Forbes Uruguay
12 Febrero de 2026 10.01

Mariana Malek

Juegos Olímpicos de Invierno: Nicolás Pirozzi, el emprendedor tecnológico que llevó a Uruguay de nuevo a la pista

Share

La Celeste estará en los Juegos de Invierno este sábado 14 de febrero con un atleta que financia su carrera con sponsors y startups propias y combina alto rendimiento, tecnología y gestión estratégica.

Uruguay vuelve a los Juegos Olímpicos de Invierno después de 28 años. Lo hace de la mano de Nicolás Pirozzi, un esquiador formado en Chile que hoy compite bajo la bandera celeste y que diseñó su propio modelo para sostener un proyecto de alto rendimiento en un país sin nieve, sin tradición estructural en la disciplina y con recursos limitados.

Pirozzi, de 24 años, competirá en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 en dos pruebas de esquí alpino: debutará en slalom gigante el sábado 14 de febrero, con primera manga a las 06:00 y segunda a las 09:30 (hora de Uruguay), y volverá a la pista el lunes 16 de febrero en slalom, también con mangas a las 06:00 y 09:30.

Detrás de esas fechas hay algo más relevante que el calendario: una estructura financiera propia.

“Cuando volví al esquí ya tenía mi vida profesional ordenada. Tenía startups funcionando, gente trabajando conmigo. Eso me permitió dedicarle el tiempo necesario al deporte sin estar pensando todo el día en la plata”, explica a Forbes Uruguay desde Stelvio, en los Alpes italianos.

De campeón sudamericano a emprendedor tecnológico

Nacido en Santiago, hijo de padre chileno —ex campeón nacional de esquí— y madre uruguaya, Pirozzi compitió durante años por Chile y a los 19 fue campeón sudamericano. Luego se retiró.

Gentileza. Foto: Difusión.
Foto: Difusión.

“Estaba con la universidad, con la cabeza en mil cosas. Tenía mucho estrés. No podía estar tranquilo. Sentía que si seguía así me iba a terminar quemando, así que dejé el esquí y me dediqué full a la tecnología”, recuerda.

Ese paréntesis redefinió su carrera. Trabajó como desarrollador, primero para terceros y luego en proyectos propios. Cuando la Federación Uruguaya de Esquí lo convocó para competir por Uruguay, la decisión ya no implicaba un salto al vacío económico.

“Ya tenía mi vida más ordenada. Ahí dije: qué lindo volver a competir y hacerlo por Uruguay. Fue por mi madre, por mi familia, por el sueño olímpico. Pero también porque sentí que podía generar más impacto”, explica.

La respuesta del público uruguayo terminó de confirmar la apuesta. “Me sorprendió muchísimo el apoyo en Uruguay. Mucha gente escribiendo ‘no importa de dónde sos, gracias por representar a la Celeste’. Eso te da energía”, destaca.

El costo real de competir en esquí alpino

El esquí alpino es técnica y presupuesto. Pirozzi traduce esa realidad en cifras concretas. “Solo en esquíes tengo seis pares. Tres para slalom y tres para gigante. Cada uno cuesta más o menos 1.000 euros. Ahí ya tenés 6.000 euros”, detalla.

A eso se suman viajes por Europa, alojamiento, pases, equipamiento, preparación física y coach. “Un buen entrenador te cuesta entre 3.000 y 4.000 euros por mes. Una temporada completa puede estar entre 20.000 y 25.000 euros”, precisa.

Su financiamiento es mixto: sponsors, aportes de la Federación Uruguaya de Esquí y recursos propios de sus emprendimientos tecnológicos.

La diferencia con las potencias es estructural. “En Suiza o Austria tenés un entrenador, un preparador físico, un nutricionista y alguien que solo se encarga de los esquíes. Acá mi entrenador hace todo: prepara el material, corrige, analiza videos. Es otra infraestructura”, señala.

Especialista en slalom gigante —“es la disciplina que más se me da”— también competirá en slalom. “En el gigante las puertas están a unos 25 metros y vas más rápido. En slalom están a 14, es mucho más explosivo. Son detalles, pero en este nivel cada detalle cuenta”, explica.

El software como respaldo financiero

El diferencial del proyecto Pirozzi está fuera de la pista. “Siempre me gustó la programación porque la puedo hacer desde cualquier parte del mundo. Puedo estar en la montaña y seguir trabajando”, afirma.

Su startup más visible es NutrIA, una aplicación de nutrición por suscripción desarrollada junto a Pedro “Piru” Cisternas. “La lanzamos en dos o tres días intensos y después la seguimos mejorando. Hoy tenemos más de 60.000 descargas y más de 3.000 suscriptores pagos”, cuenta.

El modelo combina suscripción mensual y anual. “Empujamos mucho la anual. Con eso también consigo apoyo para esquiar”, admite.

Además, desarrolla un software para exportadoras de cerezas que comercializan en China y una plataforma para digitalizar automotoras. “Antes trabajé para otros. Ahora estoy 100% enfocado en mis proyectos”, asegura.

Su rutina integra ambas dimensiones. “Entrenamos desde las 8:00 hasta el mediodía. Almuerzo, siesta corta, gimnasio y después dos o tres horas de programación. Con inteligencia artificial hoy avanzás muchísimo en poco tiempo”, indica.

El impacto no es solo financiero. “Antes, si tenía un mal día en la pista, le daba vueltas en la cabeza. Ahora termino de entrenar y tengo otras cosas que hacer. Eso te libera mentalmente”, subraya.

Un modelo en un país sin nieve

Uruguay no tiene escenarios naturales propicios ni tradición en deportes de invierno. Pirozzi lo asume con pragmatismo. “No hay montañas. El punto de partida son los uruguayos que viven afuera y ya tienen acceso a la nieve. Si agarrás cinco chicos desde los tres o cuatro años y les das continuidad, podés construir base”, plantea. “Lo primero es que más gente conozca el deporte. Después vendrá lo demás”, señala.

Su conclusión sintetiza el enfoque que atraviesa toda su carrera. “Al final, competir también es una decisión empresarial. Tenés que armar equipo, gestionar recursos y pensar a largo plazo”, afirma.

En un país sin infraestructura en deportes de invierno, su regreso olímpico no es solo una historia deportiva. Es un caso de gestión aplicada al alto rendimiento, donde la estrategia pesa tanto como la técnica.

10