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Quienes practican el gatekeeping consideran que no todo descubrimiento necesita
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Quienes practican el gatekeeping consideran que no todo descubrimiento necesita
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“Destination gatekeeping”: cuando el nuevo lujo es que nadie conozca el lugar y el turismo empieza a cambiar sus códigos

Martina P. Veneziani

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Viajeros y residentes evitan revelar en redes sociales playas, restaurantes, mercados y otros sitios poco conocidos para protegerlos de la viralización. La tendencia plantea una paradoja para una industria que durante años convirtió la visibilidad digital en una de sus principales herramientas de crecimiento.

9 Septiembre de 2026 20.00

Durante años, buena parte del negocio turístico funcionó bajo una premisa sencilla: cuanto más visible era un destino, mayores eran sus posibilidades de atraer viajeros. Instagram, TikTok y Google Maps llevaron esa lógica a otra escala. Una foto, un video viral o una ubicación compartida por millones de usuarios podían transformar rápidamente un restaurante de barrio, una playa casi desconocida o un pequeño pueblo en el próximo lugar de moda. Y esto quizás llevó a consecuencias indeseadas, como una explosión masiva turística que cambió completamente el alma de un lugar.

Por eso quizás ahora empieza a aparecer un comportamiento que va exactamente en la dirección contraria. Algunos viajeros y residentes prefieren no publicar dónde estuvieron, eliminar la geolocalización de sus fotografías o directamente negarse a revelar sus lugares favoritos. La práctica tiene un nombre: destination gatekeeping.

El fenómeno gana terreno en destinos como Milán o Copenhague, donde la presión turística y la exposición en redes sociales abrieron una discusión sobre cuánto conviene promocionar aquellos lugares que todavía permanecen fuera de los grandes circuitos.

Detrás de esa decisión aparentemente individual aparece un dilema mucho más amplio para la industria. En un mercado donde millones de viajeros buscan experiencias auténticas, exclusivas y alejadas de las multitudes, el secreto puede convertirse en parte del valor de un destino. Pero mantenerlo también puede significar quitarles clientes potenciales a hoteles, restaurantes y pequeños comercios que dependen del turismo.

Cuando una publicación puede cambiar un destino

Las redes sociales modificaron profundamente la manera de elegir dónde viajar. La recomendación ya no depende exclusivamente de agencias, revistas especializadas o guías. Una publicación puede colocar un establecimiento o un paisaje frente a una audiencia global prácticamente de un día para otro.

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La escasez que protege al destino también puede aumentar su atractivo.

El mecanismo produjo oportunidades extraordinarias para muchos negocios. Un restaurante independiente puede conseguir una exposición que antes hubiera requerido una enorme inversión publicitaria. Una pequeña localidad puede entrar en el radar internacional sin contar con grandes presupuestos de promoción.

Pero esa capacidad tiene otra cara: la demanda puede crecer mucho más rápido que la infraestructura necesaria para recibirla.

Un café recomendado masivamente puede terminar con largas filas. Una playa pequeña puede recibir más visitantes de los que su ecosistema puede soportar. Un mercado utilizado históricamente por residentes puede transformarse en una atracción turística. Y un barrio atractivo por sus comercios tradicionales puede experimentar una suba de precios a medida que aumenta el interés de visitantes e inversores.

Es precisamente en ese punto donde aparece el gatekeeping. Quienes lo practican consideran que no todo descubrimiento necesita convertirse automáticamente en contenido público.

En lugar de subir una fotografía acompañada por la ubicación exacta, algunos usuarios mencionan únicamente la ciudad o la región. Otros directamente se reservan el nombre del establecimiento. La lógica es sencilla: si el algoritmo no sabe dónde está el lugar, resulta más difícil que lo convierta en la próxima tendencia global.

La autenticidad se convierte en un activo escaso

El cambio coincide con otra transformación del turismo: la búsqueda de experiencias que parezcan menos estandarizadas.

Después de años de recomendaciones algorítmicas, rankings y listas de lugares imprescindibles, parte de los viajeros busca sitios que todavía conserven una relación más estrecha con la vida cotidiana de los residentes.

Eso genera una paradoja comercial. Cuanto más buscada es la autenticidad, más difícil resulta conservarla.

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El cambio coincide con otra transformación del turismo: la búsqueda de experiencias que parezcan menos estandarizadas.

Un restaurante familiar puede resultar atractivo precisamente porque no está lleno de turistas. Pero cuando miles de personas descubren ese mismo atributo y comienzan a visitarlo, aquello que lo diferenciaba puede desaparecer.

Lo mismo ocurre con determinados barrios. La llegada de visitantes aumenta el consumo y crea oportunidades para negocios vinculados con gastronomía, alojamiento y entretenimiento. Al mismo tiempo, una demanda turística intensa puede modificar la composición comercial del área y presionar sobre los precios.

El destination gatekeeping intenta frenar ese ciclo desde su etapa inicial: impedir que determinados lugares alcancen la escala de exposición necesaria para convertirse en virales.

La contradicción es evidente. La escasez que protege al destino también puede aumentar su atractivo. Saber que un restaurante, una playa o un hotel no aparece en todas las cuentas de Instagram puede convertirse, por sí mismo, en una señal de exclusividad.

El desafío para hoteles, restaurantes y pequeños negocios

Para las empresas turísticas, el fenómeno presenta una tensión difícil de resolver.

La visibilidad digital es una herramienta comercial fundamental. Las recomendaciones de clientes, fotografías, reseñas y publicaciones de influencers funcionan como mecanismos de adquisición de consumidores. En muchos casos, el usuario descubre un establecimiento en una red social y después completa la reserva o compra.

Pedir que los viajeros dejen de compartir lugares puede protegerlos de una demanda excesiva, pero también reduce una fuente de publicidad gratuita que puede ser decisiva para pequeños negocios.

La situación no es igual para todos. Un establecimiento consolidado puede beneficiarse de una estrategia basada en exclusividad y acceso limitado. Para un restaurante nuevo, una pequeña posada o un comercio que necesita aumentar su facturación, permanecer oculto difícilmente represente el mismo beneficio.

Ahí aparece uno de los debates centrales del gatekeeping¿quién tiene derecho a decidir que un lugar ya recibió suficiente atención?

Un residente puede querer proteger su restaurante favorito de las multitudes. El propietario de ese restaurante, sin embargo, puede querer más clientes. Una comunidad puede preocuparse por el impacto de los visitantes mientras otros habitantes dependen económicamente de ellos.

No existe, por lo tanto, una única respuesta.

Durante años, las marcas compitieron por exposición. Ahora, en determinados segmentos premium, la ausencia de exposición puede convertirse en parte del producto. Hoteles pequeños, experiencias privadas, restaurantes con pocas mesas y operadores especializados pueden encontrar valor en ofrecer aquello que todavía no está masificado.

La exclusividad deja entonces de depender únicamente del precio. También puede construirse alrededor del acceso, el conocimiento y la dificultad para encontrar una experiencia.

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