Revolut comenzó a habilitar EURR, su primera stablecoin respaldada por euros, para clientes de Dinamarca, Polonia y Portugal, mientras el Banco Central Europeo avanza con el desarrollo de una moneda digital pública.
La criptomoneda privada es emitida por Bridge Building, una empresa de Stripe, funciona sobre Ethereum y fue diseñada para mantener un valor equivalente a un euro. La alternativa del BCE, en cambio, surgiría directamente del banco central y buscaría ofrecer el nivel máximo de privacidad que permite la tecnología actual.
Aunque tienen características distintas, ambas iniciativas responden al mismo cambio en la forma de utilizar el dinero. Los consumidores y las empresas esperan que las transferencias sean instantáneas, funcionen dentro de plataformas digitales y puedan conectarse con nuevas aplicaciones basadas en blockchain, la tecnología que permite registrar y validar operaciones en una red distribuida.
Hasta ahora, las stablecoins respaldadas por dólares dominaron el mercado. Ese crecimiento temprano permitió que las empresas estadounidenses y los activos en esa moneda ganaran terreno en los pagos con blockchain. Europa avanzó más lentamente, aunque ahora impulsa alternativas basadas en euros que respondan a sus reglas.
La privacidad se transforma en una ventaja competitiva
La privacidad concentra uno de los principales cuestionamientos en torno a las monedas digitales emitidas por bancos centrales. Sus críticos temen que este tipo de dinero les permita a las autoridades acceder a información detallada sobre las operaciones de los consumidores. El BCE busca despejar esa preocupación desde el diseño del euro digital.
Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del organismo, afirmó que el proyecto ofrecería el nivel máximo de privacidad permitido por la tecnología actual. En los pagos sin conexión, la información solo sería visible para quien envía el dinero y quien lo recibe. Si la operación se hiciera online, el sistema no podría identificar a las personas involucradas, aunque los bancos conservarían los datos necesarios para cumplir con las normas contra el lavado de dinero.
El propio Banco Central Europeo tampoco podría vincular directamente una transacción a una persona específica. Esa protección podría resultar decisiva para la adopción, ya que la emisión por parte de un banco central no garantiza por sí misma que los consumidores elijan el producto.
Las stablecoins privadas no esperan
Mientras el euro digital sigue en desarrollo, EURR ya comenzó a llegar gradualmente a los usuarios habilitados. Después de su lanzamiento en Dinamarca, Polonia y Portugal, está previsto que se extienda al resto del Espacio Económico Europeo. La stablecoin permite mover fondos a través de la blockchain entre el dinero tradicional y los criptoactivos. También puede utilizarse para enviarlos a billeteras externas o transferirlos a otras redes compatibles.
La integración con Revolut facilita ese proceso. La compañía ya cuenta con una amplia base de clientes, una interfaz conocida y herramientas para comprar o intercambiar activos. Así, los usuarios pueden acceder a EURR desde una aplicación que ya utilizan, sin tener que abrir primero una billetera de criptomonedas independiente.
Esta posibilidad también aumenta la presión sobre los bancos tradicionales. Si una fintech permite concentrar depósitos, pagos, compraventa de criptoactivos y transferencias con stablecoins en un mismo lugar, las entidades deberán demostrar qué ventaja ofrecen sus propios productos de pagos digitales.
Europa desarrolla dos modelos de dinero digital
El euro digital y EURR podrían coexistir porque funcionan de manera diferente. En el primer caso, los fondos estarían respaldados directamente por el Banco Central Europeo. En el segundo, la estabilidad del valor dependería de Bridge Building, de las reservas que mantenga la empresa, de sus controles internos y del cumplimiento de las normas.
Esa diferencia también determina para qué podría servir cada opción. El euro digital ofrecería un medio de pago común en toda la zona del euro, funcionaría sin conexión a internet y reduciría la dependencia de proveedores extranjeros. EURR, por su parte, puede integrarse con aplicaciones blockchain y adaptarse con mayor rapidez a nuevas necesidades. La competencia entre ambas alternativas podría impulsar la creación de mejores productos y ofrecer mayores garantías de privacidad.
Para las empresas y los profesionales financieros, esta variedad implica tomar decisiones concretas. Tendrán que establecer cómo guardar esos fondos, quién podrá autorizar los movimientos, de qué manera registrarlos contablemente y cómo comprobar que las stablecoins cuenten con las reservas necesarias. También deberán definir medidas de ciberseguridad y mecanismos para cumplir con la regulación.
Que dos activos estén vinculados al euro no significa que deban contabilizarse de la misma manera ni que presenten el mismo nivel de riesgo. Los emisores estadounidenses ya enfrentaron estas dudas durante el lento avance hacia una mayor certeza regulatoria, marcado por la Ley CLARITY.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.