El plan de US$ 1.000 millones de esta premio Nobel para revolucionar la edición genética
La reconocida investigadora Jennifer Doudna acelera fondos, crea compañías y empuja cambios regulatorios para que esta tecnología deje de ser una rareza de laboratorio y se convierta en tratamiento accesible para miles de personas.

Poco después de que KJ Muldoon naciera en agosto de 2024, estaba letárgico y no comía. Sus médicos, preocupados por el cuadro, advirtieron que los niveles de amoníaco eran alarmantemente altos. Estudios posteriores confirmaron que el bebé tenía un trastorno metabólico poco común, un diagnóstico que muchas veces equivale a una sentencia de muerte.

Ante ese escenario, un equipo de investigadores del Innovative Genomics Institute, dirigido por Jennifer Doudna, pionera en la técnica Crispr, trabajó junto con médicos del Children's Hospital of Philadelphia y de Penn Medicine para desarrollar un tratamiento a medida. El objetivo fue reparar el ADN del bebé mediante edición genética basada en Crispr. En apenas seis meses, el equipo diseñó la terapia, obtuvo la aprobación de la FDA con rapidez y produjo el tratamiento. KJ recibió la primera infusión el 25 de febrero de 2025 y hoy tiene un año y medio. @@FIGURE@@

Fue, quizás, el hito más significativo hasta ahora para el campo todavía incipiente de la edición genética, que Jennifer Doudna ayudó a desarrollar hace más de una década. Sin embargo, incluso ella se sorprendió por la velocidad con la que el equipo de médicos y científicos creó el tratamiento que le salvó la vida al bebé.

"Estoy atónita", declaró Doudna, de 61 años, a Forbes. "Conozco bien la tecnología, pero aun así estoy atónita", agregó.

Decir que Jennifer Doudna domina la tecnología resulta insuficiente. Su investigación sentó las bases científicas de la edición genética al utilizar Crispr como tijeras moleculares programables capaces de cortar y segmentar el código genético. Junto con su colaboradora, la bioquímica francesa Emmanuelle Charpentier, ganó el Premio Nobel de Química en 2020 por ese trabajo. Su laboratorio en la Universidad de California, Berkeley se convirtió en un punto de referencia para estudiantes que impulsan empresas vinculadas con Crispr. En 2015, además, fundó el Innovative Genomics Institute (IGI), una iniciativa conjunta entre la Universidad de California, Berkeley; la University of California, San Francisco y la University of California, Davis. El objetivo fue aplicar Crispr en el ámbito de la salud, la agricultura e incluso el clima. El instituto recibió gran parte de su financiamiento de filántropos como la Li Ka Shing Foundation y la Chan Zuckerberg Initiative. En la actualidad, maneja un presupuesto anual cercano a los US$ 40 millones.

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Hasta el momento, Jennifer Doudna y el Innovative Genomics Institute participaron en la creación de 31 empresas, con una valuación cercana a los US$ 9000 millones y más de 2500 empleados. En siete de esas compañías, ella figura como cofundadora. Por ese recorrido, Forbes la incluyó en su lista de los 250 Mayores Innovadores de Estados Unidos.

Jennifer está tranquila y concentrada en todo momento, y luego, cuando es el momento adecuado, la Navy Seal Jennifer sale y dice: 'Amigos, esta es la misión y este es el motivo por el que es la correcta y así es como vamos a hacerla'”, afirmó Fyodor Urnov, profesor de terapia molecular de la Universidad de California, Berkeley y director de I+D terapéutica del IGI.

Hasta ahora, llevar Crispr al mercado resultó mucho más complejo de lo previsto. Las compañías que desarrollan esta tecnología enfrentaron tropiezos científicos, despidos y fuertes caídas en sus acciones. La primera startup que surgió del laboratorio de Jennifer Doudna, Caribou Biosciences, nació en 2011 y salió a bolsa una década más tarde en medio de grandes expectativas. Sin embargo, sus acciones retrocedieron un 91% desde entonces y la empresa quedó con una capitalización bursátil cercana a los US$ 150 millones. También atravesó dificultades Editas Medicine, donde Doudna figura como una de las fundadoras científicas. La compañía despidió al 65% de su personal y en diciembre de 2024 suspendió su principal programa de edición genética para tratar la anemia de células falciformes. A eso se sumó uno de los casos más resonantes: Tome Biosciences, una empresa derivada del Massachusetts Institute of Technology, despidió a casi todo su equipo en 2024 y dejó de operar después de recaudar más de US$ 200 millones. @@FIGURE@@

Parte del problema tuvo que ver con el costo que dejó la ola de entusiasmo alrededor de Crispr. "Crispr fue la IA de 2018", afirmó Janice Chen, cofundadora y directora científica de Mammoth Biosciences. La compañía nació en 2017 a partir del laboratorio de Jennifer Doudna, donde Chen se formó. "Jennifer nos advirtió sobre el ciclo de la publicidad exagerada", agregó. “Hay enormes expectativas. Luego, tarda más y cuesta más dinero”, completó.

Los números reflejaron esa montaña rusa. La financiación de riesgo para empresas estadounidenses de edición genética creció de manera sostenida: pasó de US$ 2400 millones en 2016 a un pico de US$ 12.200 millones en 2021, según datos de PitchBook. El año pasado, la inversión en el sector retrocedió a US$ 5200 millones, de acuerdo con la misma base de datos.

También existió una disputa de patentes que se extendió durante años por los primeros descubrimientos vinculados a Crispr. El conflicto enfrentó a la Universidad de California con el Broad Institute, cuyos científicos publicaron trabajos sobre la tecnología casi al mismo tiempo que Jennifer Doudna. Según señaló la propia Doudna, esa disputa, que todavía no se resolvió por completo, no tiene impacto en el trabajo que lleva adelante en la actualidad. @@FIGURE@@

Sin embargo, el caso del bebé KJ dejó en claro que el potencial de esta tecnología para transformar la vida de las personas sigue intacto. A fines de 2023, la FDA aprobó la primera terapia basada en Crispr para tratar la anemia de células falciformes. El tratamiento surgió de una alianza entre Vertex Pharmaceuticals y CRISPR Therapeutics, cofundada por Emmanuelle Charpentier, y salió al mercado con un precio de lista de US$ 2,2 millones por paciente. Las grandes farmacéuticas también empezaron a mover sus fichas. El verano pasado, Eli Lilly adquirió Verve Therapeutics, enfocada en medicamentos de edición genética para enfermedades cardiovasculares, por US$ 1300 millones. Si bien ninguna de las compañías del ecosistema de Jennifer Doudna logró todavía que un fármaco propio obtuviera la aprobación de la FDA y llegara al mercado, Mammoth Biosciences firmó en 2024 un acuerdo con el gigante biotecnológico Regeneron Pharmaceuticals. El convenio incluyó un pago inicial de US$ 100 millones, con una inversión en acciones, y fijó la última valuación de Mammoth en US$ 1400 millones.

El próximo paso de Jennifer Doudna apunta a que el potencial de Crispr se traduzca en resultados concretos. "No quiero que sea una curiosidad, un tema de interés académico que quizá afecte a unas pocas personas en el planeta, pero que en su mayoría no tenga relación con el mundo real", sostuvo.

El Innovative Genomics Institute ocupa un lugar central en esa estrategia. Doudna proyecta reunir US$ 1000 millones para el instituto, una cifra que permitiría sostener un presupuesto anual de US$ 100 millones durante los próximos 10 años y formar a una nueva generación de científicos. Con ese respaldo, aspira a ampliar el uso de la edición genética personalizada como tratamiento, desarrollar terapias para enfermedades frecuentes como el cáncer y explorar usos en la agricultura y el medio ambiente, con costos accesibles. @@FIGURE@@

“Mi mayor preocupación ética es, de hecho, el acceso y la desigualdad”, afirmó. “Realmente queremos asegurarnos de que el trabajo que realizamos beneficie a todos, no solo a unos pocos ricos”, dijo.

Jennifer Doudna, quien creció en Hawái, descubrió que quería ser científica cuando cursaba sexto grado. La decisión llegó después de leer el libro de James Watson sobre el hallazgo de la estructura de doble hélice del ADN, un descubrimiento que realizó junto con Francis Crick. Más tarde, tras obtener su doctorado en Universidad de Harvard, se destacó como investigadora del ARN. En 2002 se incorporó a la Universidad de California, Berkeley.

Esa línea de trabajo la llevó a Crispr. Incluso antes de publicar su artículo pionero en 2012, su alumna Rachel Haurwitz lanzó Caribou Biosciences con la intención de convertir las nuevas herramientas de edición genética en tratamientos médicos. En ese momento, la tecnología era tan incipiente que, cuando se reunieron con inversores en Silicon Valley, casi nadie conocía Crispr y mucho menos estaba dispuesto a financiar el proyecto. "Parecía tan grande y ridículo que la gente no lo creía real", recordó Haurwitz, directora ejecutiva de la compañía. @@FIGURE@@

Otras startups que Jennifer Doudna impulsó junto a exalumnos siguieron el mismo camino, entre ellas Mammoth Biosciences. También apareció Scribe Therapeutics, fundada en 2017, que desarrolla tratamientos basados en Crispr para enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte a nivel mundial y un terreno clave para la edición genética. Más reciente es Azalea Therapeutics, creada en 2023. La firma apunta a rediseñar las células de los pacientes dentro del propio cuerpo, lo que en la jerga científica se conoce como “in vivo”, en lugar de extraerlas, modificarlas fuera del organismo y luego volver a inyectarlas. Ese avance podría tener un impacto relevante en terapias contra el cáncer. La compañía salió a la luz en noviembre pasado con una financiación de US$ 82 millones, liderada por Third Rock Ventures. @@FIGURE@@

Para poner en marcha la empresa, la cofundadora y directora ejecutiva Jenny Hamilton, exinvestigadora del laboratorio de Jennifer Doudna, participó en 2022 en el programa inaugural Mujeres en la Ciencia Emprendedora del Innovative Genomics Institute. La iniciativa contempló un apoyo de US$ 150.000 durante el primer año y la posibilidad de acceder luego a hasta US$ 1 millón en financiamiento inicial por parte de una fundación independiente. Hamilton destacó el respaldo que recibió de Doudna: “Le da a la gente la confianza de que saben más que ella en su área, de que son los expertos y deben asumirlo”.

Ahora, Jennifer Doudna evalúa una nueva iniciativa: crear un fondo de tamaño acotado, con un capital inicial de decenas de millones de dólares, que reúna aportes de capital de riesgo, filantropía y recursos universitarios para invertir en etapas tempranas en empresas de edición genética. Según trascendió, ya mantuvo conversaciones con asesores financieros y considera que el esquema podría resultar clave para proyectos de mayor riesgo, entre ellos los vinculados al sector agrícola. @@FIGURE@@

Al mismo tiempo, busca capitalizar el impacto del tratamiento del bebé KJ. En julio pasado, el Innovative Genomics Institute puso en marcha un nuevo Centro para Curas Pediátricas con Crispr, respaldado con US$ 20 millones aportados por la Chan Zuckerberg Initiative. La meta consiste en desarrollar terapias personalizadas con Crispr para 8 niños con trastornos inmunológicos genéticos graves y enfermedades metabólicas. El director ejecutivo del IGI, Brad Ringeisen, planteó un objetivo todavía más ambicioso: extender este tipo de tratamiento a 1000 enfermedades, incluidos cuadros complejos que afectan el cerebro y los riñones. Para avanzar en esa dirección, estimó que harían falta entre US$ 100 millones y US$ 200 millones.

“El tratamiento del niño en Filadelfia convenció a casi todos”, afirmó Fyodor Urnov, director de I+D terapéutico del Innovative Genomics Institute. “No tenemos excusa para bajar el ritmo”, agregó.

Aun así, la regulación representó un obstáculo de peso. Las enfermedades genéticas presentan una complejidad extrema, ya que casi nunca se manifiestan de la misma forma en todas las personas. Esa variabilidad complica el esquema tradicional de aprobación, porque en teoría cada mutación exigiría ensayos clínicos independientes.

En este contexto, la Food and Drug Administration evalúa un nuevo mecanismo para analizar estas terapias. En noviembre, su comisionado, Marty Makary, y el director médico y científico del organismo, Vinay Prasad, publicaron un artículo en el The New England Journal of Medicine en el que propusieron una vía alternativa para que las farmacéuticas obtengan la aprobación. El planteo abre la puerta a que, tras superar un ensayo clínico de pequeña escala, una compañía pueda adaptar un tratamiento de edición genética a distintas mutaciones de un mismo gen sin repetir todo el proceso desde cero. @@FIGURE@@

Jennifer Doudna y Fyodor Urnov participaron en la creación de Aurora Therapeutics, una nueva empresa que busca ampliar el alcance de la edición genética para tratar enfermedades raras, apoyada en el nuevo esquema regulatorio en debate. La compañía se presentó públicamente en enero con una financiación inicial de US$ 16 millones aportada por Menlo Ventures. "Creo que podemos lograr un éxito comercial", sostuvo Edward Kaye, director ejecutivo de Aurora, quien trabajó durante una década como ejecutivo en Genzyme, la biofarmacéutica que Sanofi adquirió por US$ 20.000 millones en 2011. "La edición genética no alcanzará su potencial si no podemos hacer llegar estos medicamentos a los pacientes que los necesitan", agregó.

Aunque los tratamientos médicos pueden demandar años de desarrollo, pruebas y aprobación, al menos cuentan con una hoja de ruta definida hacia la comercialización. En cambio, algunos programas del Innovative Genomics Institute orientados a enfrentar el cambio climático parecen todavía más disruptivos. Uno de los casos más llamativos es el proyecto para reducir el metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes. La iniciativa propone utilizar Crispr para editar los genes del microbioma de las vacas y así disminuir la cantidad de metano que liberan. El trabajo se apoya en investigaciones de la University of California, Davis y recibe financiamiento por US$ 70 millones de TED Audacious. Actualmente, el IGI prueba la estrategia en 24 terneros. Según explicó Jennifer Doudna, la idea consiste en aplicar un único tratamiento y luego sostener los resultados con ajustes mínimos en la dieta del ganado, de modo que el esquema resulte accesible para los productores. Aun así, el modelo de negocio todavía no está definido.

Todo esto forma parte de una apuesta a largo plazo. Reed Jobs, cuya firma de capital de riesgo Yosemite se enfoca en el cáncer y quien además integra el directorio del Innovative Genomics Institute, comparó el posible impacto de Jennifer Doudna con el de Marie Curie, ganadora del Premio Nobel por sus investigaciones sobre la radiación. "Es imposible que el impacto de Jennifer se produzca en su vida, ni siquiera en la mía", sostuvo.

Doudna tiene claro que su mejor oportunidad de construir ese legado consiste en impulsar, desde ahora, a la próxima generación de científicos y emprendedores. "Lo mejor que puedo hacer para lograr el próximo avance o descubrimiento no es hacerlo sola, sino permitir que otros científicos lo hagan", afirmó.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com