Los multimillonarios que financian a políticos partidarios de la IA para aumentar sus enormes fortunas
La fortuna de Marc Andreessen y Ben Horowitz se multiplicó en los últimos años gracias a sus inversiones en Coinbase, OpenAI, SpaceX y otras compañías. Ahora destinan decenas de millones de dólares a apoyar a candidatos políticos favorables a la inteligencia artificial y las criptomonedas, con el objetivo de impulsar políticas que podrían hacerlos todavía más ricos.

En enero, la firma de capital de riesgo de Silicon Valley, Andreessen Horowitz, anunció que había recaudado 15.000 millones de dólares en nuevos fondos. La cifra marcó un récord para la compañía, fundada hace 17 años, y elevó sus activos a más de 90.000 millones de dólares, casi el doble de lo que administraba en 2024. El anuncio también fue una oportunidad para que sus cofundadores, Marc Andreessen y Ben Horowitz, expusieran sus ambiciosos objetivos de transformar el país y el mundo entero.

"Como líder estadounidense en capital de riesgo, el futuro de las nuevas tecnologías en Estados Unidos recae en parte sobre nuestros hombros", escribió Horowitz en una publicación de su blog en la que anunció la recaudación de fondos. "Nuestra misión es asegurar que Estados Unidos domine la tecnología durante los próximos 100 años. Esto comienza con el dominio de las arquitecturas clave del futuro: la inteligencia artificial y las criptomonedas", completó.

Se le puede perdonar el tono algo jactancioso. Después de todo, aunque todavía está por verse si Estados Unidos dominará el próximo siglo, su firma ya se convirtió en una de las inversoras tecnológicas más exitosas del último año y de la última década. En abril de 2023, invirtió por primera vez en OpenAI, cuando la compañía estaba valuada en 29.000 millones de dólares. En marzo, la valuación del gigante de la inteligencia artificial alcanzó los 852.000 millones de dólares y se espera que salga a bolsa el próximo año con una valoración superior a 1 billón de dólares. 

Por su parte, SpaceX, que recibió su primera inversión de Andreessen Horowitz en 2023, debutó en bolsa en junio con una valoración de 1,8 billones de dólares, lo que multiplicó por trece el valor de la inversión inicial. Dos meses después, adquirió Cursor, una startup de programación con inteligencia artificial que también forma parte de la cartera de Andreessen Horowitz, por 60.000 millones de dólares, una operación que multiplicó por quince el valor de la inversión. La firma también es una de las principales inversoras de Databricks, una startup de software que cerró una ronda de financiación en agosto con una valoración de 190.000 millones de dólares, frente a los 47 millones de dólares que valía cuando recibió su primera inversión.

Más conocida como a16z, la firma recaudó otros 5.000 millones de dólares hasta agosto, una cifra que equivale a casi el 20 % de todos los fondos de capital de riesgo captados en Estados Unidos en lo que va de 2026, según PitchBook. Actualmente, es, por amplio margen, la mayor firma de capital de riesgo del país, con más de 106.000 millones de dólares en activos bajo gestión a marzo de este año. 

Gracias a esta enorme captación de fondos, las exitosas salidas de sus inversiones y las elevadas valuaciones de las empresas de inteligencia artificial, Forbes estima que Andreessen posee un patrimonio de 18.600 millones de dólares, mientras que la fortuna de Horowitz asciende a 18.100 millones de dólares. Estas cifras los ubican entre los inversores de capital de riesgo más ricos del país, solo por detrás de Peter Thiel —cuya participación en Palantir, empresa que cofundó y preside, representa aproximadamente la mitad de su fortuna de 37.800 millones de dólares— y del reconocido inversor John Doerr, con una trayectoria mucho más extensa y un patrimonio de 21.800 millones de dólares.

Un representante de a16z prefirió no hacer comentarios. Sin embargo, tanto Andreessen como Horowitz, que acumulan 27 apariciones entre ambos en la lista Midas de Forbes, que reconoce a los principales inversores de capital de riesgo, participan habitualmente en el blog de la firma y en su red de podcasts y programas.

(Crédito: Forbes US).

Mientras tanto, la firma alcanzó el primer puesto del ranking Strebulaev-Jackson AI Venture 2026, que reúne a las 50 principales firmas de capital de riesgo. La clasificación, publicada recientemente, fue elaborada por Ilya Strebulaev, profesor de la Universidad de Stanford, y Blake Jackson, profesor de la Universidad Estatal de Ohio, quienes siguen de cerca la evolución del sector.

"Andreessen Horowitz está a la vanguardia de las inversiones en etapas tempranas y del apoyo continuo a empresas que trabajan en sectores de avanzada, como la inteligencia artificial y la defensa. Esto les permitió crecer muy rápidamente", explicó Strebulaev. "A medida que las empresas permanecieron más tiempo en manos privadas y crecieron a mayor velocidad, aumentó la necesidad de capital, algo que el modelo tradicional de capital de riesgo no podía satisfacer. Andreessen Horowitz se expandió enormemente y eso la benefició, porque en el sector de la inteligencia artificial existe una gran demanda de rondas de financiación de gran tamaño que muchas firmas de capital de riesgo no pueden ofrecer", agregó.

Ambos empresarios utilizan cada vez más su influencia para incidir en las políticas del gobierno estadounidense. Aunque durante años estuvieron vinculados al Partido Demócrata y donaron apenas 2,5 millones de dólares entre 2009 y 2022, desde entonces sus aportes políticos alcanzaron los 177 millones de dólares, incluidos 92 millones de dólares durante el actual ciclo electoral, en su mayoría destinados a candidatos del Partido Republicano. Este cambio comenzó en 2023, cuando publicaron un ensayo en el que anunciaron, por primera vez, su intención de apoyar abiertamente a candidatos políticos.

"Somos votantes apolíticos, centrados en un solo tema: si un candidato apoya un futuro optimista impulsado por la tecnología, lo respaldamos. Si pretende frenar tecnologías importantes, nos oponemos a él", escribió Horowitz en el ensayo. "Cada centavo que donemos se destinará a apoyar a candidatos que compartan nuestras ideas y a oponernos a quienes pretendan poner fin al futuro tecnológico avanzado de Estados Unidos", completó.

Los cofundadores de a16z se conocieron en la década de 1990 en Netscape, una startup dedicada al desarrollo de navegadores web que Andreessen había fundado en 1994 junto con el también multimillonario Jim Clark. Por aquel entonces, Horowitz trabajaba como gerente de producto. En 1998, vendieron la compañía a AOL por 4.200 millones de dólares. Después, ambos fundaron Opsware, una empresa de software para centros de datos que terminaron vendiendo a HP en 2007 por 1.600 millones de dólares.

Dos años después, fundaron Andreessen Horowitz en una oficina ubicada en Menlo Park, California, sobre la famosa Sand Hill Road, conocida por concentrar a numerosas firmas de capital de riesgo. El suegro de Andreessen era John Arrillaga, un multimillonario empresario inmobiliario de Silicon Valley, ya fallecido, que desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la zona que terminaría convirtiéndose en uno de los principales centros de inversión de capital de riesgo.

Desde el principio, se propusieron crear una firma que se diferenciara claramente de las grandes compañías tradicionales de capital de riesgo. En la presentación de su primer fondo, explicaron que buscarían una nueva generación de fundadores "megalómanos" que, al igual que el legendario CEO de Apple, Steve Jobs, utilizaran la tecnología para "dejar huella en el universo".

Andreessen Horowitz se consolidó como un gigante del capital de riesgo y ahora busca influir en la política tecnológica de Estados Unidos (Foto: SapphireDreamer, CC0, via Wikimedia Commons).

Para lograrlo, aprovecharon su propia experiencia como fundadores de startups. "Llegamos a este proyecto después de haber sido emprendedores durante toda nuestra carrera profesional. Conocemos en profundidad lo que realmente implica crear una empresa", explicó Andreessen en una entrevista con Forbes en 2012. "Lo hacemos a partir de nuestra experiencia, no de la teoría. Estamos construyendo la firma de capital de riesgo que nos hubiera gustado tener a nuestro lado cuando fundábamos nuestras propias empresas", agregó.

En aquel momento, ese enfoque era poco habitual en Silicon Valley. "Crearon lo que se conoció como el modelo 'amigable con los founders'. La mayoría de las firmas de capital de riesgo son pequeñas, tienen pocos socios, seleccionan cuidadosamente las empresas en las que invierten y cuentan con plantillas reducidas", explicó Strebulaev. "Andreessen Horowitz desarrolló un modelo diferente, basado en la idea de ayudar a las startups a tener éxito. Para eso, contrataron a numerosos profesionales especializados en marketing, desarrollo de negocios, asesoramiento legal y otras áreas", agregó.

El primer fondo de la firma consiguió algunas de sus rentabilidades más importantes en menos de tres años. En 2011, multiplicó por cuatro su inversión de 50 millones de dólares en Skype, realizada dos años antes, cuando Microsoft compró la compañía por 8.500 millones de dólares. Otra apuesta, de apenas 250.000 dólares en Instagram, también resultó extraordinariamente rentable cuando Mark Zuckerberg adquirió la aplicación por 1.000 millones de dólares. Andreessen describió el retorno de esa inversión como "monstruoso".

Los fundadores de startups se sentían atraídos por la disposición de Andreessen y Horowitz a realizar grandes inversiones, incluso cuando otros consideraban que las valuaciones eran demasiado elevadas o que todavía no existía un mercado para esas empresas. "Eran los más agresivos y optimistas. No esperaban a que el mercado se definiera. Tenían sus propias convicciones", explicó Brian Chesky, cofundador de Airbnb, en una entrevista con Forbes en 2012.

Con el paso de los años, la firma invirtió en numerosas compañías que marcaron el desarrollo de la Internet moderna, entre ellas Airbnb y Twitter (2011), GitHub (2012), Instacart (2014), Plaid (2018), Substack (2019) y Roblox (2020). También comenzó a apostar por las criptomonedas en 2013, cuando respaldó a Ripple Labs, una empresa de tecnología financiera especializada en activos digitales, y a Coinbase, una plataforma de intercambio de criptomonedas. Ambas inversiones se realizaron varios años antes de que esta tecnología alcanzara una mayor popularidad.

El capital de riesgo impulsa el crecimiento de startups tecnológicas, con la inteligencia artificial como protagonista (Foto: creada con inteligencia artificial).

Para 2019, una década después de su fundación, Andreessen Horowitz ya había generado más de 10.000 millones de dólares en ganancias para sus inversores. Estos resultados fueron fundamentales para consolidar la reputación de la firma. "¿Cuál es la principal forma de diferenciarse en cualquier industria? Ser el número uno", afirmó Andreessen en una entrevista con Forbes en 2019. Ese mismo año, la compañía se registró como asesora de inversiones, sin abandonar su actividad como firma de capital de riesgo, lo que le permitió ampliar sus inversiones en criptomonedas y acciones que cotizan en bolsa.

Otro factor importante de su éxito es su amplia red de socios con experiencia en distintos sectores, desde la salud hasta la tecnología financiera. "Cuentan con un equipo muy completo", señaló Strebulaev, al referirse a los resultados del ranking Strebulaev-Jackson de 2026 de las 100 principales firmas de capital de riesgo en inteligencia artificial. Según esa clasificación, Andreessen Horowitz es la firma con mayor cantidad de socios incluidos en la lista, con 11 representantes, más que cualquier otra compañía del sector. Horowitz ocupó el segundo puesto del ranking individual, mientras que Andreessen se ubicó en el puesto 23.

Este enfoque también les permitió seguir atrayendo a founders de empresas exitosas. "Su equipo de inversión aporta mucho más que capital; es un verdadero socio", afirmó Daniel Nadler, el multimillonario CEO y cofundador de OpenEvidence, una empresa de inteligencia artificial aplicada a la medicina en la que Andreessen Horowitz invirtió por primera vez en marzo y volvió a hacerlo en septiembre, cuando alcanzó una valoración de 15.000 millones de dólares. "Es muy valioso trabajar con su fondo de crecimiento, pero también mantener una relación estrecha con sus equipos de biotecnología y salud.

Entienden tanto cómo venderles a grandes empresas como la manera en que los usuarios individuales adoptan un producto. Esto es fundamental para una compañía como la nuestra, cuyos clientes son los médicos", explicó.

Los últimos años también fueron especialmente rentables para los inversores de Andreessen Horowitz. Entre 2011 y agosto de 2025, la firma distribuyó un total neto de 25.400 millones de dólares entre sus inversores, según una presentación obtenida el año pasado por el periodista especializado en tecnología Eric Newcomer. La cifra asciende a 37.000 millones de dólares si se incluyen los fondos reinvertidos o devueltos a sus socios.

Como su éxito y el de su firma dependen en gran medida de políticas favorables al sector tecnológico, no resulta sorprendente que los influyentes inversores de capital de riesgo se tomaran como algo personal la postura crítica de Joe Biden hacia las grandes empresas tecnológicas y comenzaran a involucrarse cada vez más en la política. Esta situación se intensificó en 2024, cuando Biden buscó la reelección. 

(Forbes US).

Andreessen y Horowitz se distanciaron progresivamente del gobierno, al considerar que el equipo del entonces presidente no estaba dispuesto a dialogar con ellos sobre los temas que más les interesaban: la inteligencia artificial y las criptomonedas. "No teníamos ninguna relación con el gobierno. No había forma de establecerla. Me volvía loco", recordó Horowitz tiempo después en un podcast.

Por su parte, Donald Trump se mostró dispuesto a reunirse con inversores tecnológicos tan ricos e influyentes. En julio de 2024, Andreessen y Horowitz compartieron una cena de tres horas con Trump en su club de golf de Bedminster, Nueva Jersey. Diez días después, los dos empresarios analizaron las elecciones presidenciales en su podcast y, posteriormente, anunciaron públicamente su decisión de respaldar al candidato republicano.

"Muchos amigos se van a enojar conmigo por decir algo positivo sobre el presidente Trump. Es un tema muy delicado y que genera emociones fuertes", afirmó Horowitz, quien hasta entonces nunca había apoyado a un candidato presidencial republicano. "Pero el futuro de nuestro negocio, el futuro de la tecnología y el futuro de Estados Unidos están literalmente en juego. Creemos que Donald Trump es la opción correcta".

Finalmente, ambos destinaron 85 millones de dólares a las elecciones de 2024. La mayor parte de esa plata, 67 millones de dólares, fue al comité de acción política (PAC) Fairshake, que respalda a la industria de las criptomonedas. Además, Andreessen donó más de 5 millones de dólares a Trump y a sus comités de campaña, mientras que Horowitz aportó 2,5 millones de dólares. Después de que Biden abandonara la carrera presidencial y fuera reemplazado por Kamala Harris, a quien Horowitz había invitado anteriormente a su casa para su tradicional asado anual con directores ejecutivos, el inversor también donó 2,5 millones de dólares a un super PAC que apoyaba a la candidata demócrata.

Tras la victoria de Trump, ambos socios, que mantenían una relación de larga data con el mandatario, donaron 3 millones de dólares cada uno al fondo destinado a financiar su investidura y, desde entonces, continuaron realizando aportes. Durante la transición presidencial, Andreessen visitó con frecuencia la residencia de Trump en Mar-a-Lago, Florida, donde colaboró en la definición de las políticas tecnológicas del nuevo gobierno y en la evaluación de posibles funcionarios para puestos clave. 

Además, dos socios de la firma se incorporaron al gobierno de Trump. Por su parte, Horowitz asistió en julio de 2025 a la firma de la Ley GENIUS, una legislación favorable al sector de las criptomonedas. Ambos también acompañaron al presidente en visitas de Estado, entre ellas la de líderes de Arabia Saudita el año pasado y la del rey Carlos III en abril.

La publicación de Horowitz en enero, en la que anunció la creación de nuevos fondos, dejó en claro que sus ambiciones iban mucho más allá de obtener ganancias. El texto se parecía más a un manifiesto político, en el que instaba al gobierno estadounidense a impulsar la inteligencia artificial y las criptomonedas para "defender y promover los intereses estadounidenses". También incluyó una advertencia contundente: "Si no logramos orientar las políticas del país en la dirección correcta, es probable que Estados Unidos pierda su posición como líder mundial en tecnología".

Con ese objetivo, los dos multimillonarios aportaron un total de 92 millones de dólares durante el ciclo electoral de 2026, lo que los ubica como los quintos mayores donantes políticos de Estados Unidos. Por delante de ellos aparecen el importante donante demócrata George Soros, con 102 millones de dólares; el fundador de Susquehanna, Jeff Yass, y su esposa, Janine, con 110 millones de dólares; los empresarios del sector del transporte marítimo Elizabeth Uihlein y Richard Uihlein, con 150 millones de dólares; y Elon Musk, que encabeza la lista con 446 millones de dólares.

En sus declaraciones públicas, los dos fundadores multimillonarios buscaron destacar que trabajaron tanto con demócratas como con republicanos en cuestiones relacionadas con la regulación de la inteligencia artificial. Sin embargo, el principal destinatario de sus aportes políticos fue Leading the Future, un super PAC favorable al desarrollo de esta tecnología que ayudaron a crear en agosto de 2025 junto con Greg Brockman, presidente de OpenAI y también multimillonario.

Hasta ahora, los esfuerzos de ambos empresarios y de otros referentes del sector parecen haber dado resultado. El gobierno de Trump y el Congreso, controlado por los republicanos, no impusieron regulaciones importantes al desarrollo de la inteligencia artificial. En septiembre, el presidente recibió en la Casa Blanca a un grupo de destacados ejecutivos del sector y terminó firmando un documento de una página que instaba a las empresas de inteligencia artificial a autorregular sus propios modelos. 

Andreessen y Horowitz no participaron del encuentro, pero sí estuvo presente uno de sus principales aliados, Greg Brockman, su socio en Leading the Future, quien asistió y firmó el acuerdo en representación de OpenAI.

La postura flexible del actual gobierno frente a la regulación de la inteligencia artificial contribuyó a impulsar las valoraciones de las empresas del sector y, con ellas, las ganancias de Andreessen y Horowitz. Sin embargo, este escenario podría cambiar después del 3 de noviembre si la creciente oposición a la inteligencia artificial y a la expansión de los centros de datos se traduce en la llegada de una nueva generación de legisladores críticos de esta tecnología a Washington D.C..

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.