El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años subió al 4,29 %. El alza fue de 0,06 puntos porcentuales en la jornada, lo que llevó al índice de referencia a su nivel más alto desde septiembre, cuando los tipos a corto plazo se ubicaban 75 puntos básicos por encima del nivel actual. El dato no es menor. Muestra que los inversores globales están deshaciéndose de deuda pública estadounidense a largo plazo y piden mayores rendimientos, aun cuando la Reserva Federal toma decisiones en sentido contrario.
La decisión llegó después de que el presidente Trump reavivara sus amenazas arancelarias. Todavía molesto por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz en 2025, Trump anunció el sábado que las importaciones provenientes de ocho países de la OTAN enfrentarían aranceles que comenzarían en un 10 % el 1 de febrero y subirían al 25 % el 1 de junio, a menos que respaldaran la compra de Groenlandia por parte de Estados Unidos.
Luego, amenazó con aplicar aranceles del 200 % al vino y al champán franceses, después de que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se negara a sumarse a la recién creada "Junta de la Paz" impulsada por Trump. Los inversores, aparentemente incómodos por la incertidumbre generada por el propio mandatario, respondieron exigiendo una mayor rentabilidad para sostener la deuda estadounidense.
En ese contexto, el reconocido inversor Ray Dalio lanzó una advertencia ya conocida desde el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Con un patrimonio estimado en US$ 15.400 millones, Dalio es el fundador de Bridgewater Associates, uno de los fondos de cobertura más grandes y exitosos del mundo, con más de US$ 90.000 millones en activos.
“Además de los déficits y las guerras comerciales, existen el capital y las guerras de capital”, declaró Dalio a la CNBC desde Davos. “Si consideramos los conflictos, no podemos ignorar la posibilidad de guerras de capital. En otras palabras, tal vez no exista la misma inclinación a comprar deuda estadounidense, etc.”, completó.
El multimillonario habla de guerras de capital desde hace años. Comenzó a escribir sobre el tema en 2018 y desarrolló la idea en su libro de 2021, Principios para afrontar el cambiante orden mundial. @@FIGURE@@
Dicho en términos simples, una guerra de capital ocurre cuando el dinero se transforma en un arma.
Las guerras comerciales se enfocan en los bienes: suben los aranceles, se frenan las importaciones y se traban las exportaciones. Las guerras de capital van más allá. Apuntan directamente al flujo de dinero que financia el comercio desde el inicio.
Cuando un país tiene un déficit comercial, necesita financiamiento. Ese dinero suele llegar desde el exterior. Gobiernos, instituciones e inversores extranjeros compran acciones, bonos o divisas de ese país.
Con el tiempo, esos vínculos financieros se vuelven más estrechos. Gobiernos como los de China y Japón son dueños de cerca del 25 % de la deuda pendiente de Estados Unidos, que ya suma US$ 38 billones.
En una guerra de capital, esos lazos se convierten en herramientas de presión. Los países pueden congelar o confiscar activos extranjeros, bloquear el acceso a los mercados de capitales, restringir préstamos, inversiones o sistemas de pago.
La investigación de Dalio muestra que este patrón se repitió varias veces a lo largo de la historia.
Dalio rastrea ejemplos que se remontan al siglo XVII, cuando la República Holandesa utilizó bloqueos navales para controlar el comercio global, aislar a rivales como Portugal de rutas clave y, finalmente, llevar a la bancarrota a imperios como el portugués y el español. También menciona los años previos a la Primera Guerra Mundial, cuando Alemania restringió el acceso de Rusia a los mercados de capital europeos. Esa presión financiera debilitó la economía rusa y alimentó la inestabilidad interna. Otro caso que destaca es el período previo a la Segunda Guerra Mundial. E
n ese momento, los embargos y las incautaciones de activos —como el embargo petrolero que impuso Estados Unidos a Japón— intensificaron la presión económica mucho antes del inicio de los combates. En conflictos más recientes, subraya las sanciones impuestas a Rusia, Irán y Corea del Norte. La congelación de activos, la prohibición de transacciones en dólares y la exclusión de sistemas de pago globales se usaron para aislar sus economías y limitar la capacidad de financiar comercio, gasto público y actividad militar.
Estados Unidos tiene un poder extraordinario en este tipo de conflicto. El dólar es la moneda de reserva mundial. Gran parte del comercio y las finanzas internacionales se manejan en esa divisa, y cerca del 60 % de las reservas de los bancos centrales se mantiene en dólares. Eso le da a Washington una enorme capacidad de presión sobre el sistema financiero global.
Pero también representa una debilidad. @@FIGURE@@
Si las tensiones geopolíticas escalan, los inversores extranjeros podrían decidir evitar activos denominados en dólares y reducir sus compras de deuda estadounidense, o incluso desprenderse de ella. En ese contexto, podrían ganar atractivo los activos que no pueden ser congelados, sancionados ni controlados por otro gobierno, como el bitcoin.
“Cuando hay conflictos, conflictos geopolíticos internacionales, ni siquiera los aliados quieren asumir la deuda del otro”, dijo. “Prefieren recurrir a una moneda fuerte. Esto es lógico y factual, y se repitió a lo largo de la historia mundial”, expresó.
Cuando Dalio habla de moneda fuerte, se refiere a activos que están fuera del sistema financiero. El oro es el ejemplo más evidente y, como era previsible, fue el que atrajo a los inversores este martes.
El metal precioso subió 3,25 % en la jornada y se encaminó a su mejor rendimiento diario desde octubre. En los últimos 12 meses, el oro se apreció 75 % y alcanzó el elevado nivel de US$ 4.053 por onza. Subas diarias de esa magnitud no son comunes para esta materia prima: desde 2004, el oro avanzó 3 % o más en un solo día apenas 47 veces, lo que equivale a una vez cada 113 sesiones de negociación. El bitcoin, que también parece estar fuera del alcance de los gobiernos, cayó 4 % en las últimas 24 horas, hasta los US$ 89.341, y acumula una baja del 12 % en el último año.