Solidaridad o egoísmo
Entre el valor de lo colectivo y la necesidad de liderazgos fuertes, Nelson Fernández Salvidio reivindica el egoísmo racional como motor de superación individual, innovación y progreso. Una reflexión sobre los dirigentes que Uruguay necesita para impulsar reformas y conducir con brillo propio.

Nelson Fernández Salvidio Periodista, docente y escritor

El progreso se da con empuje grupal, sumando fuerzas, pero con el brillo de individualidades que destacan por encima del promedio, marcan destino y abren camino. Aunque eso se comprenda correctamente, con cierta generalidad el valor que se jerarquiza es el de lo colectivo. 

Eso se da en la política, en el ámbito social, en lo empresarial y también en el deporte, aunque ahí sí el deslumbramiento con figuras hace que las miradas valoren mucho lo individual. De alguna forma, y en Uruguay es notorio, las personas crecen bajo un consejo que más que sugerencia parece una orden

Por un lado, se trata de ser solidario y, al mismo tiempo, se transmite que el egoísmo es algo negativo. 

¿Qué es lo mejor: ser solidario o ser egoísta? 

La política precisa partidos fuertes, con estructura organizada, con grupos de activistas que dejen todo, brazo con brazo, y con equipos de técnicos que vuelquen pienso, cooperen en el diseño de un plan, intercambien ideas y confluyan en medidas para aplicar. Pero un partido no es nada si no tiene líderes deslumbrantes y, para que esos se formen, los dirigentes más capaces tendrán que pensar en sí mismos para que sus virtudes broten. 

El líder tiene que pensar en el país, en su partido y también en su desarrollo; proponérselo y trabajar para destacarse y ser el mejor (o estar entre los mejores). Si piensa solo en el colectivo pero no repara en sí mismo, no será igual. 

En el deporte cuando se trata de juego de equipos, todos deben seguir una estrategia como hacen los músicos de orquesta con una partitura, pero habrá uno que deba descollar. Para eso, habrá trabajado entrenando para sí mismo (como el futbolista que cuando termina la práctica se queda una hora pateando al arco). 

En una compañía es importante que sus miembros colaboren con el objetivo central y vuelquen esfuerzo y talentos de forma colectiva. Sin embargo, la empresa empujará más para adelante si hay trabajadores que se esmeran más allá de lo correcto, para crecer y progresar. 

Al pensar en ellos, tirarán del colectivo hacia una mejora general, pero lo harán por un esfuerzo individual. La filósofa rusa Ayn Rand (1905-1982) publicó en 1962 el libro "La virtud del egoísmo". El texto sostiene que el egoísmo racional es una virtud, no un defecto, y que cada persona debe vivir para sí misma, guiando su vida por la razón y persiguiendo su propia felicidad como el objetivo moral más alto. 

La etimología de "egoísmo" muestra la raíz latín de "ego" que es "yo" y el sufijo "ismo", como "tendencia a...", que significa la inclinación a sí mismo. En el caso de "solidaridad", la palabra viene del latín "sol" y "solidus", que luego pasó al francés con el agregado de "dad" que es cualidad. En el origen del derecho romano significaba que varios deudores respondían en conjunto por una deuda total; es decir, cada uno respondía por el todo. 

El planteo de Rand es corajudo porque va contra una consideración extendida de lo solidario como bueno y lo egoísta como malo, aunque la historia muestra que empresas, equipos, partidos, movimientos, pudieron moverse muy bien, si actuaron codo con codo, pero con individualidades que se propusieron ser mejores. 

Uruguay requiere reformas corajudas, una adecuación inteligente de su estructura y un empuje firme, para lo que precisa líderes políticos que se esmeren en formarse, perfeccionarse y competir para ser los mejores; trabajando en equipo, valorando el esfuerzo colectivo, pero liderando. 

Los partidos deben ser colectividades sólidas y no movimiento en torno a una persona, pero requieren líderes con brillo propio. Está en los dirigentes, guiarse por un egoísmo racional para crecer y liderar.