En enero de 2002, Elon Musk entró a un galpón en Los Ángeles y vio a Thomas Mueller cargando un motor de 36 kilos sobre el hombro mientras lo atornillaba a la estructura de empuje inferior de un cohete. No era una tarea habitual. Mueller, que entonces trabajaba como ingeniero en la empresa aeroespacial TRW, dedicaba los fines de semana al club amateur de cohetes Reaction Research Society, donde experimentaba con nuevos diseños fuera de su empleo. Musk se acercó a la sede del grupo con una propuesta: quería convencer a sus integrantes, entre ellos Mueller, de su idea de crear una empresa espacial que, algún día, hiciera posible que la humanidad llegara a colonizar Marte.
Antes de que Mueller pudiera bajar el motor, Musk empezó a lanzarle una pregunta tras otra, "al estilo muy típico de Elon", recordó Mueller. ¿Qué es eso? ¿Es un motor grande? ¿Cuál es el motor más grande en el que trabajaste? Mueller respondió, algo dubitativo, que uno de 650.000 libras (unos 2.900 kilonewtons) para TRW. En ese momento, lo único que sabía sobre Musk era que era un millonario de internet, recién desplazado de su puesto como CEO de PayPal. Pero no tardó en entender todo. Cuando le preguntaron si podía construir desde cero un motor de tamaño similar para Musk, dijo que sí, aunque sabía que la respuesta real era que no. "Ese era el optimismo y la ingenuidad que Elon quería ver porque así era él también", dijo Mueller.
La semana siguiente, durante el domingo del Super Bowl, Mueller invitó a Musk a su casa. Allí, junto a otros integrantes del club de cohetes, idearon lo que más tarde se conocería como el motor Merlin. Después de algunas reuniones más, en abril de 2002, Mueller se sumó oficialmente como el primer empleado de SpaceX. Durante las dos décadas siguientes, fue una de las personas de mayor confianza para Musk.
Hoy, ese motor Merlin impulsa los cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy, reconocidos por haber transformado la industria espacial gracias a su reutilización, lo que permite lanzamientos más frecuentes y menos costosos. Esto llevó a SpaceX a alcanzar una valuación de US$ 800.000 millones, y convirtió a Musk en el hombre más rico del mundo, con un patrimonio estimado en US$ 680.000 millones. Además, esa misma tecnología allanó el camino para una posible oferta pública inicial (OPI) que podría valuar a la compañía en hasta US$ 1,5 billones en 2026.
Mientras crece la expectativa entre inversores y empleados de SpaceX por lo que podría ser una de las salidas a bolsa más grandes de la historia, otro grupo también sigue de cerca cada movimiento: los primeros inversores en tecnología espacial. "Acá es donde la cosa se pone realmente interesante", dijo Chad Anderson, fundador de Space Capital, una firma de inversión especializada en el sector espacial. "Esta enorme generación de riqueza para muchos empleados de SpaceX sin duda creará una dinámica en la que veremos a muchos más fundadores", agregó.
Estarían en muy buena compañía. En la última década, SpaceX dio origen a toda una generación de ingenieros talentosos que fundaron 141 nuevas empresas, según Alumni Founders, un proyecto de datos que rastrea startups creadas por exempleados de SpaceX que trabajaron allí al menos un año. Mueller, que dejó la compañía en 2020, lanzó su propia startup, Impulse Space, con el objetivo de desarrollar vehículos capaces de trasladar satélites y carga entre distintas órbitas, para evitar desvíos o la necesidad de relanzar cohetes. En junio, Impulse alcanzó una valuación de US$ 1.800 millones tras recaudar US$ 300 millones, lo que llevó la financiación total de la compañía a US$ 525 millones. @@FIGURE@@
La startup de Mueller es una de las 12 empresas fundadas por exempleados de SpaceX que alcanzaron valuaciones de miles de millones de dólares. En esa lista aparecen fabricantes de cohetes como Relativity Space, con una valuación de US$ 6.000 millones, y Firefly Aerospace, que cotiza en bolsa y está valuada en US$ 3.000 millones. También figuran el fabricante de misiles Castelion (US$ 2.800 millones), el de satélites Apex (US$ 1.000 millones) y el de aeronaves Hermeus (US$ 1.000 millones). Este año, las rondas más importantes de financiación en tecnología espacial estuvieron lideradas por compañías fundadas por extrabajadores de SpaceX. Entre ellas se destacan K2 Space, que recaudó un total de US$ 375 millones en 2025; Impulse Space (US$ 300 millones); Varda Space (US$ 187 millones); Hermeus (US$ 160 millones); Ursa Major (US$ 150 millones); Muon Space (US$ 147 millones) y Xona (US$ 92 millones).
En total, las nuevas empresas fundadas por exempleados de SpaceX —en sectores como tecnología espacial, inteligencia artificial, energía y movilidad, entre otros— recaudaron hasta ahora US$ 10.600 millones y generaron más de 7.000 nuevos puestos de trabajo.
Eso no es inusual para una compañía del tamaño de SpaceX. La cantidad de fundadores que pasaron por ahí representa solo una parte en comparación con lo que sucede en gigantes del software como Google, cuyos exempleados crearon más de 2.000 startups, o Meta, con más de 800, según estimaciones de Crunchbase. Esta base de datos de capital de riesgo, que genera estimaciones a partir de perfiles registrados tanto de forma automática como manual, calcula que el número de startups creadas por exempleados de SpaceX estaría más cerca de 60. Ese número coincide con las estimaciones de 160 startups creadas por extrabajadores de la NASA y las 150 surgidas de exempleados de Tesla. Nueve de estas últimas se convirtieron en unicornios, según el profesor de negocios de Stanford Ilya Strebulaev.
Dentro del sector espacial, el impacto de SpaceX es indiscutible. Inversores aseguran que la empresa de Elon Musk fue, en gran medida, la responsable del auge de la inversión en tecnología espacial, que este año alcanzó un récord de US$ 10.700 millones, casi el doble de lo que se había invertido en 2020. Al menos US$ 1.400 millones de ese total se destinaron a compañías creadas por exempleados de SpaceX. Ese salto está directamente vinculado con la mayor frecuencia y el menor costo de los lanzamientos de cohetes de la empresa, que abrieron nuevas oportunidades comerciales en órbita. Este año, SpaceX realizó 165 lanzamientos, frente a los 42 de todas las compañías espaciales estadounidenses en 2018, de los cuales 21 fueron de SpaceX. Además, en diciembre, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que compromete al menos US$ 50.000 millones de inversión adicional en la industria espacial para 2028. "La única razón por la que estamos hablando del espacio como una categoría de inversión en este momento es por SpaceX", dijo Anderson. @@FIGURE@@
Para los inversores en tecnología espacial, seguir de cerca a los empleados de SpaceX una vez que dejan la compañía se volvió parte natural del trabajo. "Seguimos muy de cerca quiénes dejan la empresa y a qué se dedican", señaló Anderson, que ya invirtió en startups fundadas por exempleados de SpaceX como Impulse Space, Varda Space y Lux Aeterna.
Al comparar un año de experiencia en SpaceX con 10 años en una empresa ya establecida del sector, Anderson explicó que quienes pasaron por la compañía de Musk cuentan con conocimientos específicos y una forma particular de encarar los problemas, marcada por la cultura que él mismo impuso.
Mueller resumió sus dos décadas en SpaceX con una frase: "jornadas extremas, responsabilidad extrema". Musk no tenía problema en llamar a sus empleados a cualquier hora de la noche y exigirles que fueran a la oficina. "Simplemente no había escapatoria", recordó Mueller.
Laura Crabtree, que trabajó como ingeniera en SpaceX entre 2009 y 2020, recordó haber tenido jornadas de 14 horas diarias, sin descanso. "Siempre me sentía un poco agobiada. Siempre con esa sensación de estar abrumada y sobrecargada de trabajo", dijo Crabtree, quien dejó la empresa en 2020 para fundar Epsilon3, una compañía que desarrolla software de ingeniería. "Ese entorno realmente te prepara para dirigir una startup", agregó. @@FIGURE@@
A los inversores también les entusiasma ver que los fundadores aprovechan la cultura industrial de SpaceX para construir a un ritmo acelerado. A diferencia de muchas compañías tradicionales, que tercerizan gran parte de sus componentes, SpaceX fabrica internamente la mayor parte de sus cohetes. Esa estrategia les permite hacer pruebas con más frecuencia y avanzar más rápido en las mejoras.
Un ejemplo es el fabricante de misiles Castelion, fundado por los exempleados de SpaceX Bryon Hargis, Sean Pitt y Andrew Kreitz. En lugar de subcontratar un componente ya fabricado —más costoso— a un proveedor aeroespacial tradicional, la startup opta por comprar piezas más económicas a proveedores no convencionales, como los de la industria automotriz, y luego las ensambla puertas adentro. Gracias a esa estrategia, Castelion pudo probar sus misiles más de 20 veces en lo que va del año, frente a las pocas pruebas que suelen realizar las compañías tradicionales. "Aprendieron en la escuela de Elon Musk; saben cómo fabricar de la mejor manera posible", dijo Katherine Boyle, fundadora del fondo American Dynamism de Andreessen Horowitz, quien fue una de las primeras inversoras en Castelion y en el fabricante de naves espaciales Apex.
Anderson agregó que le atrae la manera en que los fundadores que pasaron por SpaceX piensan usando el infame "algoritmo SpaceX", una lógica basada en cuestionarlo todo de forma constante y eliminar cualquier cosa "tonta" o innecesaria. "La principal razón por la que SpaceX es especial es cultural, y en realidad se reduce al algoritmo de SpaceX: cómo piensan y abordan los problemas", explicó. Varios inversores, entre ellos Erik Kriessman, socio de Altimeter Capital, contaron que hablaron con la mayoría de los fundadores que pasaron por SpaceX para respaldar sus decisiones de inversión en el sector. Kriessman participó este año en la ronda de US$ 350 millones de Castelion y en la de US$ 250 millones del fabricante de satélites K2 Space.
Ayuda que la valuación de SpaceX se haya disparado en los últimos años, al igual que la participación accionaria de sus empleados. Muchos deciden irse después de los días en los que se consolidan sus derechos sobre acciones —que en SpaceX ocurren dos veces por año, el 15 de mayo y el 15 de noviembre—, cuando adquieren la propiedad de sus opciones y pueden hacerlas efectivas. En los días previos, suelen hablar entre ellos sobre cómo piensan usar ese capital. Fue en ese contexto cuando los tres cofundadores de Castelion comenzaron a pensar seriamente en crear su propia empresa, según contó Hargis. Los tres dejaron SpaceX en noviembre de 2022 y fundaron formalmente la compañía poco después.
Esos días de consolidación de derechos se volvieron fechas clave para los inversores que están atentos a nuevos fundadores con potencial, señaló Anderson. Aunque, aclaró, nada se compara con la expectativa que genera el gran hito: la salida a bolsa.
*Con información de Forbes US.