Salir de la ratonera
Nelson Fernández Salvidio Periodista, docente y escritor
Nelson Fernández Salvidio Periodista, docente y escritor
La reina María de Inglaterra cumplía 80 años en 1946 y la BBC quiso homenajearla con una obra radial escrita por Agatha Christie. Para eso, le encomendó a la famosa escritora que eligiera el tema y redactara el guion. Agatha Miller (1890-1976), conocida por el apellido de su primer esposo, se inspiró en una cruda canción infantil “Tres ratones ciegos” (Three Blind Mice) sobre roedores a los que les cortaban la cola.
El radioteatro llevó ese nombre, pero con otra historia.
Tras el éxito de la obra radial, Agatha Christie la adaptó al teatro con el nombre “La ratonera” (The Mousetrap), que se estrenó en 1952 en el Teatro Royal Drury Lane de Nottingham, y no paró de representarse hasta 2020. Aquella obra giraba en torno a un grupo de personas atrapadas en una casa aislada por la nieve, a la que había llegado un anuncio de asesinato. Encerrados en ese lugar, como si fuera una ratonera, incomunicados, especulaban, temían, se enfadaban, desconfiaban. Sin información y sin conexión con la vida real, la pasaban mal.
Sin embargo, circula en los corrillos del gobierno una especie de autocrítica sobre “fallas en la comunicación”, y la comunicación no es solo lo que se divulga sino un intercambio, un diálogo: es un trato entre dos. Oír no es lo mismo que escuchar: oír es “percibir con el oído los sonidos”, y escuchar es “prestar atención a lo que se oye”.
El gobierno cumple un año de gestión y en sus propias filas se reconoce que transmite un mensaje confuso de plan o planes, que no se visualiza algún “buque insignia” y que no entusiasma a los suyos. Aparece el plan del Ministerio de Economía, estructurado en su diseño, pero justo eso no agrada a la mayoría de los sectores frenteamplistas que no sean el MPP. Y dentro del MPP, muchos reconocen que respaldan por disciplina partidaria aunque no es lo que más les agrada. Pero eso es solo un ministerio.
“La ratonera” representa el riesgo del que se encierra en un micromundo y no escucha lo que se dice del otro lado. Un empresario no puede encerrarse en su compañía y hacer lo que cree que está bien, sin ver ni entender al público. Un cantante o músico no puede encerrarse en su estudio de grabación sin entender a la gente que escucha sus temas. Un político no puede hacer campaña proselitista en un cuarto de estrategia, sin escuchar a su gente y mirar a los ojos de sus votantes. Un gobierno, atrapado por la intensidad de la gestión y la demanda constante de asuntos a resolver, siempre corre riesgo de encerrarse en una ratonera.
El gobierno de Yamandú Orsi parece que escucha, que no pierde el contacto con la gente, que se lo ve a él y a sus ministros en actos y recorridas por lugares diversos, barrios, empresas, proyectos. Y además, cuenta con informes profesionales de opinión pública para entender qué siente y expresa la gente. El gobierno en su conjunto transmite confusión y aparece con cierta desconexión de los diversos públicos. ¿Es un problema de fallas de comunicación, falta de plan, incongruencia entre planes de oficinas diversas (incluso dentro de Casa de Gobierno) o hay una cuestión de fondo más compleja?
Ya se sabía que este gobierno, ganara quien ganara en el balotaje, iba a tener un desafío en liderazgo, porque ni Orsi ni Delgado lideraban sus partidos y venían a continuación de figuras demasiado fuertes. A la falta de liderazgo político se suma un panorama tenso en la interna sobre la orientación ideológica en la política económica. Eso puede explicar que el núcleo del gobierno construya una muralla para preservarse de presiones (“fuego amigo”), pero ese muro lo termina aislando y lo deja escuchándose a sí mismo.
Al arranque del segundo año de gestión, el gobierno de Orsi corre el riesgo de quedar encerrado, sin escuchar. Precisará tomar la iniciativa, marcar la agenda de debate, despertar entusiasmo en los suyos y recuperar confianza en los otros. Desde aquel radioteatro escrito para una reina, el mensaje es que no es bueno quedarse encerrado, porque “la ratonera” aísla.