Kwame Christian CEO of the American Negotiation Institute
La mayoría de los profesionales supone que las mayores barreras para el crecimiento profesional son externas y se relacionan con la falta de oportunidades, la falta de formación adecuada o la falta de contacto con las personas indicadas. En la práctica, los obstáculos que más persisten suelen ser internos. Aparecen como hábitos de pensamiento que, de manera sutil, alejan a las personas de esos momentos clave capaces de impulsar sus carreras.
Tres de estos patrones aparecen de manera constante en conversaciones con profesionales de alto rendimiento, y cada uno tiene una reformulación sencilla que permite neutralizarlo.
Obstáculo 1: tratar el miedo como una señal de no avanzar
El error más común que cometen los profesionales ante el miedo es suponer que se trata de una señal de que no están preparados o que, tal vez, no pertenecen a ese lugar. Esa interpretación es equivocada. El miedo suele aparecer precisamente cuando alguien se acerca a un crecimiento real, no cuando se aleja de él. La pregunta más útil no es "¿por qué tengo miedo?", sino "¿qué me indica este miedo que estoy a punto de experimentar?".
Las investigaciones sobre la toma de riesgos lo confirmaron. Psychology Today informó que la exposición controlada al riesgo, como probar una nueva habilidad o realizar un cambio pequeño pero desconocido, recalibra con el tiempo la manera en que el cerebro percibe la incertidumbre. Así, disminuye la probabilidad de que una persona se paralice ante una situación de alto riesgo. La misma investigación apunta a un "efecto bola de nieve de oportunidades", según el cual asumir un riesgo calculado suele abrir puertas a otras oportunidades que no habrían existido si la persona se hubiera mantenido en su zona de confort.
Patty Azzarello, ejecutiva que luego se convirtió en escritora, contó públicamente que estuvo a punto de darse por vencida con un puesto de gerente general que terminó por impulsar su carrera, porque creía que no tenía la experiencia suficiente. Sin embargo, sus mentores le señalaron que otros candidatos ya postulados tenían menos experiencia relevante que ella. El miedo le decía que no estaba preparada. Las pruebas demostraban lo contrario.
El miedo no aporta información que descalifique, sino que funciona como un estímulo para investigar y no como una orden que haya que obedecer.
Obstáculo 2: considerar el fracaso como una calle sin salida
Los profesionales suelen evitar el riesgo porque interpretan el fracaso como una pérdida irreparable. Esta mirada hace que cualquier intento arriesgado parezca un juego de azar, en el que las únicas posibilidades son ganar o perder. Un modelo más preciso plantea que cada intento puede derivar en una victoria inmediata o en una lección que, con el tiempo, puede convertirse en un triunfo futuro. No existe un intento genuino que no deje algún resultado.
Un estudio publicado por Harvard Business Review reveló que las empresas con una cultura de seguridad psicológica, en la que los empleados no temen fracasar, registraron un crecimiento de ingresos un 27% superior al de sus competidores. Además, el 75% de las innovaciones exitosas surgió directamente del método de ensayo y error, en lugar de un único intento acertado desde el comienzo.
El mismo estudio establece una distinción importante que conviene trasladar a las trayectorias profesionales individuales. Un intento genuino que no alcanza el resultado esperado forma parte de la experimentación y puede impulsar el crecimiento. En cambio, un fracaso provocado por descuido o falta de preparación constituye un tipo de error completamente distinto. El primero es el tipo de "fracaso" que puede afrontarse con serenidad.
Esto se ve con mayor claridad en las negociaciones porque evitar un planteo incómodo puede resultar más perjudicial que expresarlo. Una negociación fallida no ocurre en vano; simplemente revela si hubo una estrategia inadecuada, una propuesta de valor poco clara o un argumento que requería de más pruebas. Esa información sirve de base para el siguiente intento, que suele resultar más sólido precisamente porque el primero no salió como se esperaba. El único intento verdaderamente fallido es el que nunca ocurre, ya que no deja ni una victoria ni una lección; solo una pregunta sin respuesta que permanece latente.
La idea es que el riesgo no representa una apuesta entre ganar y perder, sino una elección entre dos caminos distintos que pueden conducir al mismo resultado.
Obstáculo 3: distanciarse de tu versión anterior, menos pulida
A medida que los profesionales avanzan, muchos intentan dejar atrás, de manera instintiva, esa versión anterior, menos segura de sí misma, como si fuera un lastre incompatible con una identidad ejecutiva impecable. Este impulso es comprensible, pero muchas veces da lugar a líderes que proyectan una imagen poco genuina, porque la autenticidad no surge de la nada. Se descubre al conservar el vínculo con la persona que uno era antes de que las presiones externas moldearan su identidad.
La versión de una persona que se atrevió a hacer algo difícil por primera vez suele ser la misma que tuvo la valentía más genuina. Esa valentía no necesita quedar atrás ni ser reemplazada por una imagen más refinada a medida que avanza la carrera; debe acompañar ese recorrido. Los profesionales que se muestran más tranquilos en situaciones de alta presión rara vez son quienes borraron todo rastro de la persona que fueron antes de llegar. Por el contrario, son quienes todavía se apoyan en esa experiencia.
La idea central es que integrar las distintas etapas de la propia trayectoria, en lugar de intentar reinventarse por completo, suele ser una base más sólida para construir un liderazgo auténtico.
El hilo conductor
Estos tres obstáculos son variaciones de un mismo error de fondo. El problema aparece cuando la incomodidad, ya sea miedo, fracaso o vulnerabilidad, se interpreta como algo que hay que eliminar en lugar de una señal con la que conviene trabajar. Los profesionales que avanzan más rápido no suelen ser quienes encontraron la manera de evitar esas sensaciones, sino quienes aprendieron a interpretarlas de otra manera.
La próxima vez que sientas dudas ante una gran oportunidad, vale la pena que te preguntes cuál de estos tres patrones influye en tu decisión. En la mayoría de los casos, la respuesta dice menos sobre si estás preparado y mucho más sobre qué historia todavía ocupa un lugar en tu cabeza.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.