Una foto pudo más que 20 años de carrera. Cuando se publicó una imagen de Lupita Nyong'o en el rol de Helena de Troya para La odisea, las redes sociales ardieron en polémica por la supuesta corrección política en la que había caído el director Christopher Nolan. El mismo al que hace diez años se lo acusaba de antiprogresista. El mismo que convierte cada uno de sus estrenos en un mega éxito comercial y de crítica.
Por suerte, llegó el estreno y se puede hablar sobre una obra de tres horas en lugar de una foto.
Esta película adapta La Odisea, de Homero, con ciertas libertades, y se permite incluir el episodio del caballo de Troya de La Ilíada. Combina elementos de los dos libros por una razón dramática ya que, más allá de la aventura y los aspectos sobrenaturales, la historia que pone en pantalla trata sobre las consecuencias de la guerra. Algunos críticos han señalado que se enfoca en el estrés postraumático; cosa que hace, aunque de manera algo liviana.
Es que si hay algo que a Nolan le sale con frialdad y rapidez, es tratar las emociones. Lo que logra mejor es el espectáculo cinematográfico y encarar las películas como obras hechas para ser comercializadas y disfrutadas en pantalla grande. Por ese motivo se puede ver en dos formatos según la sala que se elija, digital y 35 mm. Este último es el de la cinta de celuloide que más respeta las cámaras con las que se filmó y que mantiene la textura del cine tradicional.
Hasta ahora las películas de Nolan han tendido a la complejidad innecesaria. De hecho, como dijo una vez el periodista uruguayo Juan Andrés Ferreira, son más complicadas que complejas. Casi no hay historia suya que no tenga tramas, sub tramas y sub sub tramas que se enredan a toda velocidad hasta que, en ocasiones, no se entiende bien en qué consisten los planes de algunos personajes o cómo los arman.
El ejemplo extremo de esto es Tenet, una película con un gran concepto de ciencia ficción e inventivas escenas de acción, sobre la que casi todo el mundo coincide en que no tiene ni pies ni cabeza de tan enredada que es.
La Odisea es comparativamente simple. Por suerte. Es la historia de un héroe de guerra que se pierde tras diez años del sitio a Troya y que, en medio de mil peripecias, logra volver a su tierra natal y reclamar su trono. Lo más parecido a las complejidades de las otras películas de Nolan está en los cruces temporales, entre el presente de Odiseo con Calíope, el pasado en Troya, el otro pasado antes de abandonar Itaca y los hechos de su aventura (el cíclope, las sirenas, el encuentro con Circe, etcétera).
Es una película potente con una banda de sonido fuerte en la que el ritmo de tambores de guerra marca muchas escenas. Casi no hay descanso aunque no agota ya que todo lo que sucede va construyendo a Odiseo para que, como corresponde, regrese cambiado a su Tierra y se cuele entre los pretendientes de su esposa, Calíope.
Nolan pone en pantalla lo que cuenta Homero (suponiendo que este poeta haya existido, tal como se discute actualmente) de una manera impresionante. Un cíclope hecho sin efectos digitales, al igual que un ejército de gigantes y árboles que se mueven, barcos destrozados en medio de tormentas y hombres convertidos en cerdos forman parte de escenas hechas con efectos más prácticos que digitales.
A pesar de trabajar con un presupuesto gigante (US$ 250 millones), logra lo que Disney y Marvel no pueden: que su película parezca hecha por y con seres humanos.
El despliegue se apoya en buena medida sobre el elenco. Charlize Theron, Anne Hathaway, Matt Damon, Tom Holland, Zendaya, Robert Pattinson, Jon Bernthal, John Leguisamo, Elliot Page son algunas de las principales figuras.
La odisea es una de las obras más importantes de la literatura occidental. Sus arquetipos han influido a lo largo del tiempo en una incontable cantidad de obras. El arco dramático que sigue Odiseo ha sido la base para muchísimos arcos narrativos de héroes posteriores, lo mismo que el rol pasivo de Penélope (que aquí adquiere un poco más de vuelo gracias a sus diálogos, que no sus actos).
En cierta forma, la adaptación que Nolan escribió y dirigió respeta ese lugar que tiene el original y es una gran reivindicación del concepto de vuelta a los orígenes. Si hoy buena parte de la conversación en el espectáculo está relacionada con la tecnología y el futuro, el director nos invita a disfrutarlo con conciencia del pasado y de la historia. Y la convierte en un evento que, como en todas sus películas, vale la pena apreciar en grande antes de que solo esté disponible en streaming.