociales cuando casi nadie hablaba de análisis de datos en español.
De una carrera tradicional a una innovadora
Abanoni se formó como contadora en la Facultad de Economía y desde el primer año de la carrera trabajó en áreas contables, de riesgos y de pagos, en firmas como CPA Ferrer y Trafigura. La idea de emigrar la acompañaba desde chica, porque entre los seis y los diez años vivió con su familia en Estados Unidos, y tenía familia en España.
En febrero de 2018 llegó a Mallorca con su novio para abrir un restaurante junto a sus tíos, que tenían un café en Burgos y querían expandirse. El proyecto duró ocho meses y no fue exitoso, pero Abanoni se quedó con los aprendizajes. Entonces volvió a un puesto contable en el sector turístico de la isla, mientras consumía podcasts y contenidos en inglés sobre negocios digitales que, en ese momento, todavía parecían lejanos.
Sin embargo, el cambio ya estaba instalado en su mente y fue con un anuncio de Facebook sobre big data y una charla con perfiles técnicos, mayormente ingenieros, donde descubrió la que hoy es su carrera. Se anotó en un máster online y empezó a leer sobre el tema.
LinkedIn se convirtió en la plataforma donde compartía lo aprendido y llegó a unos 10.000 contactos. Uno de ellos, que se convertiría en su jefe, la invitó a una entrevista para un puesto junior en datos. "Yo le dije que solo sabía Excel avanzado", cuenta a Forbes Uruguay, pero la contrataron igual, por actitud, con un sueldo algo menor al que tenía en contabilidad, y así consiguió su primer puesto en datos antes de empezar el máster.
Durante la pandemia volvió a probar ideas. Intentó implementar menús digitales con código QR en restaurantes de Uruguay junto a un amigo y vendió productos en Amazon desde un depósito en Inglaterra, aunque ninguno de esos proyectos prosperó. Lo que sí creció fue su marca personal en redes sociales.
En 2021 se centró en su Instagram, justo cuando la plataforma lanzaba reels, y en un año sumó unos 100.000 seguidores de forma orgánica creando contenido sobre análisis de datos. "No había nadie hablando de eso", explica y de la mano de su crecimiento llegó la oportunidad de dar clases.
En marzo de 2022 resolvió dejar su empleo y en mayo lanzó su propio curso. Con una web armada en herramientas low-code y una pasarela de pagos, salió a buscar 30 alumnos por historias de Instagram. El primer día nadie compró: "Ya estaba llorando, preguntándome por qué me había metido en esto", dice.
Sin embargo era cuestión de esperar y en esa primera edición terminó con 46 inscriptos a unos US$ 200 cada uno. La segunda tuvo 90 y en noviembre, ya con una agencia de marketing, webinars y el precio en US$ 600, llegó a 120. Desde entonces fue todo crecimiento.
Mujeres redefiniéndose y el desafío de la IA
El 65% de los alumnos de la academia son mujeres y Abanoni quiere que esa proporción siga creciendo. Muchas llegan, como llegó ella, desde carreras tradicionales y con experiencia previa, porque el programa apunta a perfiles con trayectoria más que a recién graduados.
Su interés por el tema viene de su propio recorrido. En sus trabajos en datos y tecnología estaba rodeada de hombres y, cuando empezó a emprender, no encontraba mujeres al frente de academias del sector.
"Siento que como mujeres tenemos un valor importante para aportar", afirma. Hoy su equipo está integrado en un 90% por personas de ese género. "Me gustaría empezar a hablar desde ahí, desde potenciar el talento femenino en el sector digital, en datos y en emprendimiento", dice.
Lo que viene
En cuatro años, Unicorn Academy tuvo un único programa de ocho meses, con tres o cuatro ediciones por año, pero ninguna fue igual a la anterior. Cada grupo trae cambios en el temario, los proyectos o el equipo docente, sobre todo desde la irrupción de la inteligencia artificial.
"No es que hacés un producto y lo vendés mil veces. Es invertir constantemente en regrabar y recrear materiales", señala. La IA está integrada a la formación, pero Abanoni insiste en los fundamentos. "Muchos te dicen para qué voy a aprender esto si ya me lo hace la IA. Hay que entender el proceso para después potenciarlo, no para sustituirlo, porque si no hay cero pensamiento crítico", advierte.
En noviembre la academia lanzará una nueva edición del programa de analista de datos con más peso de automatizaciones e IA y probará una formación centrada exclusivamente en inteligencia artificial, con foco en agentes y automatización de procesos, pensada para exalumnos que la vienen pidiendo y para el mercado en general.
También evalúa sumar formaciones vinculadas a finanzas y organizar eventos presenciales de tecnología y datos en Argentina, Uruguay y España. Sobre su propio futuro, Abanoni dice estar en una etapa exploratoria, después de cuatro años en lo que describe como modo supervivencia. Lo que tiene claro es el rumbo. "Me encanta el emprendimiento. Crear y construir cosas", concluye.