En una conversación telefónica con Forbes en diciembre, David MacNeil, dueño de WeatherTech —una empresa privada con ingresos de US$ 800 millones— criticó con dureza el etiquetado de los productos. “Si entrás a cualquier tienda en Estados Unidos y agarrás una caja, la Comisión Federal de Comercio (FTC) exige que todo lo que compres indique el país de origen. Pero cuando comprás online, no hay ninguna regulación al respecto”, se quejó. “Los consumidores estadounidenses están siendo engañados y estafados al no saber dónde se fabrica el producto. Esta es una situación muy grave que debe ser rectificada, ya sea por una orden ejecutiva o por el Congreso”. Y agregó: “directrices de la FTC aún por crear”.
Aunque su reclamo tenía algo de exageración, las reglas que obligan a indicar el país de origen en los productos son complejas y no se aplican en todos los casos, según la FTC y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Este tipo de discurso patriótico hoy encuentra buena recepción en algunos sectores.
Apenas unas semanas después de su charla con Forbes, el presidente Trump nominó a MacNeil —miembro de Mar-a-Lago y donante de más de US$ 3 millones a sus campañas, comités de acción política (PAC) e inauguraciones— para cubrir una de las tres vacantes en la FTC. Si el Senado aprueba su designación, MacNeil —cuya fortuna, según Forbes, supera los US$ 4.000 millones— se convertirá en el duodécimo multimillonario conocido, o su cónyuge, en integrar el gobierno de Trump.
“Estoy listo para ponerme manos a la obra y ayudar a todos los consumidores estadounidenses”, declaró MacNeil, de 66 años, a Forbes. Sin dudas, también está preparado, si se confirma su cargo, para avanzar con una de sus principales obsesiones: impulsar la manufactura en Estados Unidos. Un primer paso podrían ser las nuevas reglas de la FTC sobre el "país de origen".
MacNeil ya promovía la fabricación nacional mucho antes de que se pusiera de moda. Empezó a vender productos hechos en Estados Unidos en 1994, cinco años después de fundar la empresa y el mismo año en que entró en vigencia el TLCAN, lo que dio inicio a una etapa de menores aranceles y una fuerte deslocalización. Desde entonces, fue ampliando su producción, y hoy WeatherTech fabrica todos sus productos en 11 plantas ubicadas en Illinois, con insumos que también provienen del país.
“Estamos tan integrados verticalmente que cocinamos nuestra propia comida para los empleados. Cortamos nuestro propio césped”, dice MacNeil. “Extruimos nuestro propio plástico. Diseñamos, fabricamos y fabricamos nuestros propios moldes y herramientas”, agrega.
MacNeil promocionó la producción estadounidense de WeatherTech en carteles publicitarios, avisos durante el Super Bowl e incluso en un almuerzo con donantes junto a Trump, antes de que fuera electo. Sentado al lado del futuro presidente, MacNeil asegura que Trump lo provocó. ‘David, podrías ganar mucho más dinero fabricando tus productos en China. ¿Por qué no los fabricás en China?’”, recuerda MacNeil que le preguntó. “Le dije: ‘Es más importante dar trabajo a mis compatriotas estadounidenses que ganar un dólar más apoyando la fabricación china’. Le gustó mucho esa respuesta”.
Los aranceles aplicados durante el segundo mandato de Trump ya favorecieron a WeatherTech frente a algunos competidores. “Los aranceles sin duda están afectando al sector automotor”, afirma Dan Daitchman, director gerente de la consultora financiera GA Group. Aunque los impuestos se concentraron principalmente en autos y piezas, también alcanzaron a los llamados repuestos y accesorios “de posventa”, como los que vende WeatherTech. Según explica, en el primer semestre de 2025, los márgenes brutos en esa industria se redujeron hasta un 4%. En el caso de WeatherTech, también se achicaron, aunque en menor medida: un 2%. Según MacNeil, esto se debe a las presiones inflacionarias y al alza en el precio del petróleo, que encarece su plástico.
Por otro lado, los aranceles de represalia sobre las exportaciones estadounidenses no representan un problema significativo para la empresa, ya que cerca del 95% de sus ventas se concretan dentro de Estados Unidos. “WeatherTech está obteniendo una porción más grande de un pastel que se encoge”, asegura MacNeil.
Todo eso, a su vez, impulsa su fortuna personal. Según estimaciones de Forbes, WeatherTech —de la que es dueño absoluto— vale US$ 2.400 millones. MacNeil también posee al menos US$ 320 millones en propiedades personales, en su mayoría ubicadas en Florida, adonde empezó a mudarse en 2016. Entre ellas, se destaca una propiedad valuada en US$ 27 millones para su hija en Wellington y una mansión de US$ 75 millones que acaba de comprar en Manalapan, ambas cerca de Palm Beach.
A eso se suma su colección de unos 350 autos, valuada en más de US$ 400 millones —aunque MacNeil asegura que valen US$ 500 millones—, y un conjunto de jets, aviones y helicópteros tasado en US$ 90 millones, que suele pilotear él mismo. “Volar es mi verdadera pasión”, dice. También posee otros activos, como propiedades comerciales en Illinois y Florida que alquila a pequeños negocios, entre ellos una cervecería, un local de polarizado de vidrios y una pizzería.
Muchas de sus inversiones se financiaron con las ganancias de WeatherTech. Según declaraciones de impuestos filtradas a ProPublica en 2020, MacNeil se asignó compensaciones generosas en algunos años, con ingresos por unos US$ 180 millones entre 2016 y 2018. Aunque evita revelar su salario actual —y asegura que empezó a reducirlo de forma significativa en 2019 para reinvertir más en el negocio—, sostiene que él y WeatherTech pagaron más de US$ 500 millones en impuestos en los últimos diez años.
MacNeil, que suele transformar cualquier charla en una defensa encendida de la industria manufacturera estadounidense, insiste en que el crecimiento de WeatherTech no solo lo beneficia a él, sino también al país.
“Tenemos que mantener nuestro poderío industrial”, afirma al explicar los precios de los productos de la compañía. “Si no tenemos la capacidad de fabricar cosas, estamos perdidos como sociedad. Nos hemos convertido en un país de servicios: gente cortando césped y peluqueando”, sostiene.
Se suele decir que los patriotas más fervientes son los ciudadanos naturalizados. En el caso de MacNeil, eso parece cumplirse. Nació en Canadá en 1959, pero emigró a los suburbios de Chicago con una tarjeta de residencia permanente cuando tenía menos de un año. Lo crió su madre, profesora de enfermería pediátrica en la Universidad de Illinois.
También fue ella quien le enseñó el valor del trabajo. “De chico, ni siquiera sé si sabía escribir ‘espíritu emprendedor’, y mucho menos qué era”, recuerda MacNeil. “Lo que sí tenía era una ética de trabajo para hacer un buen trabajo en cualquier cosa que me propusiera”, completa. Su primer empleo en la secundaria fue cargando nafta por US$ 3 la hora. Poco después, manejaba taxis y limusinas —una vez fue chofer del fallecido locutor Paul Harvey—, y trabajaba como maquinista y vendedor de autos. Con el tiempo, llegó a ocupar un cargo como vicepresidente de ventas en la firma de ingeniería automotriz AMG, y más adelante abrió su propio local de autos clásicos.
Los autos siempre fueron el centro de su pasión. “Crecí en la época dorada de los muscle cars en Estados Unidos. Los chicos populares siempre tenían un coche genial”, dice MacNeil. Compró su primer vehículo —y también el primero en su familia— en 1976 por US$ 300 (unos US$ 1.700 actuales): un Chevy Impala 1968 de dos puertas con el motor fundido, que reemplazó por uno que funcionaba y que consiguió en un desarmadero por US$ 100. En la universidad empezó a correr en competencias automovilísticas y hoy es piloto con licencia de bronce de la FIA. Su hijo menor, Cooper, es piloto profesional retirado; él y sus dos hermanos trabajan en WeatherTech. @@FIGURE@@
La idea de WeatherTech surgió durante un viaje a Escocia en 1989. MacNeil enfrentó mal tiempo y notó que las alfombras del auto que había alquilado tenían ranuras que evitaban que el barro y la nieve se deslizaran. Nunca había visto algo así en Estados Unidos. Anotó la marca, devolvió el auto y siguió con el viaje, pero no podía sacarse esas alfombras de la cabeza.
“Mi esposa me miró como si estuviera loco, porque estaba hablando de estas alfombrillas de goma”, recuerda. “Y yo le dije: ‘En Estados Unidos, la gente podría usarlas’”, agrega.
Una semana después, ya de regreso en Estados Unidos, MacNeil llamó a la empresa —Cannon Rubber, una firma británica que hoy ya no existe— y los convenció de que lo nombraran su distribuidor en América del Norte. Cannon le exigió pagar las alfombras por adelantado, así que pidió una segunda hipoteca de US$ 50.000 sobre su casa para comprar un contenedor de 6 metros. Por suerte, la demanda existía: en ese primer mes vendió US$ 30.000 en alfombras, principalmente visitando concesionarias locales y publicando un aviso en la revista Road & Track. En dos años, el negocio ya daba ganancias. @@FIGURE@@
La sociedad se rompió en 2007, cuando MacNeil denunció que las alfombras eran defectuosas. Ese mismo año se desligó de Cannon y comenzó a fabricarlas por su cuenta, al principio con la colaboración de un fabricante contratado.
Después, llegó el momento de construir su propia marca. “Hicimos algunos grupos focales, y una de las cosas que aprendimos fue que cuando alguien compra un auto nuevo, cualquier cosa que le pase es una tragedia”, dice Dave Sollitt, exejecutivo de planificación estratégica de Pinnacle, la agencia que en ese momento manejaba la publicidad televisiva de WeatherTech. “Un auto nuevo es la mayor inversión individual de una persona, después de una casa”. Los tres primeros avisos de televisión de la empresa costaron en total US$ 50.000. Mostraban a conductores en situaciones desastrosas: desde un café derramado hasta un perro —interpretado por uno de los golden retrievers de MacNeil— que subía al auto lleno de barro. En los primeros cuatro mercados donde se emitieron, las ventas de WeatherTech subieron cerca de un 250% en apenas un mes.
En 2014, MacNeil apostó US$ 4 millones en el primer aviso de la empresa para el Super Bowl. “Si querés convertirte en una marca conocida, necesitás estar en todos los hogares”, afirma.
Con el tiempo, MacNeil empezó a diversificarse más allá de los productos para autos. WeatherTech comenzó a vender alfombras para cocinas y baños, bandejas para baúles, posavasos, soportes para tabletas e incluso comederos de acero inoxidable para mascotas. “Intentamos resolver problemas con productos”, explica. Cuenta que diseñó esos comederos después de que se descubriera que algunos fabricados en el extranjero —como los que fueron retirados del mercado por Petco en 2012— contenían trazas de material radiactivo.
Hoy, la marca invierte más de US$ 100 millones al año en marketing. Eso incluye carteles publicitarios que cubren rutas en su ciudad natal, Chicago. Según MediaRadar, su gasto en publicidad exterior la ubica como la sexta empresa con sede en Illinois que más invierte en ese rubro. También destina en promedio US$ 8 millones por año a sus avisos del Super Bowl, que suelen apelar a imágenes y mensajes patrióticos y, claro, a sus perros.
La consultora Brand Keys ubicó a WeatherTech como la 24.ª marca más patriótica del país el año pasado. “Hicieron un trabajo brillante contando la historia de la marca”, sostiene Peter MacGillivray, especialista en ventas y marketing del sector. Señala que WeatherTech se diferencia por su atractivo tanto para fanáticos de los autos como para conductores comunes. “Se instalaron como una marca popular”, agrega.
Claro que ser "made in USA" tiene un precio. WeatherTech es conocida por sus precios elevados: los dueños de una Ford F-150 nueva —el auto más vendido del país— deben pagar US$ 140 por la alfombra premium FloorLiner HP.
“Cuando entendés de verdad todo lo que hay detrás de ese producto, es una ganga”, dice MacNeil. Destaca la tecnología de moldeo por inyección con medición láser, el polímero similar al caucho —de alta calidad e inodoro— y los “salarios reales” que paga a sus empleados, en comparación con sus competidores chinos. Los sueldos parten de unos US$ 22 por hora para puestos iniciales y llegan a entre US$ 30 y US$ 35 para posiciones calificadas. “No hay nada barato en lo que hacemos, pero sí excelencia”, expresa.
MacGillivray, referente del sector, coincide. Califica los productos de WeatherTech como “el estándar de oro”.
Últimamente, MacNeil empezó a explorar nuevos caminos. Uno de ellos es la política. En 2018, se pronunció a favor de DACA, el programa que protege de la deportación a personas indocumentadas que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños, y anunció que dejaría de donar a políticos republicanos que no lo respaldaran. “Es muy emotivo para mí porque yo mismo fui inmigrante”, afirma. MacNeil evita dar opiniones concretas sobre las políticas migratorias actuales de Trump. Solo comenta: “Las leyes de inmigración deben aplicarse de forma racional y compasiva hasta que el Congreso diga y legisle lo contrario. Claramente, nuestras leyes no pueden aplicarse de forma selectiva”.
Desde hace al menos un año, también impulsa públicamente la creación de esas “directrices de la FTC aún por crear”, que obligarían a informar dónde se fabrican los productos vendidos online.
Evidentemente, el presidente escuchó su reclamo. La nominación de MacNeil por parte de Trump podría permitirle pasar de la defensa a la acción. La FTC es una de las agencias gubernamentales más visibles: tiene la responsabilidad de proteger a los consumidores frente a prácticas comerciales desleales y anticompetitivas, y puede regular casi cualquier industria.
En mayo, el presidente también lo había propuesto como Embajador General para la Competitividad Industrial y Manufacturera —un cargo de menor peso—, pero el nombramiento quedó sin efecto a comienzos de este año porque el Senado no llegó a votar a tiempo. @@FIGURE@@
Por supuesto, esto abre la puerta a un posible conflicto de intereses. Si se aprueban las directrices que MacNeil promueve, la empresa estadounidense WeatherTech saldría directamente beneficiada. La FTC también tiene la facultad de sancionar a compañías —incluidos competidores de MacNeil— que hagan afirmaciones falsas sobre el origen de sus productos, como ocurrió cuando multó a Williams-Sonoma con US$ 3,17 millones en 2024. Dado que los recursos del organismo son limitados, cualquier decisión sobre qué casos priorizar implica dejar otros en segundo plano.
“No está del todo claro dónde se trazan los límites, pero si estuviste presionando activamente para cambiar una norma específica dentro del gobierno, no queda bien que después ingreses al gobierno y votes como comisionado sobre esa misma norma. Simplemente da la impresión de no ser imparcial”, afirma Richard Painter, exabogado especializado en ética de la Casa Blanca durante la presidencia de George W. Bush.
“Diría que el 97% de los asuntos que se tratan en la Comisión Federal de Comercio no tendrían un efecto directo y predecible sobre WeatherTech”, agrega Painter. “Pero creo que debería mantenerse al margen de todo lo relacionado con productos fabricados en Estados Unidos, si estuvo presionando sobre ese tema. Y eso podría ser un problema si el presidente Trump realmente intenta usar la FTC para avanzar con una política muy nacionalista y proteccionista”, completa.
Existen formas de mitigar la apariencia —o la existencia— de parcialidad. La más habitual es que los funcionarios políticos se excusen de votar en ciertos casos. Con menos frecuencia, señala Painter, pueden colocar sus activos involucrados en un fideicomiso ciego —algo difícil de aplicar en una empresa privada— o directamente venderlos.
A MacNeil no parece preocuparle el tema. “No haré nada que no beneficie a todos. No le tengo lealtad a nadie más que al pueblo estadounidense”, sostiene. Ya anticipa que dejará las operaciones diarias de WeatherTech si finalmente es confirmado en el cargo. “Si me acerco a un conflicto de intereses, me voy a recusar y consultaré con los abogados del gobierno o con mis superiores para pedirles consejo sobre cómo manejar la situación”, afirma. “Pero Dios no lo permita, que WeatherTech se vea arrastrada por un grupo tan grande como el resto de los fabricantes estadounidenses de nuestro gran país. Todos nos beneficiamos de mejores leyes y una mejor información para los consumidores; no creo que eso sea un conflicto de intereses”, dice.
Ya consideró algunas ofertas por WeatherTech, aunque no está tratando de venderla activamente. “Siempre digo que todo está en venta, menos mis perros, mi hija y mi esposa”, bromea (sus dos hijos, está claro, son negociables). Si llegara a desprenderse de la empresa, asegura que necesitaría la garantía de que el comprador mantendría su “filosofía de excelencia y atención al cliente”, agrega.
Por ahora, eso queda para más adelante. Esta semana, apenas comenzó con el papeleo necesario antes del proceso de confirmación en el Senado y está disfrutando el momento.
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com