Gabriel Mysler
Las noticias sobre Nike sorprenden a algunos y a otros no. Sus acciones cayeron a un 20% de su valor en tan solo 5 años. Muchas razones se esgrimen: algunos afirman que su estrategia D2C fue errada, otros hablan de nuevos competidores como Hoka y On running. La caída de ventas en China reemplazados por marcas locales o la falta de innovación y el exceso de moda Retro, es lo que aseguran como causas del desplome otros analistas.
Pero tan vez, y no menos importante, es el factor vanidad: Nike perdió muchos referentes y embajadores de marca. Yamal, Mbappé, Kane, Woods o Federer son sólo algunos ejemplos. ¿Cuánto pesa la vanidad en nuestras decisiones?
Cuando hablamos de ingresos… ¿cómo se balancean la vanidad y el dinero? ¿Qué otras "monedas" tenemos para atraer y retener talento?
¿Por la plata baila el mono?
En el Olimpo de las monedas, dos grandes deidades compiten por la supremacía: nuestra paga y nuestra vanidad. Están en constante puja. Vivimos en un equilibrio inestable entre una métrica objetiva y cuantitativa y una métrica emocional y subjetiva de corto plazo.
"Por la plata baila el mono", afirma el saber popular. "Money makes the world go round - El dinero hace girar al mundo", cantaban en la película Cabaret de Bob Fosse. Y sin embargo, en el extremo opuesto el libro de Eclesiastés denuncia - desde hace miles de años - que todo es vanidad, vanidad de vanidades.
El dinero permite transacciones tangibles. La vanidad alimenta la imagen inmediata. Pero también existen otras monedas valiosas que mueven decisiones personales y corporativas, contrataciones y alianzas.
Qué nos mueve, qué nos pone en acción y qué nos motiva es el tema de este debate. Comprender las diferentes divisas disponibles, valorarlas y elegirlas con cuidado nos permitirá contratar y retener talento y ser capaces de elegir con inteligencia y perspectiva
¿Qué es el talento?
La etimología de la palabra talento ya nos plantea la primera paradoja. El talento era una unidad de medida monetaria en Babilonia, luego Grecia y Roma. Recién en la Edad Media Talento se convierte en sinónimo de conocimiento y habilidad. Esta transición no fue casual. Con lo cual la primera conclusión podría ser que el talento se compra con dinero. Si quieres tener talento págalo. Si tú tienes el talento cobra por él. La ecuación pareciera ser muy simple, casi matemática.
Sin embargo, como bien nos explica la economía del comportamiento, no somos seres racionales, sino que somos seres emocionales que racionalizamos. ¿Cuántas cosas hacemos porque nos gustan, porque nos apasionan o porque inflan nuestro ego? Muchas veces el salario emocional puede pesar tanto o más que la liquidación a fin de mes. Hablaba de esto ya Abraham Maslow cuando nos compartía su famosa pirámide donde abajo estaban la fisiología y las necesidades básicas y en la cima estaba la autorrealización. La pregunta que flota siempre es: ¿autorrealización es sinónimo de vanidad? ¿O hablamos de sentido, propósito y trascendencia?
Si al dinero y a la vanidad los llamamos monedas principales, ¿cuáles conforman entonces el portafolio de divisas secundarias que nos permiten maximizar nuestra inversión?
En qué otras monedas podemos cobrar (y pagar)
- Capital de Red (Acceso / Relacionamiento)
Es la oportunidad de sentarse en la mesa adecuada. Aceptamos proyectos o clientes no por lo que pagan hoy, sino por a quiénes nos presentan mañana. Buscamos trabajos en los que nos relacionamos con personas que amplían nuestro alcance y amplifican nuestro mensaje e imagen. Elegimos estar en lugares en los que se crean relaciones que pueden significar acceso a mejoras futuras. Este es el capital que nos habilita futuros beneficios.
2. Capital de Marca (Proyección / Reputación)
A diferencia de la vanidad que es moneda de cambio y de corto plazo, construir reputación nos habla de potencial de crecimiento. Pertenecer a empresas prestigiosas, potencia nuestra propia marca personal. Elegir reputación por sobre lo que percibo económicamente es apostar al interés compuesto: rinde menos hoy, pero genera una riqueza incalculable mañana.
3. Capital de Influencia (Relevancia / Pertinencia)
Aunque pariente cercano del Ego, la influencia es muchas veces una divisa poderosa. Poder influenciar sobre otros, sobre decisiones y sobre proyectos tiene gran peso en contribuir a acrecentar el capital de marca. No son lo mismo, pero se realimentan mutuamente. Sentirse parte de la agenda que importa. Muchas organizaciones aceptan márgenes bajos solo por estar asociadas a proyectos de vanguardia o causas estructurales.
4. Capital de Libertad (Autonomía / Tiempo)
Cada vez más, el control sobre el tiempo suele ser una moneda de cambio mucho más valiosa que un incremento salarial. La autonomía es uno de los motivadores más poderosos. Sentir que podemos tomar decisiones e influir sobre las cosas que están bajo nuestro control nos da satisfacción y sensación de control. Significa tener libertad sobre el qué, el cómo, el cuándo y el con quién trabajamos.
5. Capital Cognitivo (Aprendizaje / Curva de Experiencia)
Aprender y adquirir nuevas habilidades y saberes es una paga vital para el crecimiento. Autonomía y crecimiento son según Daniel Pink dos de los factores intrínsecos que más motivan. Se cobra en "aprender a saber hacer" lo que luego se monetizará a un precio mucho mayor en el futuro. Aquí hablamos de maestría, el impulso por ser mejores en algo que nos importa.
6. Capital Moral (Propósito y Sentido)
Cuál es nuestra huella, cuál es mi legado y qué principios rigen mi acción. Este es el tercero de los principios que enuncia Pink en su libro "Drive", el Propósito. Esa necesidad de sentir que aportamos a una causa más grande que nosotros mismos. Dar significado a nuestro esfuerzo desde una contribución a los valores en los que creemos.
El difícil (pero necesario) balance entre el largo y el corto plazo
La vanidad es dopamina. Nos impulsa, pero es de corta duración. Nos satisface en un instante y luego nos pide más. La Vanidad se devalúa. Es una moneda que no podemos guardar y mucho menos preservar su valor. Autonomía, libertad, propósito, relaciones, prestigio, conocimiento y reconocimiento son equivalentes a la serotonina: nos estabilizan, nos dan felicidad y nos permiten pensar en el largo plazo. Equivalen a plantar árboles que darán frutos en años. Pero la vanidad y el dinero nos permiten sobrevivir y llegar a ver y disfrutar los frutos. El equilibrio entre los plazos es vital. Ambos importan.
El Due Diligence personal
Si sos líder: ¿En qué moneda le estás pagando a tu equipo clave? ¿Cuál es tu canasta de monedas para atraer, motivar y retener el talento necesario?
En tus propias decisiones: ¿Estás aceptando un trabajo solo porque infla tu ego o porque realmente está construyendo tu capital de libertad y reputación?" ¿Cuál es tu balance hoy y cuál deberá ser en un futuro?
Como decía Epicteto, la riqueza real no radica en acumular, sino en la libertad de elegir. El dinero paga las cuentas de hoy y la vanidad alimenta el ego de esta noche; pero son las otras divisas – muchas veces invisibles - las que compran tu tranquilidad y tu libertad de mañana.
- Gabriel Mysler es consultor en estrategia e innovación y CEO de Innovation@Reach