Craig Robins, creador del Design District en Forbes Studio: “Al principio todos te dicen que estas loco; eso es la innovación”
El creador y visionario detrás de la transformación urbana de South Beach y del Miami Design District analiza las claves para convertir distritos industriales abandonados en referencias mundiales de cultura, moda y consumo de alta gama. Sus reglas de management para elegir socios, la gestión del tiempo como recurso crítico en las finanzas, el rol social del urbanismo y los patrones de su propia creatividad en una charla a fondo.

Muy pocos conocen Miami y la transformaron tanto como Craig Robins. Revolucionó South Beach a fines de los ochenta y más tarde, donde todos veían estacionamientos y shoppings, él imagino el Art Basel. Así convirtió un barrio industrial abandonado en el Design District, epicentro del arte y del lujo, en un negocio multimillonario que hoy sigue en expansión. “Al principio me decían que estaba loco, pero si todos la ven venir entonces no hay innovación”, dice desde el Forbes Studio montado durante la Copa del Mundo en The Moore, el exclusivo club privado fundado en 1922. 

Veinte años y una inversión de 1400 millones de dólares les llevó convertir unas maquetas, que exhibía a fines de los noventa, en este barrio de unas 18 manzanas, con las marcas de lujo más importantes del mundo como vecinas permanentes. Hoy, el Design District reúne flagships de Louis Vuitton, Hermès, Cartier, Chanel, Gucci y Prada, entre otras firmas del grupo LVMH, en un circuito que las propias marcas consideran uno de sus quince locales estratégicos a nivel global. “El arte vino primero, el lujo después”, fue uno de sus lemas más disruptivos. 

La entrevista completa, accesible en el canal de Forbes en YouTube. Acá algunos extractos.

 

Forbes: Existe una leyenda urbana en el mundo del arte que dice que compraste tu primera obra, un dibujo de Salvador Dalí, cuando tenías apenas 19 años. ¿Es verdad o es solo un mito?

Craig Robins: Es verdad, pero era muy joven, viviendo en España. Me encantó Dalí y compré un dibujito. No tenía capital para comprar una obra importante, pero me fascinaba Dalí. 

Forbes: ¿Fue tu primera obra que compraste?

Craig Robins: Sí. Estaba viviendo en España, al principio, en Madrid, y en el Prado descubrí Goya. Después, fui a estudiar en Barcelona, y fuimos a Figueras y al Museo Dalí. Después, Miró, la Fundación Miró, el Museo Picasso, y todo esto me inspiraba a coleccionar arte, integrar mi vida con la cultura, la arquitectura, el diseño. Todo era una influencia muy importante en mi vida.

Forbes: Tu padre era un desarrollador inmobiliario tradicional centrado en oficinas y departamentos. ¿Esa experiencia viviendo en España y descubriendo el arte fue lo que te llevó a cambiar el rumbo del negocio familiar?

Craig Robins: Yo siempre admiraba a mi padre, me enseñó mucho, pero cuando descubrí el arte, tuve la idea de integrar la cultura y propiedades. No ser el típico desarrollador de edificios de oficinas o apartamentos.

Forbes: ¿Cómo fue ese descubrimiento del arte?

Craig Robins Fue rarísimo. Estuve en Madrid, fuimos al Prado y vi los cuadros de Goya y me fascinaba. Y pasé una semana entera paseando por el museo con libros, mirando los cuadros de Goya y leyendo lo que habían escrito sobre estos cuadros. Y ese fue el principio. Y después fui a Barcelona y vi la obra de Dalí, el surrealismo, Miró y Picasso, sobre todo sus primeras obras, que están en el Museo Picasso. Y ahí empecé a fascinarme. Además, conocí el Parque Güell y la Sagrada Familia de Gaudí. Arquitectura pura. Pero también me marcó el espíritu de Gaudí y pasar tiempo en el Barrio Gótico, que era un barrio para caminar, una comunidad. Todas estas cosas me influyeron muchísimo y, desde aquel momento, siempre estuve igualmente enfocado en el arte, la arquitectura y los negocios.

Robins compró cerca de la mitad del barrio para transformar una zona industrial olvidada en un laboratorio urbano (Foto: Miami Design District).

Forbes: ¿Llegaste a pensar en algún momento de tu juventud dejar los negocios de lado para dedicarte por completo al arte o a la abogacía, o siempre supiste que ambas disciplinas iban a convivir simultáneamente?

Craig Robins: Estaba honestamente más interesado en el arte. Estaba en la universidad, estudiando Derecho. Después de graduarme, seguí estudiando Derecho y, mientras estudiaba , alquilaba espacios baratos en South Beach, en el distrito de arte, y colaboraba con artistas: los administraba, les daba espacios y vendía sus obras. Y así, con 22 años, pude comenzar a coleccionar.

Entonces estaba enfocado en eso y comencé en Real Estate por casualidad. Buscaba un estudio y encontré el estudio perfecto. Porque al principio, en South Beach, estaban las tiendas, y South Beach, en aquel momento, era horrible. Entonces, toda la gente que estaba sin casa y vivía en la calle entraba en las tiendas, y los artistas se quejaban porque no querían estar en el piso a nivel de la puerta de entrada. Buscaba un espacio en el segundo piso y encontré el lugar perfecto. También tenía ventanas hacia el norte, con luz constante, ideal para un estudio.

Forbes: ¿Cómo se dio tu primera gran oportunidad de inversión comercial en South Beach? Es otra de las historias que se cuentan como una leyenda de tus inicios.

Craig Robins: Hablé con Tony Goldman, un hombre que tuvo muchísima influencia en mi vida, y le pregunté si podía comprar el estudio. Me dijo que no. Pero me ofreció comprar la mitad del edificio y ser su socio, además de participar en otro edificio. Entonces le pregunté: “Tony, ¿cuánto tengo que pagar por la mitad del edificio en Washington Avenue, en South Beach?”. Y me respondió: “Tenés que darme 20.000 dólares”. Pensé: “20.000 dólares no está tan mal”. Entonces le pregunté: “Si te doy ese dinero, ¿puedo quedarme con el estudio gratis?”. Me dijo que sí. Y así me metí en el real estate: buscando un estudio para artistas.

Forbes: Tras esa primera sociedad con Tony Goldman, vino una etapa de enorme ebullición en Miami. ¿Cuál fue el hito definitivo que marcó tu carrera como empresario antes de fundar el Design District?

Craig Robins: Trabajando en South Beach con esas dos propiedades, seguí creciendo. Vendía algo, ganaba dinero y lo reinvertía. Después conocí a otro hombre que tuvo muchísima influencia en mi vida: Chris Blackwell, el fundador de Island Records, quien descubrió a Bob Marley y U2. Él fue uno de mis socios. Con ellos llegamos a tener muchísimos edificios. Fuimos los propietarios más grandes de South Beach y la zona creció muchísimo. Era mucho más divertida de lo que es hoy. La calle estaba repleta de gente famosa. Pocos turistas. 

A fines de los 80 y principios de los 90, entre 1987 y 1995, pasó de ser nada a ser un lugar sobre el que todo el mundo escribía artículos y que mucha gente visitaba. Sting, Claes Oldenburg, U2, Naomi Campbell, Christy Turlington: toda la gente famosa vino a la ciudad. 

Fue como el nacimiento de esta nueva época de Miami que vemos hoy en día. Un cambio muy fuerte. Y lo que no me gustaba era que, aunque éramos los propietarios más grandes, teníamos un porcentaje muy pequeño. Siempre hicimos proyectos muy interesantes, pero al lado alguien podía abrir un bar y hacer cosas para explotar. El Design District estaba del otro lado del puente, como el próximo barrio para comprar. Estaba totalmente abandonado y era más pequeño. Así podía comprar el 50% del barrio y controlarlo. Y eso era lo próximo que quería hacer.

Alex Milberg, director de Forbes Argentina, con Craig Robins en el Forbes Studio de Miami.

Forbes: Cuando anunciaste el Design District a fines de los noventa, la mirada del mercado era escéptica. ¿En qué año sentiste internamente que la apuesta iba a funcionar y que el factor tiempo jugaba a tu favor?

Craig Robins: Al principio, la gente siempre dudaba. Todo el mundo pensaba que el Design District era una locura, que habíamos tenido suerte en South Beach y que íbamos a perder todo en el Design District. Si todos lo hubieran visto, entonces no habría sido una innovación. Nosotros lo vimos. Y el tiempo era nuestro aliado, porque teníamos el dinero. Si no tenés el capital o fracasás, el tiempo te mata.

Forbes; Mencionás mucho a tus grandes mentores: tu padre, Tony Goldman o Chris Blackwell. ¿Cuáles dirías que son tus reglas de oro a la hora de elegir un socio comercial de largo plazo?

Craig Robins: Cuando era más joven, buscaba personas que pudieran ser mentores, que pudieran guiarme y de quienes pudiera aprender. Mi padre, primero. Tony Goldman fue el que descubrió Soho. Era un visionario para convertir lugares totalmente abandonados en espacios culturalmente, y también económicamente, relevantes. Y Blackwell era un genio. Él me enseñó cómo producir creatividad, porque cuando pensás en lo que hace un hombre en su posición, ves que pasaba música y hacía álbumes. Era como tener la fórmula para producir credibilidad. Y lo que hice fue aplicar ese ensayo, pero al Real Estate, en vez de hacer álbumes. Yo estaba haciendo barrios.

Forbes: Transformar un sector industrial abandonado requiere paciencia. ¿Cómo lograste convencer al mercado en las fases iniciales del proyecto y cómo fue evolucionando el cronograma de marcas?

Craig Robins:  Primero, aprendí que la verdadera innovación suele parecer una locura al principio. Si todos la ven venir, entonces no es innovación. Eso fue lo que pasó con el distrito. Primero lo anuncié y busqué tiendas de muebles, que era la historia. Estábamos ganando dinero. Cuando ya teníamos las propiedades alquiladas y entraba dinero, el tiempo estaba de mi lado. Después hice una locura: en vez de gastar el dinero, invertí todo. Unos amigos y yo convencimos a otros de venir a Miami porque quería que mi ciudad fuera conocida por la cultura, no por los nightclubs, los bares y la playa.

E invertí todo lo que ganaba en aquella semana en el Design District. Art Basel promocionaba el Design District con eventos y colaboraciones con museos. En 1998 anunciamos el proyecto. En 2000 ya teníamos muchas tiendas de muebles y estábamos ganando dinero. En 2001 anunciamos Art Basel, pero por el 11 de septiembre tuvimos que posponerlo hasta 2002. Después, en 2005, decidimos que era hora de dejar de gastar en marketing y empezar a ganar dinero. Advertí que teníamos arte, tiendas de muebles y restaurantes, pero faltaba moda, así que comenzamos con las marcas más pequeñas. 

Forbes: ¿Cómo cambió la identidad del barrio? 

Craig Robins: Sigue siendo un barrio histórico que se expande de una manera creativa con el arte en el cetro. Es como caminar por un museo al aire libre…

Forbes: Ya consolidado el polo de lujo, ¿cómo planificás la diversificación urbana para la próxima etapa del distrito?

Craig Robins: Hemos tenido mucha suerte porque es una locura decirlo, pero hoy en día las marcas consideran el Design District uno de los 15 locales en todo el mundo donde, por estrategia, quieren tener flagship, tiendas grandes, importantes. Y yo no estoy diciendo que hemos ganado: estoy pensando cómo podemos mejorarlo, y estamos pensando en hacer más proyectos para diversificar lo que está pasando. 

Estamos construyendo dos edificios de oficinas, un hotel de lujo, departamentos y también un edificio muy lindo con departamentos de alquiler, todo con el estilo del distrito. Shigeru Ban está a cargo de uno de los edificios de oficinas. David Chipperfield es el arquitecto del condo y del hotel. Además, colaboramos con un artista que me encanta, Daniel Arsham, que empezó en el Design District, en uno de los edificios de oficinas y en los departamentos. También colaboramos con Jorge Pardo.

Craig Robins en el Forbes Studio de Miami.

Forbes: En la historia de las grandes urbes se da un fenómeno recurrente: el arte descubre un espacio abandonado, luego llega el comercio premium y finalmente los artistas deben mudarse. ¿Cómo analizás este movimiento inmobiliario y estético?

Craig Robins: Creo que es verdad: si pensás en un grupo de músicos como los Rolling Stones, en los años 60 los podías encontrar en un bar. Claro, en los 90 ya tocaban en un estadio; pero solo algunos pueden seguir y mejorar, mientras otros solo copian lo que hicieron en el pasado y pierden la magia y la lucha. Siempre hay que buscar la manera de hacer cosas nuevas y ampliar las posibilidades. Y esa es una lucha, pero me encanta.

Forbes: Con el boom migratorio y de capitales que atraviesa la Florida actual, ¿qué aspectos te desvelan y cuáles te entusiasman del futuro de Miami?

Craig Robins: Yo creo que, como ciudadano, la lucha que tenemos ahora es ampliar la infraestructura, porque es una locura lo que pasó con la ciudad y con toda la gente que vino acá. También es muy importante que encontremos una manera de asegurar que todos puedan vivir acá, que no sea solamente una ciudad para gente rica, porque es una ciudad diversa. Eso es lo más interesante: mucha gente de diferentes niveles puede vivir y compartir la comunidad. Y creo que esas son las luchas, pero son luchas del éxito. Es bueno tener este problema.

Forbes: Esa paradoja urbana genera una gentrificación agresiva. ¿Cómo se gestiona desde la planificación y qué rol concreto debería asumir el Estado para proteger el acceso a la vivienda?

Craig Robins: Es complicado, porque el gobierno siempre hace cosas buenas, pero no innova; más que nada, esa no es la mentalidad del gobierno. Y lo más importante es que, cuando sabés que un barrio está por cambiar, ese es el momento en que el gobierno debe invertir en residencias a las que pueda acceder la gente que no tiene mucho dinero. Porque si esa gente también puede vivir en un barrio que mejora y mejora, es mejor para ellos. 

Y es una cuestión política: tienen que cambiar la mentalidad, porque siempre hacen este tipo de residencias en los barrios más pobres, en vez de intentar hacerlo en los barrios que están a punto de cambiar y subir. Porque en ese momento no es muy caro, pero va a crear mucho valor, y sería mejor si la gente que no tiene tanto dinero puede participar de ese beneficio.

Forbes: El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi planteaba que la creatividad se forja al superar fricciones. En tu recorrido personal, ¿cuál considerás que fue el obstáculo más complejo de resolver?

Craig Robins: Lo más difícil fue aprender cómo juntar diferentes elementos: el mundo físico, el mundo emocional, el mundo conceptual e intelectual, y el mundo espiritual. Si podés juntar estos cuatro mundos, ya estás logrando algo. El obstáculo es que hay deseos físicos que no necesariamente se juntan con los otros, y esos deseos te engañan. Juntar los cuatro es una lucha, pero si podés lograr aunque sea una pequeña parte de eso, crecés mucho.

Forbes: ¿Y de qué manera fuiste entrenando la mente para que esos cuatro ejes operen en armonía?

Craig Robins: Fallando y reconociendo que tomé unas decisiones equivocadas, y aprendiendo. No dejar que estas influencias negativas me dirijan. Siempre hice varias técnicas de meditación o deportes, estar en la naturaleza, mirar el arte, todo esto. Hay un libro que se llama Your Brain on Art (Tu cerebro en el arte), que explica cómo neurológicamente la naturaleza, la música y el arte nos abren, nos hacen sentir mejor, y esto fue una cosa importante para mí.

Forbes: Para cerrar, de todas las estructuras que levantaste, las colecciones que consolidarte y los éxitos financieros a lo largo de tu vida, ¿de qué te sentís más orgulloso?

Craig Robins: De encontrar a mi esposa