El riesgo de ceder para apaciguar
Con presiones internas y externas, el gobierno de Orsi enfrenta el dilema clásico: ceder ante el impuesto a los “más ricos” para calmar la calle o sostener su veto, aun cuando la historia –y Wagner– advierten que el apaciguamiento solo multiplica las demandas.

Nelson Fernández Salvidio Periodista, docente y escritor

Una de las principales estrategias para tener a mano y usar en caso de tensiones es la de cómo enfrentar presiones desmedidas, cómo apagar el fuego interno

¿Hay que ceder? ¿Cuánto? ¿En qué momento? ¿Hasta qué dónde? 

Eso puede pasar en varios órdenes de la vida: en lo familiar, por pedidos de hijos chicos a los que se quiere satisfacer pero sin malacostumbrarlos; o en las empresas, donde en tiempos de calma surgen propuestas diversas, y muchas veces contradictorias, para mover la organización. También en la vida política, fundamentalmente en la interna de un gobierno.

Hay una lógica que marca que ceder para calmar presiones no apacigua nada, sino que aumenta la demanda. Eso lo siente ahora el gobierno de Yamandú Orsi y el equipo económico dirigido por el ministro Gabriel Oddone. El problema internacional común es el de la desaceleración de la economía, que genera insatisfacción en emprendedores, consumidores, inversores y que además impacta negativamente en la caja del Estado, porque se asumen compromisos de gastos (seguros de paro, por ejemplo) y se sufre por la caída de ingresos, debido a menor recaudación asociada a la evolución del PIB.

En el gobierno de Orsi aparecen esas exigencias de distinto orden, porque algunas son para que la política económica pueda o deba contribuir con una mejora del ánimo popular y el humor social, como si ello fuera fácil, y otras demandas son ideológicas de pura cepa: pretenden señales y actos “más de izquierda”. 

Unos reclaman medidas, dentro del plan llevado a cabo, que permitan dinamizar el consumo y movimiento económico interno. Otros pretenden un sesgo ideológico acorde a la matriz política fundacional de la coalición de izquierda, o sea, que sea menos liberal y más de izquierda.

Los comunistas, socialistas, otros grupos marxistas y también movimientos réplicas de la izquierda radical española (Podemos, Sumar) tienen sed de impuestos al “gran capital” y a “los más ricos”, por lo que insistirán con la tasa adicional al impuesto al Patrimonio de personas físicas. La propuesta del impuesto a los ricos se presenta unida a la protección de los niños pobres. En el núcleo de gobierno creían que con el aumento de impuestos a inversores en el exterior y el nuevo tributo a empresas muy grandes, podían lograr que se desactivara la campaña por un impuesto rechazado públicamente por el ministro, el secretario de la Presidencia y por el propio presidente.

La central de sindicatos PIT‑CNT y varios partidos y sectores del Frente Amplio siguen presionando para lograr que el gobierno ceda. Orsi ya dijo que no acepta la medida y si cediera quedaría debilitado en liderazgo, pero ante la fuerte presión deberá tener una línea asumida: ¿ceder algo para no tener que asumir lo que se dijo que no se tomaba?

Está la lección de la historia sobre “apaciguamiento”, que como tantas obras se refleja muy bien en la ópera El oro del Rin (1869) de Richard Wagner (1813‑1883), de las que componen el ciclo de El anillo del nibelungo. En la obra, los dioses cometen el error clásico de ceder algo fundamental —entregar la diosa de la juventud— esperando ganar tiempo y reducir tensiones. Pero la concesión solo refuerza la exigencia de los gigantes, quienes interpretan el gesto como obligación firme: “Was du versprochen, fordern wir ein” (“Exigiremos lo prometido”).

Cuando uno de los dioses intenta retroceder, la presión se multiplica y debe entregar algo aún peor (el Anillo), lo que desata una cadena trágica. 

La obra muestra que las concesiones hechas para calmar un reclamo injusto no solo no calman, sino que abren la puerta a demandas mayores. El gobierno abrió la puerta de los impuestos y ahora la presión interna seguirá; no la tiene fácil, pero la lección de la historia dice que ceder es muy peligroso.