Científicos innovadores: del conocimiento al impacto
Los grandes polos de innovación biotecnológica del mundo florecen alrededor de universidades y centros de investigación de excelencia.

Dra. Lorena Betancor Betancor Catedrática del área de Biotecnología de la Universidad ORT Uruguay

No siempre resulta fácil imaginar adónde puede llevarnos la curiosidad científica. El Premio Nobel de Medicina 2026 lo demuestra: el estudio de cómo ciertas algas unicelulares responden a la luz permitió identificar proteínas que hoy son la base de la optogenética, una herramienta que permite estudiar el funcionamiento de las neuronas mediante luz y cuyo potencial clínico ya se está explorando para recuperar la visión en personas con discapacidad visual. Una muestra de cómo la ciencia fundamental puede dar lugar a innovaciones transformadoras

No en vano, los grandes polos de innovación biotecnológica del mundo florecen alrededor de universidades y centros de investigación de excelencia. Desde Boston y San Francisco hasta Basilea, Singapur o el Triángulo de Oro británico, las grandes farmacéuticas y empresas biotecnológicas buscan activamente la proximidad con la academia para acceder al conocimiento científico más reciente y al talento especializado. Pero esta relación es bidireccional: el intercambio también nutre el espíritu innovador de científicos que se atreven a emprender, dando origen a las llamadas spin-offs, empresas que nacen para desarrollar y comercializar tecnologías surgidas de la investigación académica.

Los científicos tienen mucho que aportar a la innovación. Su conocimiento profundo de los fundamentos de una tecnología les permite identificar nuevas aplicaciones y defender su potencial con solidez. A ello se suman la capacidad de cuestionar lo establecido, resolver problemas complejos y desenvolverse en la incertidumbre. La participación de los investigadores en el desarrollo de sus descubrimientos puede ampliar las oportunidades de que estos lleguen a la sociedad. De hecho, estudios recientes destacan el papel de la pasión por la ciencia en la construcción de una identidad emprendedora y muestran que la actividad científica y la emprendedora no solo pueden coexistir, sino también enriquecerse mutuamente.

Pero para innovar, la complementariedad de perfiles profesionales es esencial. El caldo primordial de la innovación se nutre precisamente de la interacción entre conocimientos y experiencias diversas. No se trata de sustituir unos perfiles por otros, sino de sumar capacidades. 

Por eso, necesitamos seguir formando excelentes científicos y especialistas en las disciplinas involucradas en nuevas tecnologías, pero también ofrecer a los investigadores oportunidades para adquirir competencias emprendedoras. A ello se suma la importancia de formar profesionales que, desde el inicio, combinen conocimientos científicos, tecnológicos y empresariales.  Un buen ejemplo de este perfil son los graduados de Ingeniería en Biotecnología de la Universidad ORT Uruguay.

Nada de esto sería posible sin proteger con uñas y dientes la investigación fundamental, ya que ella es, como su nombre indica, el fundamento sobre el que se construyen las innovaciones biotecnológicas. Su valor no puede medirse exclusivamente por sus aplicaciones inmediatas ni por su potencial comercial. Necesitamos sostener la investigación impulsada por la curiosidad, incluso cuando desconocemos adónde nos llevará, y al mismo tiempo crear las condiciones para reconocer y aprovechar las oportunidades que surgen de ella. La investigación fundamental y la innovación deben avanzar juntas. Descuidar cualquiera de ellas es limitar nuestra capacidad de transformar el conocimiento en soluciones para la sociedad.

Uruguay tiene una larga tradición de formación científica de calidad y una comunidad de investigadores que genera conocimiento y desarrolla tecnologías con potencial innovador. Nuestra escala es pequeña, pero desde Uruguay podemos generar innovación con impacto global y capitalizar las conexiones de una diáspora científica que multiplica nuestras oportunidades. Debemos reconocer y fortalecer cada eslabón de la cadena que transforma el conocimiento en soluciones capaces de mejorar la vida de las personas, especialmente de las más vulnerables.