Rafael Porzecanski: su análisis sobre la imagen de Orsi, las áreas más criticadas por la ciudadanía y el rol de los votantes frenteamplistas
El director en Opción Consultores advierte que la gestión del presidente enfrenta un déficit de imagen, con desaprobación creciente incluso dentro de su partido.

La percepción sobre la gestión del presidente Yamandú Orsi no pasa por uno de sus mejores momentos, según marcan diferentes encuestas. Para el director de Opción Consultores, Rafael Porzecanski, el déficit de imagen entre la ciudadanía “es muy relevante” y se traslada a las áreas principales de gestión como la economía y seguridad. 

En este contexto, el analista sostiene que el gobierno no debe amputarse la posibilidad de hacer cambios en el gabinete. A continuación, extractos de la charla que mantuvo con Forbes Uruguay.

¿Cómo se pueden leer todas las encuestas que dan cuenta de un aumento de la desaprobación al gobierno?

Es un gobierno que ya comienza con un techo de aprobación. Con una luna de miel más acotada que las tres del Frente Amplio y que la reciente de Luis Lacalle Pou. Hay que recordar también que es el gobierno que resultó electo en primera vuelta con el menor porcentaje dentro de las veces que el Frente Amplio ganó. Y, además, en un contexto muy particular, en lo que nosotros llamamos una campaña de baja intensidad. La ciudadanía comenzó con lo que en términos de colores denominamos “el amplio amarillo”. 

¿Cómo ha variado el respaldo al presidente entre los votantes frenteamplistas desde el inicio de su gestión? 

La ciudadanía general empezó con una aprobación neutra hacia el presidente, que se trasladó crecientemente a una negativa. Lo mismo pasó con segmentos que comenzaron otorgándole créditos. Tanto es así que hoy la aprobación de la gestión no alcanza ni la mayoría absoluta dentro del electorado del Frente Amplio. Más del 50% de los votantes frenteamplistas no aprueba. 

¿Había pasado eso antes con otros gobiernos? 

La segunda gestión de Tabaré Vázquez tuvo desafíos dentro de sus propios votantes. De hecho, solamente un tercio de ese electorado de 2014 aprobaba la gestión en seguridad. Pero no había tenido registros tan bajos. Además de esto, el gobierno tiene un déficit muy grande de imagen al interior del electorado opositor. Todo esto repercute en un saldo de desaprobación muy negativo. 

¿El saldo negativo se explica más por la baja dentro del Frente o por la oposición?

La desaprobación se explica más por los opositores, sumado al electorado que cambia de direcciones, que no está afiliado a ninguno de los dos, y al del Frente Amplio que le da una nota neutra. Es una señal de advertencia, porque el gobierno no está generando entusiasmo o identificación. Eso, además, se traslada a los sectores principales de gestión, que son economía y seguridad.

¿Hay disconformidad con esas dos áreas? 

Con ambas, sí. Más marcada en la seguridad. En términos amplios, lo que suele pasar es que la aprobación general y la de la gestión económica van cabeza a cabeza. En seguridad sí es diferente. Pasó en el segundo gobierno de Vázquez, por ejemplo, que tuvo peores registros en esa área que en la aprobación general. Lo mismo le sucedió a Lacalle Pou y ahora a Orsi. 

Las encuestas dicen que Nayib Bukele, presidente de El Salvador, es el más popular entre los uruguayos en materia de seguridad. ¿Cómo se explica esto?

La opinión pública desde hace mucho tiempo tiene un componente con una dosis importante de punitivismo o de creer que ajustar las medidas en una dirección represiva podría dar resultados para mejorar la seguridad. Por ejemplo, hace bastantes años mostramos un nivel de acuerdo muy importante con la cadena perpetua para delitos graves y un porcentaje no despreciable en favor de la pena de muerte para delitos muy graves. 

La baja de los delitos en El Salvador da la idea de que tienen un modelo positivo. Ahí la pregunta es si les gustaría que hubiera un Bukele en Uruguay, porque una cosa es admirar lo que un presidente hace en otro país y otra cosa es decir que necesitamos uno idéntico.

¿Puede ser que el gobierno, mirando medidas de Bukele, decidiera algunas políticas especiales, como por ejemplo el uso de vehículos militares?

La línea de gobierno parece no amputarse sobre algunos elementos con componente represivo. En términos genéricos, el discurso del gobierno no es bukelista ni mucho menos. Es más matizado tanto en prevención como en represión. 

¿Qué no cierra en materia económica? 

Primero que hay un humor económico genérico en la población entre cauto y negativo, predominantemente. Los uruguayos no son particularmente entusiastas, ni mucho menos, en relación a la situación económica del país. Esto es interesante porque no todos los indicadores marcan un componente recesivo fuerte, sino que la situación económica es mixta. 

La inflación es baja y la tasa de desempleo no está en constante aumento. Lo que sí tenemos es un producto de crecimiento muy modesto en este y años pasados. Los promedios quinquenales de los últimos gobiernos son crecimientos del 1%. La percepción de la gente es que falta más prosperidad. Eso está muy claro.

Rafael Porzecanski, director de Opción Consultores. Foto: Leonardo Mainé.

¿Pesan los cambios impositivos que hizo el gobierno de Yamandú Orsi, por ejemplo con las devoluciones de Fonasa? 

No tenemos evidencia para sostener que algunos cambios específicos de esta gestión hayan generado particular resistencia en la ciudadanía. Más bien, en todo caso, puede venir por la crítica hacia la inacción o la falta de cambios en reclamos no atendidos. Hay malestar con el liderazgo y con el conjunto de expectativas que siguen insatisfechas.

¿La insatisfacción está centrada en Orsi o en el gobierno en general?

¿Qué pasaría con un gobierno que actuara de un modo similar al actual, pero con un liderazgo diferente, y viceversa? Es imposible de saber. Lo que está claro es que esta particular combinación entre las características del presidente y las acciones de gobierno no resultan una ecuación que a la ciudadanía le cierre. 

Hay un análisis dentro del Frente que apunta a problemas de comunicación y gestión política del gobierno. ¿Va por ahí realmente el problema?

Ese es un viejo tema. La narrativa de gobierno siempre va a intentar sostener que se están haciendo cosas. Por tanto, si hay una insatisfacción, el argumento es que el problema no está en lo hecho, sino en cómo se comunica. Nosotros no estamos acá para evaluar si el gobierno hace o no hace bien las cosas. 

Lo que sí decimos es que la ciudadanía percibe falta de acción. Podemos afirmar con propiedad que, en esta gestión, no se han promovido reformas sustanciales o grandes paradigmas de cambio, como sí ocurrió en otras administraciones del mismo partido, en la coalición republicana o en los partidos fundacionales.

¿Puede ser que el gobierno aparezca muy volcado hacia el centro y eso genere insatisfacción dentro del Frente Amplio? 

Dentro del partido, esa es una de las críticas. Hay dos tipos de electores frenteamplistas insatisfechos. El de comité y el genérico. En el primer caso, hay una demanda clara por más izquierda. El otro día vi un tuit, por ejemplo, de una militante criticando una declaración en relación con la visita de la jefa del FMI. A eso le podemos sumar el portaaviones, las declaraciones del gobierno sobre el conflicto entre israelíes y palestinos, y un conjunto de elementos simbólicos adicionales que hacen ruido en cierto electorado fuerte, firme, del Frente Amplio.

En el segundo caso, el votante que no es particularmente adherente ni militante, imaginaba que con el gobierno iba a mejorar sensiblemente el poder adquisitivo, el empleo o algunos otros temas. 

¿En este contexto es necesario un cambio de gabinete como señal a la ciudadanía?

Se ha hablado mucho dentro del partido sobre la necesidad de dar otra imagen, de hacer modificaciones. Los cambios ministeriales son una herramienta importante de la que se debe disponer. Así como los economistas dicen que no hay que amputar la posibilidad de subir impuestos, por ejemplo, lo mismo sucede con los cambios de ministro. 

De todas maneras, esta crisis de imagen de gestión no está anclada fundamentalmente a los jefes de las carteras, sino al ejecutivo en su conjunto. Eventualmente, ministros con buena llegada a la población pueden blindar al gobierno o mejorar este déficit de posicionamiento que tiene. 

¿Cómo pesa el episodio de la camioneta de Orsi?

Todavía lo estamos analizando. Es un pasivo para el gobierno, sin duda, más que nada para el presidente y cae en un mal momento. Afectó el componente de relacionamiento con el mandatario porque la mayoría de los uruguayos considera que se cometió, como mínimo, una equivocación. Si hubiera ocurrido en un contexto de satisfacción, quizás hubiera quedado mucho más licuado que en las actuales circunstancias. Sin embargo, no creo que sea el punto central por el que la gente le termine de dar buena o mala nota.

¿Están fallando también los liderazgos dentro del Frente Amplio? 

Hay un problema de construcción de liderazgos tras la muerte de aquella tríada Mujica, Vázquez y Astori. Algunos nombres tienen un posicionamiento potencial interesante, pero es un proceso absolutamente en elaboración. 

¿Hoy no hay una figura excluyente en términos de popularidad como para ser candidato para la próxima elección?

No, excluyente no.

¿Y quién en esa carrera es el que aparece más claro? 

No vemos una claridad plena. Sí hay un conjunto de nombres que ya tienen rodaje, buen conocimiento entre la ciudadanía y son cartas potenciales activas. Algunos nombres que se pueden mencionar en ese sentido son los de Carolina Cosse, Blanca Rodríguez y quizá Fernando Pereira. El ministro Gabriel Oddone es un caso interesante, aunque todavía incipiente. Se ha mencionado al actual intendente de Canelones, Francisco Legnani, aunque requeriría una instalación en el conjunto de los uruguayos porque hay un alto desconocimiento de su figura. 

La ministra de Salud, Cristina Lustemberg, tiene algunos indicadores de popularidad que pueden ser interesantes. Pero, repito, son posicionamientos en construcción. Quizá con la excepción parcial de la vicepresidenta que ya tiene un rodaje político muy interesante y de Blanca Rodríguez, debido a su gran trayectoria periodística. 

Hay un cuestionamiento muy fuerte del gobierno a la oposición, ¿qué se puede decir acerca de su rol?

Ha sido una oposición que ha marcado diferentes tonos, con alas más confrontativas y con alas más dialoguistas. Variable, también, según el caso. Por ejemplo, Pedro Bordaberry ha tenido diferentes momentos de relacionamiento con el gobierno. 

¿Esta oposición es más confrontativa que el Frente Amplio en su momento? 

No particularmente. Creo que son dos bloques con una capacidad confrontativa importante. También sabemos que tras bambalinas muchas veces hay negociaciones, hay diálogo. No veo cambios demasiado relevantes en el relacionamiento político entre los bloques.