Durante más de siete décadas, Yayoi Kusama construyó una de las carreras más singulares e influyentes del arte contemporáneo. La artista japonesa convirtió sus obsesivos patrones de lunares, sus esculturas y sus instalaciones inmersivas —entre ellas, las célebres Infinity Mirror Rooms— en un lenguaje reconocible en todo el mundo. Kusama murió el 14 de agosto, a los 97 años, en un hospital de Tokio. La noticia se conoció recién este 27 de agosto, casi dos semanas después de su fallecimiento.
El impacto de Kusama fue mucho más allá de los museos y las grandes exposiciones. En sus últimos años de vida, su obra también alcanzó cifras que la ubicaron entre los nombres más importantes del mercado global del arte. Esa dimensión quedó reflejada en la Hurun Global Art List 2025, elaborada a partir de las ventas en subastas públicas realizadas durante 2024, que la ubicó en el primer puesto entre los artistas vivos que más vendieron en subastas, con US$159 millones. Fue la primera mujer en liderar esa clasificación.
Sólo entre el 1 de octubre de 2024 y el 30 de septiembre de 2025, se ofrecieron 783 obras de Kusama en subastas y se vendieron 620, por un total de US$104.562.162. Ese volumen de ventas la ubicó en el primer lugar del ranking de artistas asiáticos vivos por valor total vendido en subastas, muy por encima de Yoshitomo Nara, segundo con US$65,23 millones.
Las obras más caras de Yayoi Kusama
El récord de Kusama en una subasta se alcanzó en mayo de 2022, cuando Untitled (Nets), una pintura de 1959 de su serie Infinity Nets, se vendió en Phillips Nueva York por US$10,496 millones. La obra tenía una estimación previa de entre US$5 millones y US$7 millones, pero la puja llevó el precio muy por encima de ese rango y estableció un nuevo récord para la artista.

Las calabazas, una de las imágenes más asociadas con su producción, también alcanzaron montos extraordinarios. En marzo de 2023, una pintura Pumpkin de 1995 se vendió en Hong Kong por US$7,15 millones, por encima de la estimación máxima de US$6,41 millones. Esa operación se convirtió entonces en el segundo precio más alto pagado en una subasta por una pintura de calabazas de Kusama. En la misma subasta, el tríptico Infinity Dots (HTI), realizado en 2001, alcanzó US$3,53 millones. Su estimación previa se había situado entre US$3,21 millones y US$3,85 millones.

La historia de Kusama
Nacida en Matsumoto en 1929, Kusama dejó Japón y se instaló en Estados Unidos en 1957. En Nueva York desarrolló sus Infinity Nets, esculturas, instalaciones y performances y formó parte de la escena de vanguardia de los años 60. Regresó a Japón en 1973 y, en 1977, ingresó voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio, donde vivió durante décadas mientras trabajaba en un estudio cercano.

En 1993, Kusama representó a Japón en la Bienal de Venecia, una participación que marcó un punto de inflexión en su reconocimiento internacional. A partir de entonces, su obra empezó a ocupar un lugar cada vez más visible en grandes museos y galerías, mientras sus Infinity Mirror Rooms, los lunares y las calabazas atraían a públicos masivos y reforzaban una estética ya inconfundible.
Parte de ese recorrido quedó registrado en "Kusama: Infinity", el documental que dirigió Heather Lenz y que se estrenó en 2018. La película utilizó material de archivo y entrevistas para reconstruir una trayectoria marcada por el rechazo familiar a su vocación artística, su experiencia en Nueva York, los prejuicios que encontró en el mercado del arte y el reconocimiento que llegó con mayor fuerza durante la segunda mitad de su vida.
El film formó parte del Festival de Sundance de 2018, en un momento en el que Kusama ya ocupaba un lugar central en el mercado internacional del arte. Esa dimensión comercial se hizo más clara algunos años después. En 2024, sus obras la llevaron al primer puesto del ranking mundial de artistas vivos y la convirtieron en la primera mujer en alcanzar esa posición.