Muchos inversores se preparan una nueva ola de ofertas públicas millonarias, con nombres de alto impacto como SpaceX, OpenAI y Anthropic, cuyas valuaciones en el mercado privado ya rozan el billón de dólares. Sin embargo, Warren Buffett repetiría una advertencia que sostuvo durante décadas: cuando la euforia alcanza su punto más alto, suele ser el peor momento para comprar.
En una entrevista con CNBC en 2019, cuando la salida a bolsa de Uber dominaba los titulares, Buffett recordó la escasa relación de Berkshire Hathaway con las nuevas cotizaciones. “En 54 años, no creo que Berkshire haya comprado nunca una nueva emisión”, dijo.
Después explicó por qué las evita. “La idea de decir que el mejor lugar del mundo donde podría invertir mi plata es algo donde existen todos los incentivos para vender, las comisiones son más altas y el optimismo está en aumento... simplemente no tiene sentido”, señaló.
La advertencia de Buffett no apuntaba a señalar que todas las OPV fueran malas inversiones. Su preocupación pasaba por otro lado: muchas de estas compañías llegan al mercado justo cuando el entusiasmo toca su punto máximo y la disciplina para valuar cae a su nivel más bajo, una dinámica que hoy vuelve a ganar relevancia.
El legendario inversor solo hizo algunas excepciones relevantes a su mirada sobre las salidas a bolsa. La primera ocurrió en 1955, cuando compró 100 acciones antes de la OPV de Ford y obtuvo una ganancia rápida de US$ 500. La segunda fue la inusual participación de Berkshire Hathaway en la salida a bolsa de Snowflake en 2020, una posición atribuida en buena medida a sus colaboradores Todd Combs y Ted Weschler. La compañía se desprendió por completo de esa inversión en 2024, con resultados modestos.
Incluso esas excepciones poco frecuentes refuerzan la idea central de Buffett: el resultado de una inversión depende menos de la expectativa que rodea a una nueva cotización y mucho más del precio que se paga por las acciones.
Buffett también advirtió que muchos inversores compran acciones en una OPV por la publicidad que rodea a la operación y por el deseo de alcanzar a otros que se enriquecen. Para él, esa no constituye una base sólida para invertir.
¿Por qué el miedo a quedarse afuera, conocido como FOMO, todavía impulsa la compra de acciones en las OPV?
Buffett apuntaba, en el fondo, al FOMO, el miedo a quedarse afuera de una oportunidad que parece irrepetible. Ese comportamiento vuelve a ganar fuerza entre los inversores minoristas, que miran con expectativa las próximas OPV de compañías privadas de altísimo valor como SpaceX, OpenAI y Anthropic, con valuaciones actuales cercanas al billón de dólares.
La historia dejó varios ejemplos de OPV tecnológicas de alto impacto que llegaron al mercado con una expectativa enorme y una fuerte atención mediática. Sin embargo, después muchas chocaron contra el desgaste del relato inicial y la realidad de los números. Ese contraste terminó en rendimientos por debajo de lo esperado en los mercados públicos.
El caso de Snowflake (NYSE: SNOW) sirve como ejemplo. La compañía debutó en 2020 con la mayor salida a bolsa de una empresa de software registrada hasta ese momento.
La salida a bolsa de Snowflake en cifras
Snowflake salió a bolsa en septiembre de 2020 con un precio inicial de US$ 120 por acción, pero cerró su primera rueda cerca de US$ 254, en una muestra clara del entusiasmo que despertó entre los inversores. En su pico, la compañía superó los US$ 120.000 millones de capitalización bursátil. Para octubre de 2025, ese valor rondaba los US$ 79.000 millones, mientras que al 5 de junio de 2026 se ubicaba en US$ 82.600 millones.
Snowflake salió a bolsa en septiembre de 2020 como una de las OPV tecnológicas más resonantes del mercado.
- Precio de salida a bolsa: US$ 120.
- Precio de cierre del primer día: cerca de US$ 254.
- Capitalización máxima de mercado: más de US$ 120.000 millones.
- Capitalización de mercado en octubre de 2025: alrededor de US$ 79.000 millones.
- Capitalización de mercado al 5 de junio de 2026: US$ 82.600 millones.
¿Qué le pasó a Snowflake?
La euforia inicial puede empujar las valuaciones a niveles muy altos, pero los mercados públicos tarde o temprano exigen resultados claros y sostenidos. Una promesa de crecimiento ya no alcanza cuando los números quedan bajo revisión constante.
- En el caso de Snowflake, los elevados múltiplos de valuación quedaron bajo presión a medida que se desaceleró el crecimiento de los ingresos.
- La tasa de crecimiento cayó del 106% en el año fiscal 2022 al 69% en 2023, luego al 36% en el año fiscal 2024 y al 29% en 2025, un ritmo que se repitió en el reciente año fiscal 2026.
- La falta de rentabilidad según los PCGA y la elevada remuneración basada en acciones aparecieron entre las principales preocupaciones.
- Además, cuando las tasas de interés empezaron a subir en 2022, los inversores perdieron disposición a pagar múltiplos más altos por las acciones.
Sin embargo, la lección más importante de Snowflake quizás no pase por las tasas de crecimiento, la rentabilidad o el ajuste macroeconómico. Tal vez tenga más relación con el precio de entrada.
Prácticamente ningún inversor minorista tuvo la posibilidad de comprar acciones de Snowflake al precio de salida a bolsa de US$ 120. La colocación quedó asignada casi por completo a inversores institucionales, clientes selectos de alto patrimonio de los bancos colocadores e inversores ancla específicos, entre ellos Berkshire Hathaway, de Warren Buffett, y Salesforce Ventures, que adquirieron acciones mediante colocaciones privadas.
Cuando finalmente empezó la negociación en el mercado público, la enorme demanda hizo que la acción abriera a US$ 245, tocara un máximo intradiario de US$ 319 y cerrara a US$ 253,93. El mínimo intradiario fue de US$ 231,11.
Para muchos inversores minoristas, el punto de entrada real estuvo más cerca de US$ 245 que de US$ 120.
Si un inversor minorista hubiera comprado acciones a US$ 231,11, el mínimo intradiario de Snowflake el día de su salida a bolsa, y las hubiera mantenido hasta el 5 de junio de 2026, habría conseguido una ganancia aproximada del 3% frente al precio de cierre de la acción, de US$ 238,26.
Cómo la comparación con los fondos indexados cambia la historia
Ahora aparece una alternativa que modifica la lectura del caso.
El fondo indexado S&P 500, VOO, cerró a un precio ajustado de US$ 286,46 el 16 de septiembre de 2020, el mismo día del debut de Snowflake. Un inversor que hubiera comprado VOO en esa fecha y lo hubiera mantenido hasta el 5 de junio de 2026 habría obtenido una ganancia aproximada del 137%, con un cierre del fondo en US$ 678.
En este caso, el fondo indexado más tradicional rindió bastante más que la OPV, aunque esta última despertó mucho más atractivo en el mercado. La diferencia pasó, sobre todo, por el precio de entrada: los inversores pudieron comprar VOO a una valuación mucho más razonable.
Esta comparación no implica que Snowflake sea una empresa débil. De hecho, sus acciones se recuperaron con fuerza desde sus mínimos y su rentabilidad anual, cercana al 15%, resulta atractiva. Además, se prevé que la compañía registre un crecimiento de ingresos del 30% este año fiscal.
Lo que los inversores minoristas deben recordar antes de la próxima mega OPV
Para los inversores minoristas que analizan futuras OPV de alto impacto, quedan algunas lecciones claras:
- Es posible que buena parte del crecimiento previsto ya esté incorporado al precio de la empresa antes de que salga a bolsa.
- Los inversores actuales y los bancos colocadores tienen fuertes incentivos para maximizar la valuación, no necesariamente la rentabilidad de largo plazo para los nuevos compradores.
- Las empresas privadas de alto valor muchas veces enfrentan plazos inciertos hasta alcanzar una rentabilidad sostenida.
- Quedarse afuera de la salida a bolsa no significa perder la oportunidad. Las acciones rara vez se mueven en línea recta y, muchas veces, más adelante aparecen mejores puntos de entrada.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com