Matías Woloski en Forbes Studio: La vida después de crear y vender un unicornio en US$ 6.400 millones
En una nueva entrega de Líderes Unplugged, Matías Woloski, creador de Auth0, revela la trastienda de la operación que marcó un hito en la industria tecnológica. De acomodar repuestos en la calle Warnes a invertir en startups y buscar un nuevo espacio educativo, el ingeniero que construyó el quinto unicornio argentino analiza el "tsunami supersónico" de la IA y explica por qué la empatía sigue siendo la ventaja competitiva definitiva.

Hay una calma técnica en Matías Woloski que sobrevive incluso al vértigo de haber protagonizado uno de los hitos más grandes de la historia corporativa argentina. En este nuevo episodio de Líderes Unplugged, el cofundador de Auth0 se despoja del traje de "exitoso" para diseccionar su presente: una transición que lo llevó de las líneas de código al pensamiento pedagógico y a la inversión en nuevos proyectos.

Woloski se define, ante todo, como un constructor por naturaleza. Pero su arquitectura no se gestó solo en laboratorios de alta tecnología, sino en el mostrador de un negocio de autopartes en la calle Warnes. Allí, bajo la mirada de su padre, entendió que el negocio no eran las piezas mecánicas, sino la confianza y la resolución de problemas. Recuerda con precisión cómo su padre atendía a cinco personas a la vez en el mostrador y todos se iban contentos porque él entendía exactamente el problema que tenían y les servía un café.  @@FIGURE@@

En la charla, Matías no evita el conflicto y admite que esta tecnología va a destruir tareas y sectores, haciendo que el conocimiento experto se "commodityce" y pierda el valor que tenía. Sin embargo, su mirada mantiene el optimismo del emprendedor. Cree que el nuevo rol humano es la orquestación y la sistematización de problemas. El programador ya no debe centrarse en escribir código, sino en entender los componentes y los flujos de trabajo.

Es el paso del ejecutor al ingeniero de producto, una habilidad que considera vital para los próximos años. Vender una compañía por USD 6.400 millones suena a un evento cinematográfico, pero para Matías fue un proceso etéreo y doméstico. Sucedió en 2021, en plena pandemia. Relata que estaba en su departamento, en su cuarto y cerca de la cama, firmando un documento por Zoom junto a su socio Eugenio Pace. Sin abrazos inmediatos, ya que no pudo ver a su socio hasta un año después. 

La verdadera internalización del éxito llegó a través de la alegría de su equipo: al haber repartido acciones entre todos los empleados, muchos pudieron comprar su primera casa o departamento tras la venta. Ese impacto transformador en la vida de 1.200 personas es lo que hoy le genera el orgullo más profundo.

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Tras el "exit", y movilizado por su paternidad, surgió la semilla de su próximo paso: un espacio educativo y cultural llamado El Portal. Woloski sostiene que la IA puede eficientizar el aprendizaje académico básico —matemática, lengua o ciencias— reduciéndolo a un par de horas diarias con tutores personalizados, dejando el resto del tiempo para habilidades que hoy son déficits: educación financiera, emprendedurismo, artes y, sobre todo, los vínculos sociales. Para él, la escuela actual está obsoleta porque sigue diseñada para problemas del pasado, manteniendo la misma imagen de hace cien años con maestros y pizarrones. 

Su visión busca que los chicos aprendan a aprender y a crear a través de proyectos, fortaleciendo el músculo de la curiosidad. Como inversor, Woloski ahora reconoce patrones de éxito que vivió en carne propia. Busca fundadores con "grit" o perseverancia, como aquel emprendedor que lo contactó n veces por redes y eventos hasta lograr que viera su producto. Entiende esa insistencia porque recuerda cuando su propio inversor le daba apenas un 0.1% de chances de llegar a ser un unicornio. 

Para Matías, la sangre de una startup es la velocidad para poner productos a disposición de la gente y mejorar a partir del feedback. También reflexiona sobre los costos del trabajo remoto, un sistema que él impulsó mucho antes de la pandemia. Advierte que, sin encuentros cara a cara, el sistema general de una compañía sufre, se generan silos y la comunicación se vuelve subjetiva.  @@FIGURE@@

En Auth0, compensaban esto con encuentros masivos donde la "cocina" de la oficina se comprimía en una semana de interacción humana real. Al final de la charla, queda la sensación de que Matías sigue siendo aquel chico de doce años que acomodaba mercadería en estantes, pero ahora sus estantes contienen las ideas que moldearán el futuro de la educación y la tecnología. 

La empatía que aprendió en Warnes se tradujo en una empresa global, y esa misma empatía es la que hoy utiliza para entender qué futuro quiere dejarle a sus hijos. No hay coronitas, solo problemas por sistematizar y soluciones por construir en un mundo donde la IA nos obliga a preguntarnos cuál es nuestro nuevo propósito como humanidad.