Florencia Radici Forbes Staff
Alejandro Ginevra lidera GNV Group, una desarrolladora con proyectos clave en Argentina y Uruguay. Ahora, planea branded residences con servicios de hotelería de lujo en Punta del Este. Y fue uno de los primeros y principales impulsores de Puerto Madero, donde desarrolla Madero Harbour, un espacio de usos mixtos.
“Arrancamos como una empresa inmobiliaria que hacía fundamentalmente comercialización de locales comerciales en el barrio de Once, con mi papá y mi abuelo. Después continué yo y, con el tiempo, nos transformamos en una desarrolladora. Teníamos un terreno importante en Puerto Madero y ahí decidimos encarar nuestros propios desarrollos”, explica Ginevra el origen de la compañía familiar, en el marco de Forbes Líderes Unplugged, en José Ignacio.
¿Qué los motivó a dar el salto a Uruguay y qué están haciendo hoy en Punta del Este?
Desde Argentina buscábamos algún lugar para hacer otro desarrollo y no concentrar todos los proyectos en un solo país. Miramos Miami rápidamente, pero queríamos algo en Latinoamérica. En Uruguay encontramos un lugar interesante para desarrollar nuestra actividad, cerca de casa. Vimos opciones en Rocha, pero finalmente decidimos invertir en Punta del Este.
¿Por qué Punta del Este?
Porque vimos que había una transformación importante después de la pandemia. Nosotros arrancamos antes de la pandemia y después vimos que el fenómeno de gente que quería venir a vivir, instalarse y trabajar en Uruguay ya era un hecho. Entonces decidimos invertir en Punta del Este.
¿Y qué tipo de proyecto buscaron desarrollar?
Queríamos hacer algo distinto, no otro edificio más como los habituales. En esa búsqueda llegamos a un acuerdo con Accor para desarrollar branded residences, un modelo que hoy funciona en todo el mundo, con alta competencia en lugares como Miami, Londres o Dubái. Creímos que era el momento indicado para Punta del Este. Buscamos el terreno y conseguimos uno en la avenida del Mar y la Rambla, muy cerca de la playa, con posibilidad de construir en altura, algo que no es sencillo en Punta del Este. Logramos los permisos para hacer dos torres y firmamos el contrato con Accor. El año pasado hicimos el lanzamiento del proyecto y a fines del año pasado comenzamos la construcción.
¿Cómo es el proyecto?
SLS Punta del Este es un complejo hotelero y residencial con dos torres. Una tiene 80 habitaciones de hotel y el resto son residencias; la otra torre es completamente residencial. Comparten amenities, va a tener tres o cuatro restaurantes, un sky bar muy interesante con vistas a toda la península, la Brava y la Mansa. Es algo distinto para Punta del Este. El edificio va a tener las características propias de la cadena. Nosotros somos los desarrolladores y damos la impronta, pero la decisión final sobre el producto la tiene Accor, con toda su experiencia como cadena internacional. Ya hicimos habitaciones modelo y en estos días vienen directivos de Accor para revisarlas y hacer correcciones. @@FIGURE@@
¿Cuáles son los diferenciales?
El propietario accede a la experiencia completa de un hotel cinco estrellas, con la privacidad y el valor patrimonial de una residencia. El proyecto está pensado para un cliente que busca flexibilidad: puede vivir la residencia, usarla algunos períodos del año o integrarla al programa de rentas gestionado por el hotel, sin ocuparse de la operación. Uno de los grandes diferenciales es el programa de rentas hoteleras, que permite que la unidad sea operada por la marca bajo estándares internacionales. Esto es especialmente atractivo para compradores que no residen todo el año en Punta del Este.
¿Cómo es el perfil del comprador que están viendo?
Al principio creíamos que el gran comprador iba a ser el argentino, como históricamente pasó en Punta del Este. Pero en el proceso vimos que eso cambió. Hoy tenemos compradores de Europa, de Singapur, canadienses, americanos y muchos brasileños. Antes se decía que al brasileño le costaba invertir y que venía solo por ocio, pero hoy vemos un mercado brasileño muy potente. Accor es muy conocida en Brasil y eso atrae al cliente. Este es un proyecto internacional. Cuando alguien invierte, no piensa solo en vender dentro de Uruguay o Argentina, sino que tiene un mercado global para la reventa. Eso hace que los valores se incrementen. Es un producto muy internacional. Son inversores y usuarios finales que valoran el respaldo de una marca global, la previsibilidad en la gestión y un producto alineado a estándares internacionales. Para muchos compradores, el valor no está solo en el activo inmobiliario, sino en contar con un operador hotelero que gestione la experiencia y la renta, algo que no suele estar presente en desarrollos residenciales tradicionales.
Alguna vez dijiste que los desarrolladores tienen la responsabilidad de “hacer las ciudades lindas”. ¿Cómo ves ese rol?
Estoy convencido de que los desarrolladores tenemos una responsabilidad muy grande. En el afán de diseñar nuevos negocios y edificios, hacemos que las ciudades sean lindas o no lo sean. No es solo hacer negocios: lo que hagamos tiene que perdurar en el tiempo. Me gusta pensar que dentro de muchos años nuestros nietos puedan decir con orgullo que esos edificios los hizo su abuelo. Trabajamos para que las cosas duren. @@FIGURE@@
Tenés un recorrido muy fuerte en Puerto Madero. ¿Cómo llegaron ahí cuando todavía no era nada?
No lo vi yo, lo vio mi padre. En el año 1988 él quiso comprar todo Puerto Madero. Hizo una propuesta al gobierno radical de ese momento y le dijeron que no. Después, con el gobierno de Menem, surgió la idea de subdividir en parcelas. Mi padre armó un grupo para comprar el Dique 1, que era el más grande. Arrancamos con la comercialización y el desarrollo de los dos primeros edificios. Yo le preguntaba por qué no comprábamos en otro lugar, y él me explicó que Puerto Madero es un triángulo y que el Dique 1 era la parte más ancha, donde se podía desarrollar mejor y donde en el futuro bajarían las autopistas. Ganamos la licitación con el grupo, pero mi padre falleció y no pudo hacer el desarrollo. Me encargué yo de continuarlo, de comprar la parte de los socios y quedarnos como familia con el 100% del negocio.
Ahí aparece Madero Harbour. ¿Cómo surge ese proyecto?
Era un terreno de 21 hectáreas. Cuando murió mi padre tuve que vender algunas tierras y nos quedamos con ocho hectáreas. Queríamos hacer algo distinto. Veníamos de desarrollar y comercializar centros comerciales y veíamos en otras ciudades el auge de los proyectos de uso mixto. Entonces decidimos hacer residencias, oficinas, locales comerciales, un paseo a cielo abierto y un hotel. Tenemos un contrato con Marriott para hacer el primer W de la Argentina, que también va a tener residencias. Es un proyecto que resume en un solo lugar las necesidades básicas: vivir, trabajar, entretenerse, comer. Para mí, el lujo hoy es eso: vivir cerca de todo, estar conectado, tener la sensación de que todo está resuelto. Los edificios lujosos hoy son los que generan comunidad.
¿Cómo ves hoy a la Argentina?
Desde que tengo uso de razón siempre fui optimista. Los desarrolladores trabajamos a largo plazo, no nos queda otra que mirar el futuro. Nos equivocamos muchas veces, pero siempre creemos que la Argentina va a andar bien. Con este nuevo gobierno creemos que se están haciendo las cosas que había que hacer. Falta tiempo, pero vamos por buen rumbo, y la región también. @@FIGURE@@
La empresa sigue siendo familiar. ¿Alguna vez dudaste de dedicarte a esto?
No. Terminé el colegio a los 17, era muy mal alumno y me echaron la última semana. Tuve que rendir todo libre. Mientras me preparaba escuché que el colegio quería expandirse. Fui, vestido de alumno, hablé con el dueño del terreno de atrás, lo convencí y le vendí el terreno al colegio. Esa fue mi primera operación inmobiliaria. Nunca dudé. No tuve el dilema de qué estudiar: estaba seguro de que quería trabajar con mi familia en el sector inmobiliario. Nunca hice otra cosa. Hoy mi esposa y mis hijos trabajan en la empresa, todos están orgullosos de dedicarse al real estate.
¿Logran separar trabajo y familia?
No. Fluye todo el tiempo. Estamos comiendo y hablamos de reservas, de formas de pago. El real estate es una charla cotidiana en casa. Alguno de mis hijos a veces me dice “hoy es domingo”, pero el trabajo fluye todo el tiempo.
Antes de terminar, intentaste ser futbolista profesional. ¿Qué te dejó esa experiencia?
No quise el sacrificio y por eso no llegué. Jugué en Ferro, River y Huracán, del que soy hincha. Requería mucha disciplina, cuidarse, entrenar mucho. Yo preferí trabajar. Tampoco era tan bueno, sin duda.
¿De qué estás más orgulloso?
De haber ido siempre para adelante en la adversidad. La resiliencia me hace bien. Y de la familia que formé. No es fácil mantener la unión en los tiempos que vivimos y eso me enorgullece mucho.
¿Y algún error grande?
No me acuerdo de errores grandes. Sí de errores, claro, pero no me cuestiono el pasado, miro para adelante. El error grande lo voy a cometer cuando sea presidente de Huracán. Es una asignatura pendiente. Es una pasión, algo que tiene que ver con la familia, la historia, mi viejo, mi abuelo. Algún día veremos cómo sale.