Facundo Danza Docente e investigador de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de ORT.
La ONU define al desarrollo sostenible como “la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Uruguay no ha logrado aún satisfacer plenamente las necesidades de la generación presente.[1]
Según datos del Banco Central del Uruguay (BCU), la economía uruguaya creció un 1,8 % en 2025. Para satisfacer las necesidades de la generación presente, Uruguay necesita crecer a una tasa considerablemente mayor.
En ese desafío, el sector agroindustrial ocupa un lugar central. Entre 2019 y 2022, por ejemplo, Uruguay XXI estima que dicho sector representó entre el 14 % y el 16 % del Producto Bruto Interno.[2] Un mayor dinamismo del agro tendría un efecto significativo sobre el crecimiento de la economía en su conjunto.
Una de las principales herramientas para impulsar ese dinamismo es la expansión del riego. En 2023, CERES estimó que una expansión progresiva del riego podría aportar un crecimiento adicional a la economía uruguaya del 3 % para 2030.[3] Además, una expansión del riego permitirá estabilizar la producción agropecuaria y volver a Uruguay más resiliente a la variabilidad y al cambio climático.
Sin embargo, expandir el riego también plantea desafíos importantes para la sostenibilidad. En mi trabajo como investigador de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad ORT Uruguay, estudio precisamente cómo maximizar los beneficios económicos del uso del agua sin comprometer su disponibilidad futura. Para ello, combino modelos agronómicos, económicos e hidrológicos.
En uno de mis trabajos analizo qué políticas podrían implementarse para maximizar los beneficios del riego en el acuífero de Ogallala, en Estados Unidos, una de las reservas de agua subterránea más importantes del mundo. Allí encuentro que el riego genera beneficios muy relevantes para los productores rurales: aumenta el rendimiento esperado de los cultivos y reduce la variabilidad de sus ingresos. Sin embargo, también encuentro que, sin los incentivos adecuados, el uso excesivo del agua puede perjudicar tanto a productores rurales actuales, mediante un aumento de los costos para acceder al recurso, como a las futuras generaciones de productores, debido a una menor disponibilidad hídrica y una mayor vulnerabilidad a la variabilidad climática.
Con su transición energética, Uruguay ya demostró que es capaz de transformar sectores productivos de manera sostenible, incorporando consideraciones ambientales y climáticas en su estrategia de desarrollo.
Una expansión responsable del riego podría convertirse en otro ejemplo de cómo crecimiento económico y sostenibilidad no deben estar enfrentados. Para avanzar en esa dirección, la colaboración público-privada y el trabajo interdisciplinario serán fundamentales. Para Uruguay, crecer de forma sostenible no es solamente una aspiración ambiental, es también una necesidad económica.
[1] La idea de utilizar esta definición como punto de partida está inspirada en el libro El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie.
[2] “Informe Agrícola” Uruguay XXI, 2024.
[3] “Riego y Productividad: Potenciales beneficios de la expansión del riego en Uruguay”. CERES, 2023.