La diseñadora uruguaya Gabriela Hearst acaba de cruzar una nueva frontera en su carrera global: el cine. Y no cualquier cine. Uno de sus vestidos fue elegido para vestir a Anne Hathaway en la esperada secuela de El diablo viste a la moda, una franquicia que redefinió la relación entre moda y cultura pop.
El dato no es menor. La película, que se estrena en cines por estos días y ya genera furor en todo el mundo, vuelve a poner el foco en el universo editorial y fashionista, y esta vez lo hace con un guiño rioplatense, y más precisamente Paysandú, como origen de una pieza que ya se volvió viral.

Un vestido, 40 artesanos y una narrativa de lujo sostenible
El diseño en cuestión pertenece a la colección primavera-verano 2025 de Hearst. Bautizado Let it Rip, el vestido, una pieza sin mangas, fluida y multicolor, combina lino trabajado artesanalmente con una técnica que transforma el arte en indumentaria.
Cada hebra fue pintada a mano y ensamblada por un equipo de 40 especialistas: 30 bordadores y 10 pintores. El resultado es una pieza única, con una paleta que recorre del azul klein al amarillo vibrante, con acentos en rosa y celeste. Precio: US$ 7.900.

No es solo moda. Es posicionamiento. En una industria donde el lujo enfrenta cuestionamientos por su escala y sostenibilidad, Hearst redobla su apuesta por la trazabilidad, los materiales naturales y la artesanía como diferencial competitivo. “Mientras tengamos un producto sólido, con integridad, todo lo demás se puede ajustar”, sostuvo la diseñadora en entrevista con Forbes Uruguay .
De marca nicho a jugador global
La irrupción en Hollywood llega en un momento de expansión para la marca. Con presencia en más de 14 mercados, tiendas propias en Nueva York, Londres y Asia, y el respaldo minoritario de LVMH, la firma proyecta crecer un 24% anual, incluso en un contexto donde el lujo desacelera.
El modelo de negocio es claro: menos volumen, más valor. Hearst evita el wholesale en etapas clave, controla su distribución y construye lealtad, el 65% de sus clientes vuelve a comprar, en torno a producto, no marketing. Una anomalía en la industria.

Uruguay como activo de marca
El salto al cine coincide con otro movimiento estratégico: su alianza con la Asociación Uruguaya de Fútbol para diseñar la vestimenta de la selección en el Mundial 2026.
El proyecto no es solo estético. Es storytelling país. Uruguay aporta algo que pocas marcas pueden capitalizar con credibilidad: sostenibilidad real. Con el 98% de su matriz eléctrica basada en energías renovables, el país se alinea con los estándares productivos de Hearst y refuerza su narrativa de lujo consciente.
Para la diseñadora, ese vínculo no es oportunista. Es identidad. Séptima generación de una familia agropecuaria, criada entre ovejas merino y ganado, su aproximación a la moda está atravesada por la lógica del campo: calidad, paciencia y largo plazo.

“Slow and steady wins the race. O como decimos en Uruguay: despacio por las piedras”, explicó en la entrevista con Forbes Uruguay.
Hollywood, fútbol y lujo: el nuevo mapa
La aparición en El diablo viste a la moda 2 no es solo un cameo de marca. Es una señal.
Hearst está expandiendo su territorio más allá de las pasarelas: cine, deporte, cultura. Un movimiento que redefine el lujo contemporáneo, donde la visibilidad ya no pasa solo por la alfombra roja, sino por narrativas transversales que conectan industrias.
En ese cruce, una diseñadora de Paysandú logró algo difícil: convertir origen en ventaja competitiva y artesanía en lenguaje global.