Con motivo del aniversario número 100 de la icónica revista The New Yorker, Netflix estrenó un nuevo documental que muestra al público el funcionamiento detrás de esta prestigiosa publicación parte del grupo Condé Nast con altísimos estándares de calidad, que no solo ya es marca registrada de la ciudad, sino que también sostiene un negocio que se ha aggiornado y diversificado para hacer frente a los tiempos que corren. Y que en un momento tan crítico para el periodismo, como explica su actual editor el ganador del Pulitzer, David Remnick, es algo bastante cercano a un milagro.
El documental, dirigido por Marshall Curr y producido por Judd Apatow, está contado en dos líneas temporales que van y vienen del pasado y al presente, narrado por un lado por la actriz estadounidense Juliane Moore que va comentando hitos de su fundación en la década del ’20, y dando contexto para los cambios en el mundo y los distintos abordajes que la revista hizo. Por otro lado, en el presente, se ve el detrás de escena de la redacción y la cuenta regresiva para el cierre del número especial por el centenario
A continuación, algunas de las lecciones de negocios, liderazgo e innovación que nos deja este documental.
1. Mantenerse fiel a su esencia y honrarla
Una de las cosas que muestra el documental es cómo esta marca, que ya tiene 100 años de historia (surgida durante la época de la Prohibición como espacio de tertulia intelectual), sigue sosteniendo aquello que la hizo única y dio origen a su fundación: reportajes de alta calidad en formato de long-reads (piezas que pueden llegar a alcanzar las 10.000 palabras en promedio) que demandan tiempo y atención de sus lectores, intercalados con ingeniosas caricaturas que llegan desde todo el país y más allá, y sus icónicas tapas que se convirtieron en una obra de arte en sí mismas (de hecho, para los 100 años hicieron una muestra de arte) y que “deben sostenerse por sí solas” y en las que nunca se utilizaron fotos o aparecen grandes estrellas o desnudos como regla general. Todo esto contribuyó a crear el halo de sofisticación, perspicacia y humor con el que se conoce a la revista, y que se extiende como cumplido también a aquellos que la consumen. @@FIGURE@@
Además, desde sus inicios The New Yorker acuñó un estilo estético, narrativo y, por tanto, un tono periodístico, único y singular, gracias en parte a que su histórico primer fundador Harold Ross definió desde el comiendo la identidad de la revista, determinando parámetros y aspectos característicos como su tamaño, que se mantuvo en el tiempo (para llevar en la mano), la diagramación (largas extensiones de texto intercaladas con caricaturas), su tipografía (la familia tipográfica New Yorker Type Classic diseñada por Gert Wiescher especialmente para ellos) y su irremplazable logo. Este hombrecito con galera que se ve impreso en tazas y totes bags es Eustace Tilley, una caricatura que apareció en la portada del primer número de The New Yorker en 1925 y apareció en la portada en varias formas de cada número de aniversario de la revista estadounidense.
Otra de las lecciones que deja el documental es la importancia de conservar y honrar el patrimonio de una institución como The New Yorker en un mundo donde todo parece efímero, y es por esto que una parte del mismo está dedicado a mostrar cómo se preservan y mantienen los archivos de la redacción, con material histórico que heredaron de la primera oficina y copias de galera de las primeras ediciones de artículos y caricaturas.
2. Consistencia y calidad
En tiempos de creciente automatización y sistemática bajada de calidad debido a la basura sintética que puebla Internet (AIslop), pero además en que parecen haberse olvidado la importancia de los procesos más artesanales que demandan tiempo, contemplación, debate y revisión, es realmente atrapante y esperanzador a la vez observar el proceso de producción detrás de una publicación como The New Yorker. Sin tener una estructura en tamaño y recursos como otros diarios (The New York Times) e incluso otras revistas del grupo (Vogue, Vanity Fair), esta pequeña redacción se las ingenia para hacer reportajes que ganaron premios por su investigación, publicar críticas que cambiaron la forma de consumir arte, perfiles que plasmaron personalidades de su tiempo desde el Papa a Saddam Hussein, cubrir eventos de actualidad y publicar sobre temas de cultura y sociedad marcando agenda con algunas de las voces más influyentes del periodismo, la ficción y la historieta.
Esto se logra gracias a una aceitada maquinaria que hace, por ejemplo, que los artículos pasen por distintos estadios de revisión, desde la edición y corrección en conjunto (una vez terminada la pieza los editores repasan línea por línea junto con los autores y correctores, algo muy poco usual en una redacción) o el riguroso proceso de verificación (en cada cierre un grupo de 29 verificadores chequea cada afirmación). Especialmente esto último hace que los estándares periodísticos de esta publicación se consideren tan profesionales y que se hayan vuelto casi una rareza hoy en día, además de reforzar la idea de responsabilidad y ética que el equipo editorial sostiene en un momento en que abundan los fake-news y las imprecisiones.
A su vez, vale recalcar también el proceso manual y muy artesanal de evaluación y selección de las caricaturas, ya que llegan aproximadamente 1.500 propuestas por día a la redacción que una persona que se encarga de filtrar, dejando 60, de las cuales luego se seleccionan 30, con un sistema que incluye una pequeña junta de personas entre las cuales está el jefe y editor, y que consiste es separar las finalistas en tres grupos: si, no y tal vez. @@FIGURE@@
Quizás dos de los mejores ejemplos de la excelencia, rigurosidad, y el impacto social que tuvo y continúa teniendo esta revista, son el histórico reportaje publicado luego de la 2° GM sobre Hiroshima, que abarcó toda la revista (30 palabras), se agotó en todo solo unas pocas horas y fue leído en vivo a través de la radio. Otro caso es el de la investigación de Rachel Carlson sobre el uso indiscriminado en los EE.UU. de químicos como el DDT y sus consecuencias en el ambiente, que luego daría lugar al libro Primavera Silenciosa y que se considera el puntapié del movimiento ambientalista moderno tal como lo conocemos. El reportaje salió en una serie de cuatro partes y se publicó al tiempo que Carlson testificaba ante el Congreso, aparte de inspirar varias leyes posteriores.
3. Aggiornarse
Pese a que sostener los estándares y cuidar el patrimonio es una parte muy importante de esta marca, el documental también abre una pequeña ventana que permite asomarse a otro rasgo fundamental para la supervivencia de un negocio, y más en el clima actual de las noticias: modernizarse. En este sentido, un momento que da cuenta de esto es cuando la editora británica Tina Brown ingresa como directora del The New Yorker de 1992 a 1998, revitalizando la publicación e introduciendo la fotografía por primera vez en sus 67 años de historia, entre otros hitos.
Fue una gestión corta pero audaz y transformadora, ya que Brown, que venía de dirigir Vanity Fair, renovó el staff (introdujo gente más joven y sumó muchas más mujeres), seleccionó temas y estéticas que no eran tan familiares, y también intentó expandir la marca. Algo que entonces no recibió la atención debida, pero que hoy es parte de lo que hace que la revista sea sostenible y continúe existiendo.
Hoy, el New Yorker tiene un sitio online consolidado, produce podcasts, piezas audiovisuales (incluso algunos de sus reportajes fueron adaptados a la pantalla), hostea eventos, etc. Es decir, se diversificó. En una entrevista reciente, Brown explica esto: “Lo que está haciendo The Atlantic es muy interesante. Se reinventó por completo como revista con un enfoque multiplataforma, una plataforma digital muy sólida, conferencias y podcasts. Apostaron por la expansión lateral, que es la única forma en que las revistas pueden sobrevivir. Condé Nast, por desgracia, era completamente antediluviano en ese aspecto. Nunca lo dominaron. The New Yorker sí lo ha hecho ahora, y por eso le va bien; al menos es rentable”. @@FIGURE@@
En 1998, Brown abogó por hacer todas esas cosas y S.I. Newhouse no mostró ningún interés, ella planteaba que The New Yorker debería ser más que una revista, tenía que tener programas de radio (no existía el podcast), publicar libros, hacer programas de TV, “ser el HBO de la prensa impresa”. No la escucharon y se fue.
4. La importancia de la autocrítica y cambiar de opinión
Poder mirarse a uno mismo para mejorar o aggiornarse es otra de las grandes virtudes que una persona o empresa puede tener, sobre todo si quiere mantenerse haciendo lo que hace en el tiempo. Por eso hay dos instancias muy ilustrativas de esto en la docuserie de Netflix y que remiten a esta cualidad. Una de ellas es cuando Remnick cuenta que periódicamente llama a reuniones para revisar o revaluar los estándares de trabajo dentro de la revista. Ya sea que se hable de la guía de estilo y puntuación u otros. Por eso en 2025 el New Yorker realizó una actualización de la guía de estilo de la revista, para adoptar un lenguaje más moderno, y eliminó anacronismos como.
En otra ocasión, la jefa del departamento de ilustración y arte, Françoise Mouly, narra cómo luego de una crítica a la tapa que estaban por publicar post 11 de Septiembre de 2001, donde se veía las Torres Gemelas aún intactas, decidió cambiarla para que la ilustración -hoy muy recordada- tenga solo dos figuras negras rectangulares reflejando el vacío y la tristeza que dejó el atentado.
Examinarse, cambiar de opinión, escuchar a otros y aggiornarse, habilidades valiosas y necesarias en un mundo cada vez más complejo y cambiante.
5. Un liderazgo presente y atento
Ningún bote llega a puerto seguro si no tiene un capitán capaz y presente que dé confianza y aliento a sus hombres. En este caso ese es el rol de David Remnick, el editor general, a quien vamos siguiendo de cerca en sus tribulaciones en la elaboración del número aniversario (¿cuál debería ser la ilustración de tapa y qué notas debería incluir?, ¿Cómo resumir 100 años de historia en pocas páginas?), pero a quién además seguimos en sus distintas reuniones editoriales, toma de decisiones, acompañamiento de los escritores y otras tareas. Lo interesante es comprobar no solo las diversas facetas que este tipo de puesto requiere (que van desde lo editorial a tomar decisiones relativas al negocio y también dar entrevistas), sino también la calma, la asertividad y la prestancia que se necesita para hacer todo esto. @@FIGURE@@
Remnick contiene y acompaña a los que trabajan en la redacción: les brinda confianza y guía a los escritores, charla con los reporteros en el extranjero más antiguos sobre las próximas misiones, selecciona caricaturas y da ánimos a todo el equipo proveyendo una muy necesaria dosis de optimismo durante la tensa cobertura de la campaña del entonces candidato republicano Donald Trump y a posteriori cuando gana, recordando su misión como periodistas e instando a seguir con el buen trabajo. De hecho, se muestra también una indiscreción: la noche del triunfo, en noviembre de 2024, Remnick tenía preparadas dos tapas para la revista en caso de ganara Kamala. Todo esto, sin perder el disfrute por lo que hace y valorar el pertenecer a una marca con tantos años de historia, que no es poco.