La guerra entre Rusia y Ucrania comenzó a generar un nuevo efecto dentro del sistema financiero ruso: una creciente cantidad de ciudadanos está retirando sus depósitos bancarios y convirtiéndolos en efectivo.
El fenómeno se aceleró durante los últimos meses y alcanzó niveles récord en julio, en paralelo con el aumento de los ataques con drones ucranianos contra instalaciones energéticas y otras infraestructuras dentro de Rusia.
De acuerdo con datos del Banco Central de Rusia, desde el comienzo de 2026 se retiraron de los bancos alrededor de 2,4 billones de rublos, equivalentes a unos 24.400 millones de euros o US$ 30.000 millones. El movimiento implica que una parte significativa del dinero que permanecía depositado en entidades financieras pasó a circular como efectivo.
La tendencia tomó fuerza a partir de marzo. Desde entonces, los retiros rondaron los 300.000 millones de rublos mensuales, unos 3.050 millones de euros. La salida se concentró especialmente en algunas de las principales entidades financieras del país: cinco de los siete mayores bancos registraron una reducción de sus depósitos minoristas superior a 1 billón de rublos.
Uno de los casos más significativos fue el de Gazprombank. Durante cuatro meses, sus clientes particulares retiraron 299.500 millones de rublos, aproximadamente 3.040 millones de euros. Esa cifra representó el 10,8% del total de los depósitos de los hogares en la entidad.
Rosselkhozbank también sufrió una importante salida de fondos. En el mismo período, los depósitos se redujeron en 270.500 millones de rublos. En este caso, la caída representó algo más del 15% de los fondos depositados.
El movimiento cobró todavía mayor intensidad durante julio. Según el Banco de Rusia, el efectivo en circulación aumentó en 643.400 millones de rublos. Se trató del mayor incremento mensual registrado desde el comienzo del año.
El aumento de los retiros coincide con una intensificación de los ataques ucranianos de largo alcance contra instalaciones estratégicas rusas, particularmente refinerías, depósitos y otras infraestructuras vinculadas al sector energético. Kiev sostiene que estas operaciones buscan reducir la capacidad de Rusia para financiar y sostener su esfuerzo bélico.
El temor de los ciudadanos no necesariamente implica una crisis bancaria inmediata, pero sí refleja un cambio en el comportamiento financiero. La mayor demanda de efectivo puede interpretarse como una búsqueda de liquidez y protección frente a un escenario de mayor incertidumbre, especialmente ante la posibilidad de nuevos ataques, interrupciones en el suministro energético o restricciones económicas.
La tendencia continuó incluso durante agosto. Solo en la primera mitad del mes se retiraron casi 300.000 millones de rublos, cerca de 3.000 millones de euros.
El fenómeno se produce además en un contexto económico complejo. El Banco Central ruso redujo recientemente su previsión de crecimiento para 2026 a un rango de entre 0% y 1%, mientras elevó su estimación de inflación hasta entre 6% y 7%, en parte por el encarecimiento de los combustibles.
Así, la salida de depósitos y el aumento del efectivo en circulación se convierten en otro indicador de cómo la guerra está impactando no solo sobre la infraestructura energética rusa, sino también sobre las decisiones financieras de los hogares.