Qué ver: Mr. T, la épica del perdedor que ganó y luego cayó
Para quien lo recuerde de Los magníficos o de Rocky III, este actor y personaje mediático es toda una referencia de la televisión de los ochenta. Ahora, que está muy lejos de sus tiempos dorados, queda en el foco de un documental de la serie de Netflix llamada Untold.

Dentro de poco se estrenará en cines una película de ficción sobre la historia de Sylvester Stallone y su emblemático personaje, Rocky. "The true underdog", el eslogan de la película, se podría traducir como "El verdadero desfavorecido" ya que no hay una palabra exacta para definirlo.

Ese concepto del héroe improbable vende mucho y Stallone lo ha aprovechado muy bien. Ahora, un documental de Netflix apunta a lo mismo, pero con un personaje tan querido como poco presente, Mr. T, quien tiene un fuerte punto de contacto con Stallone.

Laurence Tureaud nació en un barrio extremadamente pobre de Chicago y creció en un apartamento chico con otros 11 hermanos. Pasó su adolescencia y juventud enfocado en los estudios y en el gimnasio, por aquello de mente sana en cuerpo sano. 

Practicó lucha libre, estudió matemáticas y fue parte de la policía militar. Trabajó como security en famosos boliches nocturnos, fue guardaespaldas y luego participante de programas televisivos de juegos en los que empezó a desarrollar su personalidad mediática.

En cierto punto, Sylvester Stallone empezó a buscar un rival para su personaje cuando preparaban Rocky III. Tenía que encontrar a alguien que en aspecto y actitud pareciera un rival superior a Rocky y por eso eligió a Laurence, quien ya era conocido como Mr. T. Ahí su vida cambió para siempre.

Stallone aparece en este documental, que forma parte de la serie Untold, o Secretos del deporte. En realidad, tiene poco de su título, ya que se enfoca en una historia de vida y no en una estafa, un hecho o personaje insólito en particular como todos los otros (en ese sentido es muy recomendable, aunque difícil, el episodio llamado El rey del hígado).

Hay otros entrevistados, entre ellos su hija y su exagente, quienes aportan puntos de vista interesantes sobre esta figura que tuvo su apogeo en los ochenta pero que hoy se ha convertido en una suerte de personaje pop algo malogrado.

Mr. T se hizo aún más popular gracias a su personaje de Mario Baracus (o M. A. Baracus en el original) en la serie Los magníficos. Fue amigo de Hulk Hogan y participó en espectáculos de lucha libre. Tuvo su propia serie de dibujos animados (algo poco frecuente para un actor afro en ese entonces) y promocionó incontables productos. 

Pero luego su carrera fue apagándose y él no pudo sustentarla. Lo que tuvo que hacer fue luchar con el estereotipo en el que había caído y las ideas que se generaban sobre él. 

Hoy, ya veterano, Mr. T habla y reflexiona sobre su vida y cómo ha dado la pelea. Se define también como un underdog, alguien que tenía todas las de perder pero que logró salir adelante. En esa historia hay cierta épica que funciona muy bien, al igual que la de Stallone y sus luchas para sacar adelante el proyecto de la primera película de Rocky. 

Mr. T. en Untold. Foto: Difusión.

La épica del underdog en el mundo de las estrellas se parece mucho a la que proyecta la historia del emprendedor que empieza en un garaje. Verdadera o falsa, impacta y causa identificación.

La diferencia es que Stallone es millonario, sigue muy activo y es una estrella mundial. Laurence Tureaud está en un punto muy distinto. Se presenta en convenciones con un overall estampado con los colores de la bandera de su país, cobra por firmar autógrafos y sacarse fotos. Y no mucho más. 

El documental no abunda en algunos otros aspectos más complicados de su vida, como los más sórdidos de sus tiempos como guardaespaldas. Esto puede ser una cuestión de tiempos, porque dura un poco más que la media de esta serie y profundizar en anécdotas lo extendería mucho para el formato. 

Pero tiene una buena cuota de emoción y algunos puntos interesantes, como la explicación del modo en que construyó su imagen tosca, de pocas palabras y adornada de cadenas de oro. 

Hay en eso muchas más ideas de lo que cabría imaginar prejuiciosamente (un ex pobre ostentando riqueza, que sería el primer preconcepto). Incluso su frase I pity the fool (Le tengo pena a los tontos), tiene una vuelta de tuerca bastante interesante en el tramo final. 

Para quien sea apasionado de la saga Rocky o recuerde con cariño la televisión de los ochenta, acá hay una historia de vida interesante. Una que valía la pena rescatar para tomar algunos apuntes acerca del inestable camino de la fama y cómo algunas personas aprenden a encarar el destino que les toca.