El nuevo régimen de promoción de inversiones que impulsa el gobierno de Javier Milei ya comenzó a generar repercusiones positivas en Wall Street, donde el denominado “Súper RIGI” representa una profundización de la estrategia oficial para atraer capitales de largo plazo y donde se afianza la idea de que podría abrirle a la Argentina la puerta a industrias donde hasta ahora prácticamente no tenía participación.
En ese sentido, por caso, el JP Morgan definió al nuevo esquema como una “doble apuesta” del Gobierno sobre los incentivos a la inversión y onsideró que el proyecto tiene potencial para modificar estructuralmente la matriz exportadora del país. A diferencia del RIGI original, que estuvo enfocado principalmente en energía, petróleo, gas y minería, el nuevo régimen apunta a sectores tecnológicos e industriales considerados estratégicos a nivel global.
Entre ellos aparecen proyectos vinculados con inteligencia artificial, centros de datos, semiconductores, biotecnología avanzada e infraestructura digital. Para J.P. Morgan, se trata de actividades que hoy no existen a escala comercial en Argentina y cuya llegada podría insertar al país en nuevas cadenas globales de valor.
“El Súper RIGI crea un canal paralelo orientado a industrias genuinamente nuevas”, señaló el informe elaborado por los economistas Diego Pereira y Lucila Barbeito.
La entidad destacó especialmente que el Gobierno decidió elevar significativamente los beneficios respecto del régimen vigente. El proyecto contempla una tasa corporativa fija del 15%, frente al 25% del RIGI actual y el 35% del esquema general. También prevé estabilidad fiscal, regulatoria y cambiaria por 30 años, exenciones arancelarias, beneficios sobre IVA y un esquema progresivo de libre disponibilidad de divisas que alcanza el 100% al tercer año de exportaciones.
Según el análisis de J.P. Morgan, uno de los elementos más atractivos para los inversores internacionales es la flexibilidad cambiaria. El banco remarcó que el nuevo esquema elimina obligaciones de liquidación de capitales y facilita el acceso al mercado para girar utilidades o pagar deuda externa, algo que históricamente fue uno de los principales obstáculos para grandes proyectos en Argentina.
Además, el informe subrayó que el Gobierno intentó blindar jurídicamente el régimen mediante garantías de estabilidad normativa y acceso directo a tribunales de arbitraje internacional, sin necesidad de agotar previamente instancias administrativas locales.
Wall Street también puso el foco sobre otro aspecto clave: el Súper RIGI busca evitar que compañías ya incluidas en el régimen original migren simplemente para obtener beneficios adicionales. Para eso, el proyecto establece fuertes restricciones para impedir superposiciones entre ambos sistemas y exige inversiones mínimas de USD 1.000 millones.
En paralelo, J.P. Morgan hizo un balance del desempeño del RIGI original y señaló que, hasta mayo de 2026, ya existen 16 proyectos aprobados por casi USD 30.000 millones. La mayor parte de esas inversiones se concentra en petróleo, gas y minería, especialmente en desarrollos ligados a Vaca Muerta, cobre y litio.
Entre los principales proyectos aprobados aparecen el VMOS, el desarrollo de GNL en Río Negro, ampliaciones de litio de Río Tinto y distintos emprendimientos mineros en San Juan y el NOA. A eso se suma otro conjunto de iniciativas en evaluación que supera los USD 64.000 millones.

Para J.P. Morgan, la diferencia central es que el RIGI original buscó destrabar proyectos demorados en sectores tradicionales, mientras que el Súper RIGI apunta directamente a construir nuevas industrias exportadoras.
El banco también relativizó las críticas sobre el posible costo fiscal del programa. Según el informe, Argentina hoy prácticamente no posee base tributaria en muchos de los sectores alcanzados por el nuevo esquema, por lo que el Estado no estaría resignando recaudación existente sino intentando crear actividades económicas nuevas.
“El diseño favorece claramente la generación de inversiones adicionales”, sostuvo la entidad.
Sin embargo, J.P. Morgan advirtió que el principal desafío no será económico sino político. El informe anticipa resistencia de parte de la oposición y posibles tensiones con provincias por las limitaciones impositivas que plantea el régimen, además de cuestionamientos por los beneficios otorgados a inversores extranjeros.
Aun así, el banco mantiene una visión positiva sobre las chances de aprobación del proyecto y considera que, si finalmente avanza en el Congreso, podría marcar un punto de inflexión para la economía argentina.
En ese escenario, J.P. Morgan cree que las primeras inversiones podrían concentrarse en infraestructura de datos, hidrógeno verde, química especializada y plataformas industriales asociadas al desarrollo de inteligencia artificial.
Para Wall Street, el mensaje detrás del Súper RIGI es claro: el Gobierno apuesta a convertir a la Argentina en un destino competitivo para proyectos globales de gran escala y largo plazo, intentando aprovechar el nuevo ciclo mundial de inversiones tecnológicas e industriales.