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La sabiduría de la felicidad
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La sabiduría de la felicidad
Foto: Difusión

Qué ver: La sabiduría de la felicidad, las cuidadosas palabras del Dalai Lama

Matías Castro

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Un documental disponible en Prime Video trae al líder espiritual, premio Nóbel de la Paz, hablando a cámara y repasando sus ideas y visión del mundo.

16 Junio de 2026 09.37

No se descubre nada si se afirma que religiosidad y política están intrínsecamente ligados en todo el mundo, de las más diversas maneras. Se trata de posiciones de poder e influencia, tanto positivas como negativas que, en algunos casos, encarnan en una misma persona. El Dalai Lama, máximo líder del budismo tibetano, es uno de ellos. El documental La sabiduría de la felicidad, disponible en Amazon Prime, se enfoca en su mirada sobre la espiritualidad y la cultura del consumo aunque astutamente apenas formula apunte político sano.

En 2023, 30 años después de recibir el premio Nóbel de la Paz, el Dalai Lama fue centro de una polémica mundial cuando se difundió en Twitter un video en el que, durante una ceremonia, un niño se acercaba a saludarlo y él le decía “chúpame la lengua”. Debates mediante, incluyendo especulaciones sobre la posible incidencia de China en la difusión del video, la controversia se disolvió.

Dos años después, se lanzó este documental que ahora se puede ver en streaming. El foco está en el mismo Tenzin Gyatso, que es su nombre real, sus palabras y su mirada. El Dalai Lama habla a cámara mientras se va ilustrando con imágenes lo que dice. Es inevitable pensar que, el esfuerzo de las tres directoras occidentales que lo realizan, es parte de todo lo que se hizo para despejar cualquier duda acerca de su conducta. 

Qué es la mente, se pregunta entre algunas risas que denotan la tan promocionada felicidad. La respuesta o la búsqueda de una respuesta a esto es el eje de casi todo lo que dice con un tono extremadamente amable y sereno. La tradición del budismo tibetano, explica, tiene una manera muy lógica de entrenar la mente para estar en contacto con las emociones.

Por eso, él afirma que el conocimiento científico es totalmente compatible con el budismo. Detrás del cerebro  está la mente, que debe estar en paz. Ahí es donde el budismo entra en contacto con la ciencia, aunque no se abunda demasiado en esto y se lo insinúa sobre todo en imágenes de él tratando con científicos. En ese sentido, se muestra como una persona muy conectada con la realidad actual que expresa una mirada casi inocente sobre el potencial de la tecnología. 

El Dalai Lama dice admirar la civilización moderna como reflejo de las enormes capacidades creativas del cerebro humano. Como contrapartida, dice, están las posibilidades destructivas del hombre, fruto de pasiones que nos consumen y que, en parte, coinciden con los pecados capitales, como la avaricia y la envidia. Sin embargo, antes que condenar, afirma que esas pasiones nos llevan a la infelicidad y a la soledad.

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La sabiduría de la felicidad

Las reflexiones que realiza son transversales a muchas disciplinas. Tienen algo del mindfullness, se rozan con los preceptos del guía espiritual alemán Eckhart Tolle e incluso con muchos de los conceptos que defendía José Mujica. 

Como el uruguayo, se muestra pragmático. No reniega de la tecnología ni del consumo, pero defiende la idea de que hay que dejar de lado lo material y no ser esclavo de la necesidad infinita de consumir. Dice que los cambios de la ciencia y la tecnología son positivos y asombrosos, que ayudan a que nuestra vida sea más sencilla, pero que es la competencia humana lo que juega en contra de todo lo bueno que hay ahí.

Del mismo modo que el uruguayo, sostiene que el humano es un ser gregario y que por sí solo no puede sostenerse, que el culto al ego es dañino (algo un poco contradictorio en figuras como las de ellos) y que la falta de conciencia de la especie es una condena. Ante el individualismo excesivo que se manifiesta en la actualidad, sus palabras parecen un sano contrapeso, un ideal humanista muy básico al que apuntar. 

Y, como líder político que es, también sabe qué puntos tocar de la agenda. Así como habla sobre el cuidado del medioambiente, se refiere a que este sería un mundo más pacífico si la mayoría de los liderazgos mundiales estuvieran en manos de mujeres. 

Si bien el documental resulta una interesante introducción a principios básicos del budismo y a la filosofía que impulsa él, como líder en el exilio (uno de los aspectos más interesantes son las imágenes que muestran la solemnidad y reverencia de sus guardias armados), no deja de ser un discurso formado por postulados a modo de titular. 

La felicidad de lo material solo dura mientras se tenga dinero. Muchos problemas los creamos nosotros mismos. Somos una única especie y no existe un nosotros versus ellos. Debemos distinguir entre las emociones útiles de las dañinas. 

Todo suena muy bien y correcto, pero no se va mucho más allá de eso. Una cosa es saber que hay que distinguir emociones, pero algo muy distinto es aprender a manejarlas y manifestarlas con cuidado hacia los demás. Nada de eso está, probablemente porque no es un curso sino un largo discurso en el que mira a cámara muy de cerca, tal como seguramente mira a los ojos a sus seguidores. 

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