Florencia Radici Forbes Staff
Durante décadas, el mundo temió al agotamiento de los recursos por el exceso de población. Sin embargo, para el demógrafo británico Paul Morland, el riesgo actual es el opuesto: un planeta que pierde su capacidad creativa por falta de mentes jóvenes. En el marco del World Governments Summit que se realizó en Dubai a principios de febrero, el autor analiza cómo países con clases medias incipientes están cayendo en tasas de natalidad críticas y sostiene que la solución no es volver a los años 50, sino integrar la carrera profesional de las mujeres con sistemas de apoyo reales, donde el cuidado deje de ser un “problema femenino” para ser un desafío humano. A través de sus libros, como The Human Tide y el reciente No One Left, el investigador de la Universidad de Londres mapeó cómo las cifras de población dictan el destino de las naciones.
La caída en la tasa de natalidad es un problema global. ¿Qué insights encontrás?
Antes pasaba que, a medida que un país se desarrollaba, su tasa de natalidad bajaba. Sabemos que, primero, sube la esperanza de vida, después la natalidad, y pasás a tener una población de mayor edad, pero con menor natalidad. Esa es la transición demográfica normal y te estancás en un promedio de dos hijos; ahí terminaba la historia. Ahora están pasando son dos cosas. Primero, que la tasa de natalidad de muchos países está cayendo muy por debajo de dos hijos -en algunos casos, por debajo de uno. Lo segundo es que esto le está pasando a países en vías de desarrollo. India, por ejemplo, está haciendo avances increíbles, pero sigue siendo un país relativamente pobre y ya llegó a una tasa de dos hijos; cuando logren tasas plenas de alfabetización femenina, imaginate adónde puede llegar. Sudamérica es otro ejemplo. Estuve en Chile hace unas semanas y me impresionó mucho; no es un país pobre, pero tampoco es súper rico, y sin embargo su tasa de natalidad está cayendo rapidísimo.
¿Cuáles podrían ser algunos motivos?
La Generación Z cada año pesa más en el grupo de personas que podrían tener hijos y sus valores son muy distintos. Ya no se trata solo de economía. Obvio que la gente se siente limitada económicamente, y los gobiernos pueden hacer mucho, pero en el fondo es un tema de cultura, de prioridades y de identidad. Eso explica la caída tan rápida, incluso en el mundo en desarrollo. Las consecuencias son que estás armando un problema para el futuro. Por ejemplo, Japón: tienen una tasa por debajo del nivel de reemplazo desde fines de los ’60. Uno podría pensar que no es el fin del mundo. Tenían 100 millones de personas en los 60, subieron y ahora están bajando. Podrías decir: “¿Cuál es el problema si vuelven a ser 100 millones?”. El problema es que cuando iban para arriba y eran 100 millones, tenían nueve trabajadores por cada jubilado. Cuando vuelvan a ser 100 millones, van a tener uno a uno. ¿Cómo financiás la salud, que es muchísimo más cara para los adultos mayores? ¿Cómo financiás las jubilaciones? Eso genera una carga enorme para el Estado y el sistema de bienestar. Es muy dudoso que el modelo económico al que estamos acostumbrados pueda sobrevivir. Y si no sobrevive, ¿podrán nuestras economías y estados hacerlo?
¿Cuáles podrían ser algunas posibles soluciones?
Primero, hay que hablar del tema. En Gran Bretaña, por ejemplo, nunca tuvimos un primer ministro que discutiera esto en 50 años. El primero en decir algo fue Keir Starmer, y lo que dijo fue: “No me interesa, no me importa y no voy a hacer nada al respecto”. Entonces, primero, reconocerlo, que los gobiernos piensen cómo ayudar a las familias jóvenes y que la vivienda sea más accesible. Quizás rebajas impositivas para quienes están creando la economía del futuro al hacerse cargo del costo de criar hijos. También los gobiernos tienen que pensar en cambiar la cultura. ¿Qué pueden hacer los influencers, los medios y el Estado para fomentar esto? Hay muchísimo por hacer. Las empresas tienen un rol y nosotros como individuos también. Lo que puedo hacer como abuelo es hablar de la alegría enorme que traen los hijos y nietos. Podemos cambiar el clima hacia uno donde tener hijos sea algo que la gente quiera, que sea prioridad y motivo de celebración.
En algunos países, como Argentina, al hacer doble click en la caída de la tasa de natalidad, se ve que es por el descenso en el índice de embarazos adolescentes, lo cual es una buena noticia. ¿Cómo puede entonces el Estado para hacer que la vivienda, el cuidado infantil y el costo de una familia sean más accesibles cuando es deseado?
Es algo bueno que baje el embarazo adolescente. No quiero que las mujeres tengan seis o siete hijos a menos que quieran. En África subsahariana, donde muchas mujeres no tienen opciones, no es algo bueno. Tampoco es bueno que tengan hijos demasiado temprano, antes de establecer una carrera o educación. El embarazo adolescente es algo malo. En Gran Bretaña era muy alto en los 80 y lo bajamos. Pero hay que educar a la gente para decirles: si no vas a tener hijos en la adolescencia porque no tenés los recursos ni la madurez, no lo dejés para tan adelante. Entendé cómo baja la fertilidad después de los 30 o 40, entendé cuándo sería el momento ideal y modelá tu vida en base a eso. No tenemos que terminar toda nuestra educación para recién ahí pensar en una familia. Con la IA vamos a tener vidas laborales largas; todo está cambiando. Quizás deberíamos estudiar un poco menos al principio y más adelante. Yo, por ejemplo, hice mi doctorado a los 40 y pico. Mi maestría la hice a los 20 largos, cuando ya era padre. La forma en que pensamos el orden de las cosas en la vida está desfasada con nuestra biología. Debería haber beneficios fiscales para parejas jóvenes. En el trabajo, ser más flexibles con el home office para quienes tienen familias chicas. Hay un abanico de cosas por hacer. Pero, sobre todo, educar a la gente sobre el problema y sobre su propia fertilidad para que tomen decisiones informadas.
Y como sociedad… Hoy, a pesar de los avances, la mayor parte del cuidado sigue recayendo en las mujeres, entonces se convierte en un freno en sus carreras…
No podría estar más de acuerdo. Soy demógrafo a tiempo completo solo porque tengo una esposa trabajadora muy exitosa. Tengo tres hijos: dos mujeres y un varón. Mis hijas están casadas, tienen dos hijos cada una y carreras geniales. Y solo pueden hacerlo porque tienen mucho apoyo de sus maridos y de nosotros. Probablemente cambié tantos pañales como mi mujer. Nadie quiere volver a los años 50. No queremos que las mujeres dejen sus carreras, ni tampoco podríamos permitírnoslo económicamente. No podemos decir que nos faltan trabajadores y al mismo tiempo mandar a las mujeres de vuelta a la cocina. Tenemos que construir un nuevo tipo de “pronatalismo” igualitario y con perspectiva feminista, donde compartamos la carga y la alegría. En países donde las mujeres tienen gran educación pero no se las incentiva en el mercado laboral o no tienen igualdad de derechos, como Grecia o Japón, la tasa de fecundidad es bajísima. En cambio, en países más igualitarios como Francia o Suecia, tradicionalmente ha sido más alta. Hay que apoyar a que hombres y mujeres combinen carrera y crianza. No es un tema de mujeres, es un tema humano. Aunque por supuesto la mujer es la que pone el cuerpo. @@FIGURE@@
La inmigración es un tema candente hoy. ¿Qué rol juega en este problema de la natalidad?
Es una gran ilusión de los países desarrollados pensar que pueden succionar para siempre a los mejores y más brillantes de los países pobres. En Gran Bretaña tuvimos una inmigración masiva de Irlanda y Polonia. Ahora ellos tienen tasas de natalidad bajísimas y mejores niveles de vida, ya no quieren venir más. No podemos depender de que otros tengan los hijos por nosotros. E incluso si lo hacés, esos inmigrantes envejecen y necesitás traer más gente, y se vuelve un esquema Ponzi. No es una solución a largo plazo.
Hay regiones que todavía tienen tasas de natalidad más altas, como África. ¿Cómo puede impactar en el armado geopolítico?
China ya tiene una población en caída; podría reducirse a la mitad para fin de siglo. El gran desafío para la humanidad es que los africanos subsaharianos van a ser quizás un tercio o más de la población mundial. Hoy tienen poco capital y necesitan una inversión masiva. Si ahí es donde va a estar el futuro de la humanidad por cantidad de gente, ahí es donde tiene que fluir el capital, porque los jóvenes —que van a estar en África— son los que crean empresas e innovan.
Hace unos años el discurso era que éramos demasiada gente y no había recursos. ¿Qué cambió?
Es un error pensar que éramos demasiados. Con 8.000 millones de personas comemos mejor, estamos mejor alojados, mejor vestidos y más educados que cuando éramos 4.000 millones. Con 8.000 o 10.000 millones estamos bien porque hay muchas mentes jóvenes y creativas resolviendo problemas. Va a ser mucho más difícil mantener esto cuando seamos un planeta de viejos, con el capital yendo a refugios seguros, una fuerza laboral envejecida y menos innovación. La gente se quedó pegada a una visión de los años 60, cuando la población crecía muy rápido. Pero cada año el crecimiento disminuye y nacen menos chicos. Hay que cambiar el chip. @@FIGURE@@
En el último tiempo, algunos regímenes o países usan el argumento pronatalista para fomentar discursos de odio o someter a ciertos grupos de población. ¿Cómo se separa lo que es efectivo para la población de ese discurso de querer que la mujer vuelva a la casa?
Conocí a la Ministra de Familia de Hungría y es una mujer joven, inteligente y ambiciosa que lo último que quiere es que las húngaras vuelvan a la cocina. Creo que se está caracterizando mal lo que dicen esos gobiernos. Obviamente hay que ser sensibles con quienes no pueden tener hijos y usar un lenguaje persuasivo, no coercitivo. Pero cuando escucho a pronatalistas en el mundo, no escucho nada que sea odio o coerción; y si eso pasara, sería contraproducente.
¿Y la tecnología? ¿Puede ser una solución parcial?
En el siglo XIX, los trabajadores rurales rompían máquinas porque pensaban que se iban a quedar sin trabajo, y después tuvimos una fuerza laboral industrial enorme. En 1900 había 300.000 caballos en Londres; 30 años después eran una fracción. Toda esa gente encontró nuevos trabajos. Fui padre antes de mandar mi primer mail; imaginate todo lo que cambió el trabajo en mi vida. La IA va a cambiar el mercado, pero hay mucho que es manual. Visito a mi madre de 92 años en un geriátrico y hay tanto por hacer por los adultos mayores que requiere manos humanas... la idea de que los robots o la IA hagan eso es todavía fantasía. Es un delirio pensar que el robot va a hacer todo y no necesitamos tener hijos. Además, deberíamos tener hijos por la humanidad misma, por la alegría de ser padres y por la esperanza en nuestro futuro.