En poco más de dos años, Zapia pasó de ser una idea presentada en un evento a convertirse en una plataforma con millones de usuarios y capital de riesgo internacional detrás. En el marco del ciclo Forbes Líderes Unplugged, Martín Alcalá Rubí habló del impacto que tuvo la decisión de Meta de restringir el uso de bots, de la construcción de compañías tecnológicas desde Uruguay hacia el mundo y de las claves (pasión, obsesión y escala) que, según su experiencia, marcan la diferencia entre un proyecto que queda en el camino y uno que logra trascender fronteras.
Zapia está en juicio con Meta, puntualmente con WhatsApp. ¿Qué es Zapia y qué es lo que está pasando?
Zapia es un agente de IA (inteligencia artificial) enfocado en los latinoamericanos. La idea es que nos ayude en tareas del mundo real para ahorrar tiempo y dinero. Lo que pasó ahora es que Mark Zuckerberg dio la orden de bajar todos los bots, es decir, todas las IA que funcionaban en WhatsApp, para que solo opere la IA de Meta. El objetivo es apuntar a compañías grandes como OpenAI y otras. Nosotros quedamos en el medio. Igual estamos muy optimistas. No hay que olvidarse que Zapia es una de las compañías de mayor crecimiento de la historia latinoamericana, así que confiamos en que vamos a poder seguir adelante.
¿Cómo fue el proceso? Porque de un día para el otro les dijeron que tenían que salir de WhatsApp. ¿Cómo lo tomaste?
Fue sorpresivo, sin duda, pero de alguna manera es parte de las reglas del juego. También fue parte de lo que nos dio la oportunidad de crecer tan fuerte. Sabemos que todos los bots se van a tener que ir, así que todas las compañías de consumer van a estar en la misma situación. Nosotros tenemos una app que está buenísima y además vamos a lanzar un feature muy interesante que va a permitir que la app de Zapia maneje tu WhatsApp con más funcionalidades que antes.
¿Cómo lo tomaron los usuarios? ¿Qué feedback recibieron?
Fue bastante inesperado para bien. Cuando lo anunciamos en redes recibimos muchísimos mensajes de cariño desde muchos lados Por ahora estamos superoptimistas. Además, para nuestra sorpresa, los juicios en distintos continentes vienen avanzando bien. La semana que viene se cumple el último plazo que dio Meta, así que veremos qué sucede.
¿Qué puede hacer hoy una persona que usa Zapia?
Se pueden hacer un montón de cosas. Lo que más usa la gente es la transcripción de audios. También podés agendar recordatorios, programar mensajes para que se envíen más tarde, leer noticias. Recomiendo mucho visitar nuestro Instagram, @Zapia_AI, donde explicamos de forma muy divertida todas las funcionalidades.
Ustedes tenían como objetivo llegar a 100 millones de latinoamericanos y en seis meses lograron lo que esperaban en un año. ¿Cómo están hoy?
Sigue siendo nuestra meta. Hoy no hay una compañía de IA supergrande o icónica en Latinoamérica. Ojalá podamos ser una, o parte de un ecosistema que lo sea. Ya tenemos más de seis millones de usuarios y pretendemos seguir creciendo.
¿Y el modelo de negocio?
Hoy es gratuito. Estamos en un momento de la industria donde entendemos, y nuestros inversores también, que lo más importante es el engagement. Si tenés una plataforma con engagement, vas a encontrar distintas maneras de monetizar. Una es la suscripción, donde el usuario paga una tarifa pequeña por más funcionalidades. Otra es el ámbito de las transacciones: si se hacen transacciones a través de Zapia, se puede comisionar sobre eso. Si logramos que Zapia sea la plataforma de IA de facto en Latinoamérica, no van a faltar oportunidades de monetización.
Lograron que Silicon Valley mirara hacia acá. ¿Cómo se hace eso?
Es lo que llaman un overnight success de 16 años. Nosotros empezamos con Tryolabs ofreciendo servicios de desarrollo para Estados Unidos, en particular para Silicon Valley. Después creamos MonkeyLearn, una compañía de análisis de texto y minería de datos que fue adquirida. Son muchos años de viajar, entender el mercado, hacer los deberes. No es tan imposible como a veces parece. Hicimos muchos experimentos: vender software a 10.000 km de distancia, levantar inversión, entrar en aceleradoras como 500 startups. Con Zapia el experimento fue ¿podemos levantar capital de riesgo con una idea? Lanzamos la compañía en un evento de Forbes en Punta del Este y a los tres meses nos fuimos a Silicon Valley. En un mes y medio levantamos US$ 5 millones. Hoy la compañía lleva levantados más de US$ 12 millones en poco más de dos años.
Hace más de 15 años que apostás a la tecnología. ¿Cómo se trabaja en algo que al principio mucha gente no entiende?
En mi caso fue casi una casualidad. En 2009 parecía una locura vender software a alguien que no conocías, a 10.000 km de distancia, y cobrar mejor que en Uruguay. Sabía que si trabajábamos en tecnologías profundas, con el talento que hay en Uruguay, podía funcionar. Uno de mis socios era un apasionado de la inteligencia artificial. Yo venía más por seguridad informática y telecomunicaciones, pero siempre me apasionó la ciencia. A veces también pasa que llegás antes de que el mercado esté preparado. Por ejemplo, en 2020 quise crear la primera compañía de software de quantum computing en Latinoamérica y entendí que era demasiado temprano.
También sos inversor ángel. ¿Qué es lo que más valorás cuando alguien te presenta un proyecto?
Yo estoy del otro lado del mostrador, porque también levanto capital. Cuando hablo con un emprendedor me veo más como un padre. Lo que más valoro es la pasión. Esto es durísimo: estás creando algo que no existe, nadie te está esperando. Si no te brillan los ojos, no llegás. También valoro la inteligencia, el talento y algo que a mí me ayudó mucho que es ser obsesivo. Pasás años buscando una solución. Y un poco de suerte nunca viene mal.
¿Y los errores más comunes que ves?
Engancharse con modas en vez de problemas de fondo. Pensar en chico. En Uruguay muchas veces pensamos en negocios pequeños. Hay que pensar muy grande. Nosotros hoy estamos en conversaciones con Google, eBay, Twitter. Eso te demuestra que es posible.
¿Qué aprendiste de tratar con esos líderes globales?
Que son personas comunes. Mucho más terrenales de lo que uno imagina. A veces encontré más ego acá que allá. Allá se premia el talento y el mérito. Hay una cultura de construcción permanente, un optimismo muy fuerte.
¿Cómo se sobrevive a tantos “no”?
Recibí más de mil “no” por cada “sí”. No es racional. Es instintivo. Yo creo mucho en la oportunidad. No es lo mismo un “no” solo que un “no” con una pista. Y también importa quién te dice que no. Yo lo veo como un juego, como un desafío.
¿Qué le falta a Uruguay para posicionarse mejor?
Creo que vamos por buen camino. Hay talento, buena educación pública y privada. Tenemos que seguir construyendo casos de éxito. Una empresa tecnológica grande podría ocupar a todo el sector IT del país. Genuinamente creo que la tecnología puede cambiar Uruguay y generar un derrame muy positivo, aunque todavía hay mucho por mejorar, sobre todo en educación y en la infancia.
Para cerrar: un consejo para los empresarios que quieren apostar por emprendedores nuevos.
Las empresas grandes saben que necesitan innovación, aunque no siempre saben cómo. A veces funciona crear áreas internas, otras veces incorporar startups o trabajar con ellas. Eso es excelente para el ecosistema. Hoy más que nunca las empresas grandes van a tener que nutrirse de la innovación que viene de las pequeñas. La tecnología va a generar ventajas competitivas enormes para quienes la adopten. Lo veo como una gran oportunidad.