Qué ver: Barreda, el pobre tipo que no era tan pobre tipo
La película que se acaba de estrenar en Prime Video, con actuaciones de Luis Machín, Carla Peterson y Mercedes Morán, arroja nueva luz sobre un caso que fue un fenómeno popular.

En 1992, cuando el odontólogo Carlos Barreda cometió el cuádruple asesinato que se narra en la película que lleva su apellido, el humor gráfico y televisivo cultivaba un estereotipo de suegra. El ejemplo más cabal de esto era Doña Treme, la suegra de Condorito, muy robusta, malhumorada, con bigotes y siempre enemistada con su yerno. Ese estereotipo, que podía verse por todos lados en la cultura popular, había calado tan hondo que explicaba en parte la idolatría por Barreda tras su juicio

La película, recién estrenada en Prime Video, le da un pequeño giro a esta tragedia que se convirtió en un fenómeno argentino.

La historia es sobradamente conocida porque se contó en medios noticiosos, programas de televisión e incluso en dos libros de investigación periodística. El odontólogo Barreda era un tipo apocado, sometido constantemente por las humillaciones de parte de las mujeres de su casa (su esposa, suegra e hijas), hasta que un buen día se hartó y las mató a escopetazos. 

Una de las cosas que más llamó la atención en su momento fue que durante el juicio dijo con frialdad que si volviera a vivir una situación similar, creía que actuaría del mismo modo. 

Luego de 17 años de cárcel se fue a vivir con una mujer. Y murió a los 84 años, recordado por el seudónimo de “Conchita”, que era la palabra con la que según él las cuatro mujeres lo maltrataban a diario. 

Mercedes Morán y Carla Peterson en Barreda. Foto: Difusión.

Su caso se hizo famoso por la polémica y la fascinación que desató. El periodista Rodolfo Palacios, que escribió un libro sobre él, cuenta que ya de viejo en la calle lo felicitaban hombres y también mujeres. “Maestro, un autógrafo”, asegura que en un momento le pidieron delante de él. 

Como transcurrió mucho tiempo y la sociedad ha evolucionado, ya no es visto del mismo modo, o al menos su caso es tratado con otros cuidados desde los medios. Existe la figura del femicidio y quedó muy atrás la idea del hombre justiciero que puso fin a la maldad de sus mujeres, en particular la de su suegra. 

Aquí, la directora Daniela Goggi (realizadora de Abzurdah y El hilo rojo), pone el foco en toda la cuestión. Es decir que le da voz y presencia a las dos hijas, a su esposa, su suegra y también al abogado que lo defendió. 

Barreda deja de ser un pobre tipo que se limitaba a limpiar los pisos mientras su suegra se burlaba, tal como se decía, a convertirse en una persona con mucho para ocultar, amantes entre otras cosas, al que su esposa le tenía temor y a quien su suegra no le tenía confianza. 

Sin caer en lugares comunes ni en discursos fáciles, la película retrata a una familia con muchas tensiones no habladas, entre las que está un matrimonio separado pero que vive bajo un mismo techo y también la cuestión económica. Un buen ejemplo de esto es la brillante secuencia inicial, que juega a consciencia con expectativas y también con estereotipos sobre las mujeres y los varones. 

El actor Luis Machín es una excelente elección para representar a Barreda, mientras que Carla Peterson encarna a una esposa que se debate entre el miedo y la necesidad del choque frontal. Mercedes Morán, como la suegra, tiene un peso central. El suyo es el personaje de esta historia que ha sido más caricaturizado en el imaginario popular y ella lo encarna como una mujer de vieja escuela, que se mueve entre la dureza y la protección ante la presencia masculina tóxica.

Cabe reconocer que los asesinos son figuras que atrapan la imaginación y fascinan muy a menudo. Netflix estrenó recientemente la cuarta temporada de su serie Monstruo, enfocada en el asesino Ed Gein; y es uno de los muchos ejemplos que se pueden ver en streaming. Desde el éxito de Seven, en los 90 (aunque se podría ir hasta los años 30, con M el vampiro negro), el tema ha explotado en popularidad y ha mantenido presencia en la ficción y el documental. 

Aquí, se ven muchas de las conductas cotidianas con base en algunos testimonios, se lo nota como un paranoico que no explota (hasta que lo hace con su escopeta) y se lo ve actuar como un mentiroso. Nada disparatado para alguien que cometió tales crímenes. 

Igualmente, Barreda conserva cierto halo de misterio y no se termina de saber qué se mueve por su mente. Hay una cosa hipnótica en su frialdad, como hay mucho de amoral en su abogado. Lo que no hay es fascinación, sino una película sólida y bien fundamentada en sus puntos de vista.