En 1964 una familia de industriales levantó Prinsatex (Primera Industria Salteña Textil). Fabricaban bombachas de campo y tejidos de punto cuando la industria textil uruguaya todavía tenía volumen y escala. Tres décadas después, la apertura de importaciones en los 90 dejó a buena parte del sector contra las cuerdas. La empresa no fue la excepción.
La historia no terminó ahí. En 2007, con apenas dos máquinas, la familia volvió a apostar por fabricar. Así comenzó la nueva etapa de Invencible, una marca que hoy produce 65.000 prendas al año, ocupa 60 personas y acaba de firmar su llegada a Montevideo.
“Con 60 personas hoy somos la segunda o tercera industria textil del país. Mi viejo con esa misma cantidad de gente, hace 40 años, estaba en el puesto 15”, dijo Gonzalo Pérez Murad, uno de los directores, en charla con Forbes Uruguay. El contraste dimensiona el achique que sufrió el rubro.
Especialización, inversión y escala
El punto de inflexión fue en 2008, cuando decidieron volver a concentrarse en la bombacha de campo. Es una prenda más compleja que un jean tradicional. Lleva más costuras, refuerzos y terminaciones. “Mientras hacés dos jeans, hacés una bombacha”, graficó Pérez Murad.
La empresa se especializó en lo que internamente llaman “la parte de abajo”: bombachas, pantalones y bermudas. Esa línea es 100% de fabricación nacional. El resto del catálogo (remeras, camisas y abrigo) se importa desde China, Bangladesh y Pakistán. El negocio está dividido prácticamente mitad y mitad entre producción local e importación.
Hoy la planta suma 2.300 metros cuadrados entre fábrica y depósito. En 2023 ejecutaron una inversión de US$ 700.000 para ampliar 500 m² e incorporar maquinaria de Alemania e Italia. Ahora proyectan otros US$ 500.000 para sumar espacio, mejorar el servicio a mayoristas y franquicias y abrir un outlet contiguo a la fábrica.
De mayorista del interior a franquicia nacional
Durante años el crecimiento fue a través del canal mayorista. En 2022 profesionalizaron el modelo de franquicias y comenzaron a expandirse con locales exclusivos de marca con la ayuda de la consultora uruguaya Surplus Internacional, que todavía los asesora.
Hoy cuentan con siete franquicias (cinco fuera de Salto y dos en la ciudad) y firmaron nuevas aperturas en Trinidad y Montevideo, previstas para abril. La inversión base para un franquiciado ronda los US$ 120.000, según la localidad y el tamaño del local. Desde la empresa esperan finalizar el 2026 con, por lo menos, diez franquicias abiertas.
Sin embargo, la llegada a la capital no siempre estuvo en carpeta. “Siempre tuvimos respeto por la distancia. Estamos a 500 kilómetros. Pero la gente del sur pedía la marca”, admitió el empresario. El local de Pocitos será el ingreso formal al principal mercado del país.
Marca, comunicación y posible salto internacional
Otro cambio estructural fue la incorporación de un equipo de más de seis personas en comunicación y marketing. Ese músculo les permitió actualizar la propuesta, ampliar la línea hacia básicos urbanos y ordenar la expansión.
La marca mantiene su ADN vinculado al campo, pero hoy también apunta al consumidor urbano. Ese reposicionamiento les abrió nuevas puertas. Fueron sondeados para llevar el modelo de franquicias a Paraguay y España y actualmente evalúan la viabilidad logística y comercial de esos mercados.
Mientras tanto, refuerzan presencia en su base natural. En la próxima Expoactiva Nacional tendrán un stand de más de 60 metros cuadrados, uno de los más grandes que han montado hasta ahora.
“Creo que sí se puede fabricar en Uruguay. Hay que buscarle la vuelta”, cerró Pérez Murad.


