Musk lleva a OpenAI a juicio y pone en riesgo una apuesta filantrópica de US$ 130.000 millones
El juicio federal impulsado por Elon Musk contra Sam Altman, OpenAI y Microsoft pone bajo revisión la promesa fundacional de desarrollar inteligencia artificial en beneficio de la humanidad, mientras amenaza con alterar la estructura de la compañía, su vínculo con Microsoft y el futuro de una fundación llamada a convertirse en uno de los mayores experimentos filantrópicos de la era tecnológica.

Este lunes comenzó la selección del jurado en el juicio federal que enfrenta a Elon Musk contra Sam AltmanOpenAI y Microsoft por una disputa central: si OpenAI abandonó la misión sin fines de lucro que Musk asegura haber ayudado a financiar.

Musk presentó una demanda en 2024, en la que sostuvo que la empresa que él, Altman y otros fundaron para desarrollar IA en beneficio de la humanidad se transformó en una compañía con fines de lucro y con una fuerte relación con Microsoft. Reclama más de US$ 134.000 millones, además de medidas correctivas que podrían cambiar la conducción y la estructura de OpenAI.

El juicio comienza en un momento en que OpenAI presenta un nuevo conjunto de principios y Microsoft, codemandada en la causa, anuncia un acuerdo con la compañía. El nuevo pacto mantiene a Azure como principal socio de OpenAI en la nube y preserva los derechos de propiedad intelectual de Microsoft sobre OpenAI hasta 2032, aunque ahora con carácter no exclusivo, un punto que podría resultar útil en los tribunales.

Además, el litigio sobre la gobernanza de OpenAI podría complicar una eventual salida a bolsa, ya que suma incertidumbre sobre su estructura, su valoración y las acusaciones vinculadas al beneficio público.

Cuando escribí por primera vez sobre la reestructuración de OpenAI, en diciembre, la cuestión central era si su nueva fundación podía transformar la riqueza generada por la IA en un beneficio público a una escala histórica. Ese análisis anterior se reproduce a continuación, aunque el contexto cambió. El experimento de gobernanza y filantropía queda ahora bajo la lupa de una prueba judicial sobre la promesa fundacional de OpenAI y de un duelo entre gigantes corporativos.

La inusual estructura sin y con fines de lucro de OpenAI

Es raro que una reestructuración corporativa altere el universo de la filantropía estadounidense. Pero la conversión de OpenAI a una estructura con fines de lucro, a fines de 2025, creó algo sin precedentes: una fundación sin fines de lucro con una participación accionaria de US$ 130.000 millones en una de las empresas de IA más valiosas del mundo. La Fundación OpenAI ya comprometió US$ 25.000 millones para iniciativas de salud y resiliencia de la IA, y así pasó, de un día para el otro, a ocupar un lugar entre los grandes actores de la filantropía. @@FIGURE@@

Este cambio representa un hito importante en la gobernanza corporativa y la filantropía en Estados Unidos, ya que las fundaciones privadas cubren cada vez más vacíos que deja la menor ayuda estatal. La historia marca dos caminos posibles: la concentración de riqueza puede construir instituciones duraderas que amplíen las oportunidades o puede borrar la línea entre el interés público y la influencia privada. La transformación de OpenAI reaviva esa discusión a una escala sin precedentes.

Fines de diciembre suele ser un momento para reflexionar sobre las promesas cumplidas, postergadas o modificadas. También impulsa las donaciones mediante campañas, eventos benéficos y actualizaciones de los compromisos anuales. En ese contexto, la reestructuración de OpenAI representó algo muy distinto por tamaño y estructura.

Cómo la conversión de OpenAI afecta a su organización sin fines de lucro

OpenAI comenzó como una organización sin fines de lucro en 2015, pero necesitaba capital privado para competir en el desarrollo de IA. En 2019, creó una estructura híbrida, con una parte sin fines de lucro y otra con fines de lucro, que les permitía a los inversores obtener rentabilidad, mientras la organización mantenía el control. Esa estructura limitaba las ganancias de los inversores y no habilitaba la participación accionaria.

A fines de 2025, OpenAI se reestructuró como una corporación con fines de lucro y beneficio público, con un detalle clave: la Fundación OpenAI, una organización sin fines de lucro, conservó una participación accionaria del 26%. A medida que aumenta el valor de OpenAI, también crece el patrimonio de la fundación.

En el momento de la conversión, en octubre, la participación de la fundación en la PBC ascendía a cerca de US$ 130.000 millones. La fundación anunció un compromiso inicial de US$ 25.000 millones, centrado en dos áreas: acelerar los avances en salud mediante conjuntos de datos de salud de código abierto, generados de manera responsable, y financiar a científicos; además, apoyar soluciones técnicas prácticas para la resiliencia de la IA, con el objetivo de maximizar los beneficios y reducir los riesgos sistémicos. Esto complementa un compromiso anterior de US$ 50 millones con organizaciones sin fines de lucro y entidades con una misión social centradas en la innovación y el bien público.

El manual de filantropía de la Edad Dorada

A fines del siglo XIX, la economía industrial produjo magnates que transformaron su riqueza en instituciones cívicas. El magnate del acero Andrew Carnegie sostuvo en su ensayo de 1889, "El evangelio de la riqueza", que la concentración de la riqueza implicaba una obligación moral para los ricos: distribuirla en beneficio de la sociedad. Para 1919, Carnegie había donado casi US$ 350 millones, equivalentes a unos US$ 6.500 millones actuales, lo que representaba casi el 90% de su fortuna. Apoyó bibliotecas, la educación e instituciones para la paz, y dejó un legado perdurable en el ámbito de la filantropía.

El magnate petrolero John D. Rockefeller profesionalizó este modelo. Creada en 1913, la Fundación Rockefeller se convirtió en una referencia para la filantropía estratégica liderada por expertos, en especial en salud pública e investigación científica. La plata de Rockefeller impulsó campañas contra enfermedades y modernizó la educación médica cuando los gobiernos y los mercados todavía no estaban organizados para hacerlo.

La filantropía de esta época se caracterizó por donantes individuales que atendían necesidades sociales a gran escala. En esencia, fueron más allá de la caridad puntual para crear fundaciones e infraestructuras duraderas, que luego se convirtieron en modelos para la filantropía organizada.

Esta primera ola de fortunas industriales fue controvertida incluso en aquel momento, y la filantropía abrió interrogantes sobre su influencia. Las grandes fundaciones pasaron a funcionar como una capacidad paralela al Estado.

El cambio del siglo XXI

El sector tecnológico y financiero generó una segunda ola de megadonantes que rivalizan, e incluso superan, a Carnegie y Rockefeller. @@FIGURE@@

La Fundación Gates, con un patrimonio actual de alrededor de US$ 70.000 millones, convirtió la filantropía en salud global en una organización de gran escala. Mark Zuckerberg y Priscilla Chan se comprometieron en 2015 a donar el 99% de sus acciones de Facebook, valuadas hoy en más de US$ 200.000 millones, a la filantropía. La Iniciativa Chan Zuckerberg articula donaciones e inversiones con objetivos como la cura de enfermedades y la mejora de la educación. Sus críticos afirman que la CZI desvió recientemente su atención hacia la política, en lugar de sostener su misión original.

Junto a estos donantes, surgió un ecosistema: fondos de donaciones asesoradas, empresas de asesoría filantrópica y plataformas de inversión de impacto. Algunos consideran que este complejo industrial sin fines de lucro es una red de dinero y poder que perpetúa parte de las desigualdades que dice intentar resolver.

MacKenzie Scott se convirtió en una filántropa destacada al donar con rapidez más de US$ 19.000 millones a miles de organizaciones sin fines de lucro. Sus donaciones fiduciarias y sin restricciones ponen el acento en la equidad y se diferencian de la filantropía tradicional basada en métricas, por lo que marcaron un nuevo estándar en el sector.

Los donantes transforman el sector con métodos más experimentales y con la mirada puesta en las causas de fondo, en lugar de los síntomas. Sin embargo, surgen interrogantes sobre la rendición de cuentas y la influencia de los fondos privados en los asuntos públicos.

Por qué la fundación de OpenAI podría ser importante ahora

La transformación de OpenAI se produce en un contexto de tensión institucional, con Washington cada vez más receloso de los compromisos externos, presupuestos de desarrollo ajustados y bienes públicos globales sin financiamiento suficiente.

Un fondo de esta magnitud puede sostener programas cuando los gobiernos recortan el gasto, colaborar con organizaciones internacionales durante cambios políticos y financiar proyectos que tardan décadas en dar resultados. Si la valoración de OpenAI continúa en alza, la Fundación OpenAI accedería rápidamente a decenas de miles de millones de dólares en activos adicionales, lo que la ubicaría entre las fundaciones benéficas más ricas del mundo.

La Fundación OpenAI cuenta con los recursos necesarios para atender tres carencias críticas. La primera es la ayuda global: financiar la acción climática, la salud global y el desarrollo ante la caída del apoyo estatal. La segunda es la democratización de la IA: impulsar la formación en IA, las herramientas de código abierto y el acceso a la investigación para comunidades marginadas, con el objetivo de reducir la desigualdad entre las grandes tecnológicas y la ciudadanía. La tercera es la rendición de cuentas en IA: la fundación puede sumarse a coaliciones como Humanity AI, con un presupuesto de US$ 500 millones, para apoyar el desarrollo de una IA centrada en el ser humano.

Queda por verse si la fundación aprovechará estas oportunidades y si podrá financiar de manera creíble a organizaciones capaces de criticar a la propia OpenAI.

¿Una época dorada para la filantropía?

La generosidad de OpenAI evoca la filantropía transformadora de la Edad Dorada, como las bibliotecas de Carnegie o los avances médicos de Rockefeller, y pone a prueba una pregunta de fondo: si la riqueza generada por la IA puede responder a los desafíos más difíciles de la humanidad.

Los filántropos de la Edad Dorada construyeron instituciones perdurables, aunque a menudo lo hicieron después de que la riqueza ya se había generado. El modelo de OpenAI apunta a una posibilidad distinta: integrar un propósito de beneficio público en la estructura al mismo tiempo que se crea riqueza. Que esto marque el inicio de una nueva edad dorada de la filantropía tecnológica o quede solo en promesas vacías dependerá de su ejecución. @@FIGURE@@

Fin de año es el momento en que renovamos nuestros compromisos. La conversión de OpenAI en diciembre es, en algún punto, un compromiso plasmado en un balance: la promesa de que una parte del potencial de la IA volverá al público. El próximo capítulo mostrará si ese compromiso se cumple.

Que la reestructuración de OpenAI se convierta en un nuevo modelo de filantropía en la era de la IA podría depender menos de sus propias promesas que del resultado de una batalla legal. Musk declaró en X que cualquier ganancia derivada de una victoria judicial se destinaría a obras benéficas y, según informes recientes, las demandas buscan que cualquier indemnización vaya al brazo sin fines de lucro de OpenAI. El jurado y el juez determinarán si el compromiso de OpenAI con el bien público tiene validez legal o si se trata apenas de una promesa corporativa.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.