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Los distintos tipos de voto, los hay con todos los matices, el de antes de llegar a la urna y dos que en el cierre son los más buscados. El mercado del voto trae cola.

12 Junio de 2024 16.25

La decisión del voto tiene tres dimensiones: “duro”, “blando” y “líquido” y, en cada caso, hay un factor racional o emocional. 

Las elecciones nacionales son como un mercado, con oferta y demanda; la oferta que hacen los partidos y los candidatos, y la demanda de los ciudadanos, que expresan con su voto en las urnas. 

¿Cómo determinan los electores su decisión de ese voto? 

Ahí radica la cuestión que buscan entender los que batallan por la confianza popular, sus comandos políticos y sus asesores. Uruguay es un país con una democracia sólida con fortaleza de partidos, lo que determina que al llegar a la campaña electoral, la mayoría de los ciudadanos ya tienen una decisión.

A diferencia de otros países, los votantes a captar con la campaña son mucho menores.

Para entender los procesos de definición del voto, vemos un esquema manejado por el politólogo Luis Eduardo González (1945-2016), ajustado a doble entrada: plazo de construcción y tipo de respuesta: racional o emocional.

“Voto duro” alude a un vínculo del votante con un partido o a un ideario político, y al momento de votar, ese elector ya tiene definición.

“Duro-racional”. Refiere a que la definición del voto está dada por la sintonía ideológica con determinado partido: el votante no se siente parte de un partido, sino que se define por liberal, socialista, socialdemócrata, derecha, izquierda, u otros, y esa postura lo conduce al voto al lema que más se acerque a su ideario.

“Duro-emocional”. Es un sentimiento de “pertenencia”, de seguir una tradición y de ser “parte de”. No importa el candidato, ni la propuesta, ni los aciertos o los errores. Es blanco como hueso de bagual; es colorado como sangre de toro; es frenteamplista a muerte. Es el peso de “la camiseta”, de “la divisa”.

“Voto blando”. Se construye en el período entre una elección y otra. No está predeterminado por una camiseta o una idea, pero tampoco emerge de un día para el otro, ni en el fragor de una campaña electoral. El elector define su voto en función de una disyuntiva de “continuidad o cambio” en base a lo que deja como resultado el actual gobierno (y de alguna manera la forma de hacer oposición del adversario)

“Blando-racional”. La definición es por la evaluación que hace el votante de la gestión de gobierno, de los planes que impulsa, las reformas que realiza o deja pendiente. Aprueba o rechaza la política económica, el manejo de la seguridad, entre otros. Está conforme y quiere seguir, o razona que es más conveniente cambiar.

“Blando-emocional”. No hace una evaluación analítica de la gestión, sino que se define por experimentar una sensación de su vida, cómo siente la economía, cómo lo afecta o su experiencia con la seguridad.

No considera el manejo ni los resultados macros, sino que responde a cómo vive este período.

“Voto líquido”. Se determina en el tramo final de la campaña y es el de aquellos que no tienen vínculo con un partido.

“Líquido-racional”. Con equidistancia a la oferta política, el votante se abre a escuchar o leer las propuestas de cada candidato y partido, a su propia evaluación de los discursos, las entrevistas, los posibles debates, al contenido de lo expresado (más que en la forma) y en función de eso elige lo que le parece más conveniente.

“Líquido-emocional”. Es la efervescencia misma de la campaña, simpatía o entusiasmo con jingles, spots, cotillón político, emoción de un acto o de una caravana, gracia por un posteo o la viralización de algo en redes. Es la expresión de “me gusta” ese candidato o esa campaña.

Con una mayoría que llega con definición previa, la campaña se juega entre el “voto blando” y el “voto líquido”, y cuanto más cerca de la elección, quedará la competencia por el voto de efervescencia.

O sea que mientras el presidente Luis Lacalle Pou se dedica a exhibir gestión, resultados y a mostrar obras y la oposición a colgar pasacalles con la expresión “El gobierno fracasó”, los candidatos saben que deben aplicar la canción de Charly Garcia: “Con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor / Necesitas alguien que te acompañe /Le estoy hablando, hablando, hablando a tu corazón”.
 

*Este artículo fue publicado originalmente en Forbes UY del mes de Mayo de 2024

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