Del costo al bienestar: cómo cambiaron los viajes corporativos y qué buscan hoy las empresas
El estrés del viajero, el avance del “bleisure” y la inteligencia artificial aplicada redefinen un sector que sufrió enormes cambios en los últimos años.

Una ejecutiva aterriza después de 12 horas de viaje, con dolor de cabeza y sin haber dormido. Dos horas más tarde debe cerrar un negocio millonario y en la empresa están todos expectantes por su performance, pero lo cierto es que sus posibilidades de éxito están estrechamente ligadas al ahorro que significó ese pasaje más barato, en economy y las cuatro escalas que le llevó la travesía.

Los viajes corporativos cambiaron mucho en los últimos años, sobre todo después de la pandemia, que marcó un antes y un después para el sector. La incertidumbre geopolítica y la volátil economía global dejan huella, pero las agencias de viajes son conscientes de que, pese a todo, el factor humano sigue en el centro.

Los números muestran ese cambio. Según datos que compartió Julliane Marques Cortez, directora de Ventas MLAC en FCM, el 80% de los viajeros corporativos sufrió en 2025 algún tipo de interferencia en sus viajes (cancelaciones, factores climáticos o geopolíticos); el 53% debió usar su seguro de emergencia en trayectos internacionales y el 43%, directamente, no se siente seguro de viajar.

En ese sentido, la ejecutiva mencionó un término que se puso de moda en el sector, pero que lejos de ser nuevo designa a una práctica ya conocida: es el travel sprinting. “Las empresas buscan reducir costos, pero al final se afecta al viajero, a su performance”. “¿Y qué hacemos desde las agencias de viajes? Ser flexibles, entender las necesidades, entender que todos van a buscar ahorros, pero que la pregunta central es: cómo viajo mejor, cómo soy más eficiente y dejo a mis viajeros más tranquilos”, enfatizó. 

¿Bleisure o bienestar?

Otro de los conceptos que cobró fuerza en el último tiempo es el de “bleisure”, que implica extender un viaje corporativo o anticiparlo, sumando días personales. Es un término que se escucha cada vez más en el ambiente pero que, explicó Mercedes Del Castillo, directora comercial de Furlong Fox (FCM Argentina), todavía no se aplica realmente. En cambio, graficó, de la centena de empresas con las que trabajan, son solo dos las que ofrecen esta opción a sus colaboradores.

Se trata de una petrolera global que permite sumar días personales siempre que no encarezcan el aéreo y una farmacéutica alemana que ofrece, en vuelos de más de ocho horas, un crédito de hasta US$ 750 para uso personal a aquel colaborador que decida resignar la cabina ejecutiva.

Y aunque en la teoría parece beneficiosa, incluso como atractivo a la hora de captar y retener personal, a nivel empresarial se mira con otros ojos: es una opción que puede generar complicaciones o costos extra, lo que desestimula a que la práctica incremente.

Diferente es el bienestar. En este sentido, Del Castillo indicó que esta práctica, prima hermana del “bleisure”, lo que hace es obligar a cambiar el tema de fondo: “Ya las empresas no se pueden preguntar solamente cuál es el costo de este viaje”, sino cómo llega el colaborador. “¿Llega bien, llega agotado, no rinde porque lo hice viajar a Dubái con cuatro conexiones?”, graficó.

¿Hasta dónde llega la tecnología?

Ambas directivas coincidieron en que la inteligencia artificial se volvió pieza clave del trabajo para el sector corporativo. En FCM, contó Marques Cortez, un asistente virtual cruza el perfil del viajero con la política de cada empresa para responder, por ejemplo, si un pasaporte requiere visa para determinado destino o si un empleado puede volar en business según su categoría. 

Del Castillo sumó un uso concreto del lado operativo: en una cuenta que recibe 12.000 correos mensuales, la IA hoy clasifica los pedidos en 40 categorías sin necesidad de que un humano la abra siquiera.

Ese límite se vuelve tangible en la gestión de crisis: ante un conflicto como el de Oriente Medio, planteó Marques Cortez, una empresa necesita saber al instante qué viajeros están en zona de riesgo para poder sacarlos del país, algo que se resuelve combinando datos en tiempo real con atención humana las 24 horas.

Pero el límite está en lo que la tecnología no reemplaza. “La tecnología sí sirve para apoyar en lo ordinario”, dice Marques Cortez, “pero en lo extraordinario, ahí es donde vendemos servicios”. Su síntesis fue: “la tecnología es importante, pero lo humano, más”.

¿Qué hace la diferencia en la experiencia?

Sofía Fernández, directora ejecutiva y cofundadora de Trotamundos, trasladó su experiencia como viajera de placer -que la llevó a recorrer más de 60 países- a un emprendimiento asociado, convirtiéndose así también en una viajera corporativa.

Fernández resaltó que es clave tener flexibilidad para adaptarse cuando los planes cambian y que su experiencia de turista tradicional hoy en día le sirve para saber leer los códigos culturales como insumo para negociar

“Por ejemplo, en Europa la mesa es cuadrada y cada uno tiene su lugar. Sin embargo, cuando vas a Asia, la mesa es redonda, no hay lugares específicos y se comparten los platos”, relató.

En el plano del producto, Fernández puso ejemplos tangibles de detalles que pueden ser determinantes a la hora de elegir un servicio. “Una valija de mala calidad te hace la diferencia; que te falte un adaptador o un power bank te puede dejar desconectado”. Además, dijo que hay varias compañías que le vienen planteando pedidos en ese sentido: carry-on que tengan un compartimento para la notebook y mochilas con logo, como oportunidad de branding, entre otros.