Qué ver: Nüremberg, la historia que intenta hablar del presente
Protagonizada por Russell Crowe y Rami Malek, esta película disponible en Amazon Prime, plantea en parte el juicio histórico a los grandes criminales nazis y, en parte, la relación de Herman Göring y el siquiatra asignado para perfilarlo.

Es sorprendente la forma en que las opiniones a veces pueden contraponerse radicalmente en algunos aspectos. La actuación de Rami Malek en Nüremberg, el juicio del siglo, ha sido muy elogiada por algunos como muy vilipendiada por otros, sin puntos medios. La de Russell Crowe en esta película ha tenido elogios de toda clase. Claro, interpreta a un enorme personaje público, Hermann Göring, el segundo hombre más poderoso de la Alemania nazi. Malek, por el contrario, encarna a un psiquiatra poco conocido, cuyo trabajo fue fundamental en el juicio que da pie a esta película.

Al contrario de lo que sugiere el subtítulo en español, no es una película de juzgados o drama legal (como podría ser la oscarizada Cuestión de honor). La historia comienza con Göring entregándose a los aliados en una actitud de sorprendente calma y dignidad. 

Nüremberg. Foto: Difusión.

Se plantea luego cómo se gestó el procedimiento de juicio internacional, algo que no tenía antecedentes y que causaba ciertas opiniones encontradas. Y, en medio de todo eso, aparece el personaje de Rami Malek, que es el psiquiatra militar Douglas Kelley, a quien se le asigna la tarea de entrevistar y perfilar a Göring y los otros 21 líderes nazis que serán sometidos a juicio.

De este modo, el eje de la película está en la relación de Kelley con Göring. Entre la manipulación, el juego de astucias y hasta el vínculo humano, ambos personajes, o por lo menos las encarnaciones que les dan sus actores, están siempre enfrentados. Russell encarna a Göring con un buen balance entre la solemnidad y la bonhomía, sin caer en obviedades ni lugares comunes. Su presencia física ayuda mucho a imponer su figura y a oponerlo a Malek, mucho más chico. 

Malek, que ganó un Oscar por interpretar a Freddie Mercury en la lavada Rapsodia bohemia, le da una cuota de entusiasmo inocente a su personaje que suena un poco extraña. Hay algo de fascinación en él por el alemán, que no implica fascinación por sus ideas sino por las profundidades de una mente tan siniestra. Desde cierto punto de vista, es un interés más o menos parecido al que puede sentir un periodista a la hora de entrevistar en profundidad a un asesino. 

Tal vez lo que en realidad no ayuda a su actuación sean algunos de sus diálogos. El guion de James Vanderbilt (también autor de películas de entretenimiento muy eficiente como El asombroso hombre araña 1 y 2 y del policial Zodíaco), quien también dirige, tiene algunas frases de trazo grueso, obvias, directas. 

En ese sentido, es inevitable pensar en los duelos verbales que había escrito Aaron Sorkin para Cuestión de honor, todavía recordados por la frase “¡No puedes manejar la verdad!”. Pero sin necesidad de ir a esa comparación, se extraña un poco la sutileza psicológica entre personajes como el criminal y el psiquiatra, que mantuvieron entrevistas durante un buen tiempo. Y eso impacta en la actuación de Malek, quien tiene menos elementos que Crowe para construir a su personaje. 

La gran virtud de Nüremberg es que se sostiene muy bien a lo largo de sus dos horas y poco. Está cargada de información sobre cómo se orquestó el juicio y el lugar en el que sucedió. El reparto, además, incluye a Michael Shannon, siempre carismático, que encarna al jurista Robert Jackson, figura principal en el armado de este juicio. 

Nüremberg. Foto: Difusión.

La película. que se puede ver en Amazon Prime, tiene un objetivo y no tiene que ver con señalar a los villanos nazis ni su castigo. Es, en parte, recrear la historia, tarea en la que se parece más a un drama con los tiempos y tonos de los años 80 (algo que se agradece). Pero también funciona como una especie de alerta que encaja con estos tiempos, que incluso plantea un explícito comentario político sobre la actualidad y cómo las decisiones totalitarias no necesariamente vienen vestidas con uniformes militares.