Sky Xu, multimillonario cofundador de Shein Global Holdings, consiguió llevar a la compañía a la Bolsa de Hong Kong, después de que los planes para cotizar en Nueva York y Londres no prosperaran. Sin embargo, el estreno bursátil del gigante de la moda quedó lejos de las expectativas, condicionado por las tensiones geopolíticas y las dudas de los inversores sobre el ritmo de crecimiento del negocio.
Las acciones de Shein llegaron a caer hasta 10% durante la rueda, aunque luego recuperaron buena parte del terreno perdido y terminaron la jornada con una baja de apenas 0,10%.
El debut marcó un fuerte contraste con los años de mayor entusiasmo alrededor de la empresa. Tras una ronda de financiación Serie D en 2022, Shein llegó a alcanzar una valoración cercana a los US$ 100.000 millones. Ahora, su capitalización bursátil ronda los 205.000 millones de dólares de Hong Kong, equivalentes a unos US$ 26.000 millones.
La salida a bolsa permitió a la compañía captar 13.600 millones de dólares de Hong Kong mediante la colocación de 280 millones de acciones a un precio de 48,56 dólares de Hong Kong por acción, ubicado en el punto medio del rango establecido para la oferta.
Según la documentación presentada ante la Bolsa de Hong Kong, Shein destinará parte de esos recursos a reforzar el reconocimiento internacional de la marca y a modernizar su infraestructura tecnológica, dos áreas que la empresa considera centrales para sostener su expansión.
La fuerte pérdida de valor de Shein, que supera el 70% frente a su máximo histórico, coincidió con un escenario internacional más adverso para su negocio, marcado por la suba de los aranceles y mayores barreras comerciales en mercados clave.
“Shein se enfrenta a importantes desafíos operativos en un entorno comercial internacional incierto y ante el auge del proteccionismo local”, afirmó Kenny Ng, estratega de acciones de Everbright Securities International, con sede en Hong Kong.
A las tensiones comerciales se sumó otro factor que jugó en contra del debut bursátil: el fuerte interés del mercado por las compañías vinculadas con la inteligencia artificial. Según Ke Yan, analista de Shenton Research en Singapur, esa preferencia desplazó parte de la atención y del capital que podría haber recibido una empresa de consumo como Shein.
La compañía construyó gran parte de su expansión internacional a partir de una cadena de suministro concentrada en China, que le permitió ofrecer prendas de moda rápida a precios competitivos en distintos mercados. Sin embargo, las perspectivas de crecimiento ahora lucen más moderadas.
Lorraine Tan, directora de análisis de acciones de Morningstar en Singapur, estimó en una nota publicada el 28 de agosto que el crecimiento anual de los ingresos de Shein podría mantenerse en niveles de un solo dígito durante un período prolongado. Ese escenario agrega presión sobre una empresa que llegó a captar un fuerte entusiasmo inversor y que ahora enfrenta el desafío de sostener su expansión bajo condiciones comerciales mucho más exigentes.
La desaceleración del negocio ya quedó reflejada en los últimos resultados financieros de Shein. Durante el año pasado, los ingresos avanzaron apenas 8% interanual, hasta US$ 41.800 millones, mientras que la ganancia neta cayó casi 40%, a US$ 2.100 millones, afectada por el aumento de los costos logísticos.
Una de las principales presiones llegó desde Estados Unidos. En 2025, el gobierno de Donald Trump eliminó la regla de minimis, que permitía el ingreso al país de paquetes con un valor inferior a US$ 800 sin el pago de impuestos. Como consecuencia, Shein pasó a enfrentar cargas impositivas de entre 10% y 87,5%, de acuerdo con el folleto presentado por la compañía.
El escenario también se volvió más complejo en la Unión Europea. En julio, las autoridades del bloque eliminaron una norma que permitía importar pequeños paquetes sin impuestos, una medida que impactó directamente sobre el modelo de distribución internacional de la empresa.
La exposición a ambos mercados resulta especialmente relevante para Shein. Durante el último año, Estados Unidos y Europa aportaron casi dos tercios de los ingresos totales de la compañía, según la documentación de la oferta pública.
A esas presiones se agregó un compromiso financiero considerable con algunos de sus primeros inversores. Shein acordó desembolsar hasta US$ 3.500 millones en conjunto a fondos que participaron de las rondas Serie D y D+, entre ellos Boyu Capital, HSG —antes Sequoia China— y Tiger Global Management. La cifra equivale a más del doble del capital que la empresa obtuvo mediante su salida a bolsa.
El folleto de la salida a bolsa no especificó cuánto recibió cada uno de los inversores alcanzados por esos acuerdos. Para varios de ellos, la cotización marcó el final de una espera que se extendió durante años, después de que Shein intentara sin éxito ingresar a los mercados bursátiles de Nueva York y Londres.
Esos planes chocaron con cuestionamientos sobre el impacto ambiental de la compañía y sus prácticas laborales, dos asuntos que generaron resistencia alrededor de sus proyectos de cotización. Shein rechazó en reiteradas oportunidades esas acusaciones.
En los meses previos a su llegada a la Bolsa de Hong Kong, Sky Xu, conocido por mantener un perfil bajo, protagonizó una inusual aparición pública. En febrero, el multimillonario destacó las raíces chinas de la empresa, agradeció el respaldo del gobierno y prometió invertir más de US$ 1.000 millones en Guangdong, durante un acto organizado por las autoridades provinciales.
El mensaje marcó un acercamiento público a China después de una etapa en la que Shein modificó parte de su estructura internacional. Entre 2021 y 2022, la compañía trasladó su sede de China a Singapur y abrió centros de producción fuera del país con el objetivo de ampliar su presencia en otros mercados.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.