Virginia Suárez Cofundadora de Capibara Holding
El poder tiene mala fama. Durante siglos estuvo asociado al control, al dominio y a la acumulación de privilegios. Sin embargo, existe una forma radicalmente distinta de entenderlo: no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta al servicio de un propósito superior.
Esta resignificación del poder es, hoy más que nunca, una necesidad urgente en el mundo del liderazgo.
POWER FOR GOOD: UNA NUEVA CATEGORÍA
Redefinir el poder no implica negarlo ni ignorarlo. Significa reconocer que quienes lo detentan tienen la capacidad de transformar realidades y que esa capacidad conlleva una responsabilidad ineludible. El concepto de “Power for Good” propone precisamente esto: gestionar el poder como una palanca de cambio positivo, complementaria —y no opuesta— a la actividad cotidiana de quienes lideran organizaciones, equipos e instituciones. Esta categoría se diferencia de otras como liderazgo, empoderamiento o efectividad.
Su métrica fundamental no es el éxito medido en cifras, sino el impacto: la capacidad de cambiar las cosas. Quien tiene poder tiene, en consecuencia, el deber de ejercerlo con consciencia y orientación hacia el bien común.
EL MAYOR OBSTÁCULO ESTÁ ADENTRO
Los líderes de hoy enfrentan presiones externas enormes: riesgos elevados, competencia feroz, entornos volátiles. Sin embargo, el obstáculo más profundo no proviene del entorno. Proviene de uno mismo. El miedo al fracaso, al ridículo, a ir en contra de sistemas que privilegian el ego sobre el propósito: estos son los verdaderos frenos del liderazgo transformador.
A menudo, los líderes no tienen plena consciencia del impacto que generan ni del potencial de cambio que poseen. Esta falta de autoconocimiento limita su capacidad de liderar con propósito. La resignificación del poder comienza, entonces, por una mirada hacia adentro. Comprender quién se es, qué se valora y hacia dónde se quiere ir.
METÁFORAS PARA UN PODER CON PROPÓSITO
El poder adquiere su valor más negativo cuando se lo busca por sí mismo. Por eso, resignificarlo requiere también un cambio de las metáforas con las que lo nombramos y lo pensamos. Algunas imágenes que orientan esta transformación: El poder es una herramienta, su valor depende de para qué y para quién se usa.
El poder es una palanca, amplifica la capacidad de producir cambios que, solos, serían imposibles. El poder es el motor que mueve el tren de la transformación. Sin él, el tren no sale de la estación. El poder viene con la responsabilidad de ejercerlo. Estas metáforas no son decorativas. Enmarcan cognitivamente la relación con el poder y ayudan a orientarlo hacia un propósito superior, manteniéndolo coherente con los valores de quien lo ejerce.
DEL YO AL NOSOTROS: LA VISIÓN DEL LEGADO
El liderazgo con propósito no termina en los logros personales. Su horizonte último es el legado, la huella que permanece cuando el poder ya no está. Y ese legado solo se construye cuando la narrativa del liderazgo amplía su radio, pasando del “yo” al “nosotros”.
Los líderes que ejercen el poder con propósito no solo transforman sus organizaciones: crean sistemas que se perpetúan y sostienen a las generaciones que vienen. Construyen entornos más inclusivos, más conscientes, regenerativos, equitativos y más humanos. Su impacto trasciende lo personal y se convierte en arquitectura del cambio.
UN MOMENTO QUE LO EXIGE
Vivimos un momento histórico que demanda un tono positivo del cambio. No basta con diagnosticar los problemas del mundo. Es necesario que quienes tienen la capacidad de actuar —de ejecutar cambios, mover recursos, influir en decisiones— asuman ese poder como una responsabilidad y lo pongan al servicio de algo más grande que ellos mismos.
Resignificar el poder no es un ejercicio retórico. Es un acto de consciencia, de valentía y de compromiso. Es decidir que el poder que uno tiene —sea mucho o poco— no estará al servicio del ego, sino del cambio que el mundo necesita. Y eso, en última instancia, es lo que separa a quien simplemente tiene poder de quien verdaderamente lidera con su poder.
*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de Junio de 2026. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.