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Esta startup congela médula ósea de donantes fallecidos para salvar vidas de pacientes con cáncer

Kevin Caldwell, cofundador y director ejecutivo de Ossium.
(Cody Pickens para Forbes).
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Ossium Health desarrolló una tecnología que permite conservar células madre y utilizarlas en trasplantes sin depender de la búsqueda de una persona compatible. Así, la compañía busca reducir los tiempos de espera, ampliar el acceso a estos tratamientos y, a futuro, explorar nuevas aplicaciones para enfermedades del sistema inmunitario.

Moore tenía 48 años cuando el año pasado le diagnosticaron leucemia. Los médicos de Franciscan Health en Indianápolis le informaron que la enfermedad era agresiva. Su intención era realizarle un trasplante de médula ósea, un procedimiento que permite reemplazar las células dañadas del paciente por células sanas de un donante. Sin embargo, no encontraron a ninguna persona compatible, ni entre sus familiares ni en el registro de donantes vivos.

Fue entonces cuando su oncólogo le habló de la posibilidad de recibir un trasplante de médula ósea de un donante fallecido, que había sido conservada mediante congelación en un biobanco. Moore se sometió al procedimiento en enero y, desde entonces, su estado de salud comenzó a mejorar. Hoy considera la fecha del trasplante como su segundo cumpleaños. "Me dio una nueva vida", contó a Forbes.

El de Moore es uno de los 29 trasplantes realizados con médula ósea proporcionada por Ossium Health, una startup pionera en el desarrollo de tecnología para extraer este tejido de donantes fallecidos y conservarlo mediante congelación. Todos los procedimientos, realizados en el marco de ensayos clínicos o programas de uso compasivo, fueron exitosos. 

A principios de este año, la compañía, con sede en San Francisco, también llevó a cabo su primer trasplante pediátrico, en un paciente de 14 años. Ahora, Ossium se prepara para comenzar a comercializar, en febrero de 2027, médula ósea procedente de donantes fallecidos para tratar distintos tipos de cáncer de la sangre. Más adelante, planea desarrollar otros tratamientos basados en células madre.

En el biobanco de Ossium en Indianápolis, los trabajadores usan equipo de protección completo, incluidos guantes de malla metálica.
El banco de tejidos de Ossium busca reducir una de las principales barreras para acceder a un trasplante de médula ósea. (Foto: Ossium Health)

"Mucha gente nos decía que lo que estábamos haciendo era una locura, especialmente los médicos", afirmó Kevin Caldwell, cofundador y director ejecutivo de Ossium. "Los médicos nunca se habían planteado obtener médula ósea de un donante fallecido y simplemente asumían que no sería tan buena o que no funcionaría", añadió.

Los corazones y los pulmones deben trasplantarse pocas horas después de la muerte del donante, ya que no pueden conservarse mediante congelación debido a los daños que sufren durante ese proceso y su posterior descongelación. Aunque se están realizando investigaciones para superar esta limitación, la médula ósea puede congelarse y conservarse con éxito gracias a las características particulares de las células madre.

Sin embargo, los médicos siempre recurrieron a donantes vivos y necesitaban pruebas de que utilizar médula ósea congelada no implicaba riesgos adicionales para los pacientes. Esto es importante porque cualquier trasplante de este tipo puede provocar complicaciones graves, como la enfermedad de injerto contra huésped o daños en distintos órganos.

Hace una década, Caldwell, un exconsultor de McKinsey especializado en salud que hoy tiene 40 años, se asoció con Erik Woods, un experto en criopreservación de 54 años. Ambos estaban convencidos de que almacenar médula ósea de personas fallecidas, un material que hasta entonces las organizaciones de donación de órganos descartaban, podía salvar vidas. Su idea era que los pacientes pudieran acceder a un trasplante prácticamente cuando lo necesitaran, sin depender de la búsqueda de un donante vivo compatible.

Desde entonces, Ossium recaudó US$ 158 millones de inversores como First Round Capital y General Catalyst, y alcanzó una valoración de US$ 300 millones en su última ronda de financiación, realizada en 2023. La compañía espera facturar US$ 35 millones este año, lo que representaría un crecimiento del 75% respecto a los US$ 20 millones del año pasado. 

Los fundadores de Ossium, Kevin Caldwell (izquierda) y Erik Woods.
Los fundadores apostaron por aprovechar un material biológico que durante años las organizaciones de donación descartaban. (Foto: Ossium Health)

Caldwell calculó que 2027 será el año de mayor expansión para la empresa, con ingresos superiores a US$ 120 millones. También proyectó que el número de trasplantes superará los 60 el próximo año y se acercará a los 200 en 2028. A largo plazo, el objetivo es atender a más de 10.000 pacientes al año, a medida que aumenten las reservas de médula ósea almacenada y más médicos comiencen a utilizarla.

La médula ósea que utiliza actualmente Ossium no requiere una autorización específica de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), ya que el organismo determinó que está sujeta a las mismas normas que la obtenida de donantes vivos. De todos modos, la compañía decidió realizar estudios clínicos para reunir evidencia que permitiera demostrar su eficacia y seguridad, y así generar confianza entre los profesionales de la salud.

Los resultados obtenidos hasta ahora indican que la médula ósea de Ossium no solo ofrece una calidad comparable a la de un donante vivo, sino que incluso podría ser superior. La explicación está en los cuerpos vertebrales, los huesos que forman la columna vertebral, que contienen una gran cantidad de médula ósea roja activa. Sin embargo, extraerla de esa zona en una persona viva sería demasiado peligroso. Por ese motivo, los médicos suelen obtenerla principalmente de la parte posterior del hueso de la cadera.

Hasta el momento, la médula ósea de Ossium se utilizó para tratar distintos tipos de cáncer de la sangre y, en un caso, anemia aplásica grave, una enfermedad poco frecuente en la que la médula ósea deja de producir suficientes células sanguíneas nuevas. Sin embargo, Caldwell y Woods ya estudian cómo desarrollar nuevas variantes de este material para tratar otras enfermedades. Una de las posibilidades consiste en modificar la proporción de los distintos tipos de células presentes para adaptar los tratamientos a las necesidades de cada enfermedad.

Además de los trasplantes, Ossium aprovecha el material óseo restante para fabricar OssiGraft, unos injertos de matriz ósea criopreservada que se utilizan en cirugías ortopédicas para reparar, reemplazar y reconstruir huesos de la columna vertebral, la pelvis y las extremidades. 

Dos científicos con equipo de protección realizando experimentos de química en un laboratorio.
La investigación con tejidos conservados abre posibilidades para desarrollar tratamientos en distintas especialidades médicas. (Foto: Pexels)

En 2024, la compañía también firmó un contrato por hasta US$ 125 millones con la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado de Estados Unidos (BARDA) para almacenar médula ósea destinada a su uso ante una emergencia radiológica o nuclear. Estos avances contribuyeron a que Ossium fuera incluida en la lista Forbes Next-Billion Dollar Startups de este año, que destaca a las empresas emergentes con mayores posibilidades de alcanzar una valoración de US$ 1.000 millones.

"Desbloquear el potencial de la médula ósea es realmente fascinante", afirmó Lawrence Barclay, socio director de Manta Ray, una firma de capital de riesgo fundada por el multimillonario polaco Sebastian Kulczyk que invirtió en Ossium. "Otras partes del cuerpo se aprovecharon de manera inteligente. Esta, no", sostuvo.

En Indianápolis, donde opera el primer biobanco de médula ósea del mundo, los trabajadores de Ossium utilizan trajes blancos similares a los de los astronautas, lentes de protección y guantes de malla metálica. Equipados con sierras quirúrgicas, trabajan en los huesos extraídos de la columna vertebral de donantes fallecidos. Acceder a la médula ósea y extraerla de forma segura es un procedimiento lento y laborioso.

Al terminar este proceso, que demora entre cuatro y seis horas, Ossium obtiene bolsas con un líquido de color rojo claro. Estas se conservan en enormes tanques, con capacidad para almacenar hasta 850 bolsas a -150 °C hasta que un paciente las necesite. En promedio, la médula ósea de un solo donante permite tratar a tres personas.

Ossium cuenta con 15 patentes relacionadas con su tecnología de extracción y conservación de médula ósea. "Hay que ser muy cuidadoso en cada etapa del proceso", explicó Woods. "Les pedimos a estas células que fortalezcan el sistema inmunitario del paciente durante el resto de su vida. Ese es el potencial del trasplante de células madre, pero es fundamental contar con células de buena calidad. De lo contrario, el procedimiento no funcionará", explicó. Debido a la complejidad del proceso, la compañía actualmente solo puede trabajar con cuatro donantes por día.

El desafío de Ossium es aumentar su capacidad de producción sin comprometer la calidad del material destinado a los pacientes. (Foto: Ossium Health)

El desafío ahora es ampliar la capacidad de procesamiento para que esta tecnología llegue a más pacientes. En el biobanco de Indianápolis, Caldwell mostró una máquina con una pieza similar a una esponja metálica utilizada para limpiar superficies. El equipo se utilizará para realizar el desbridamiento, un procedimiento que consiste en retirar el material innecesario del hueso, lo que podría acortar el tiempo de procesamiento en 30 minutos.

Caldwell consideró que los avances tecnológicos en desarrollo podrían reducir el tiempo de preparación de la médula ósea a solo dos horas. Esto permitiría que las instalaciones de Indianápolis procesaran material de miles de donantes al año y, en consecuencia, ayudaran a muchos más pacientes. "Nuestro objetivo es convertirnos en la principal fuente de células de médula ósea para trasplantes durante la próxima década y mejorar los resultados de los tratamientos", afirmó.

De las finanzas a la biotecnología: el camino de Kevin Caldwell

Caldwell creció en Tennessee, Estados Unidos. Sus padres tenían apenas 19 y 16 años cuando nació. Durante su infancia, viajaba con frecuencia desde Nashville, donde vivía con su familia, hasta la granja de sus abuelos paternos, ubicada en una zona rural del oeste del estado. 

Fue el primero de su familia en acceder a la universidad. Estudió física y economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y luego obtuvo un título en Derecho en Harvard. "Me interesé por la astrofísica porque, por las noches, me quedaba solo mirando el cielo y me compré un telescopio", recordó. 

Sin embargo, pronto descubrió que no quería dedicarse a la física ni ejercer la abogacía. Después de graduarse, siguió a un amigo a Bridgewater Associates, el fondo de inversión fundado por Ray Dalio, donde trabajó como operador de divisas durante la crisis financiera de 2012. Dos años más tarde, volvió a cambiar de rumbo y se incorporó al área de salud de McKinsey, donde comenzó a asesorar a grandes compañías farmacéuticas internacionales interesadas en realizar adquisiciones.

La historia de Ossium está marcada por una trayectoria empresarial poco habitual entre los emprendedores de la biotecnología. (Foto: Ossium Health)

Durante esos años, comenzaron a desarrollarse nuevas terapias contra el cáncer basadas en el sistema inmunitario. Aunque estos tratamientos, como las terapias con células CAR-T, representaban un avance importante, también resultaban complejos y muy costosos. Cada procedimiento requería extraer células inmunitarias del propio paciente, modificarlas genéticamente en un laboratorio y reintroducirlas en su organismo. 

Se trataba de un proceso personalizado que, en algunos casos, podía superar el millón de dólares. "Pensé que la industria necesitaba un modelo diseñado para producir tratamientos a gran escala, que permitiera desarrollar la capacidad de atender a cientos de miles de pacientes y, con el tiempo, potencialmente a millones", explicó Caldwell.

Woods, director científico de Ossium, contaba con amplia experiencia en criopreservación y en células madre. Se doctoró en ingeniería biomédica en la Universidad de Purdue y luego realizó estudios posdoctorales en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, donde investigó nuevas técnicas para extraer y conservar mediante congelación células madre de la sangre del cordón umbilical. 

Tanto la médula ósea como la sangre del cordón umbilical son fuentes de células madre. Antes de incorporarse a Ossium, Woods cofundó General BioTechnology, una empresa dedicada a la conservación de material biológico mediante congelación que fue adquirida en 2012 por Cook Medical, fabricante de dispositivos médicos propiedad de la multimillonaria familia Cook. "Les presenté la idea de Ossium", recordó. "Les envié varios correos electrónicos. Me dijeron que no querían hacerlo", añadió.

El sector de especialistas en criopreservación es relativamente pequeño, y Caldwell y Woods se conocieron a través de Organ Preservation Alliance, una organización que Caldwell ayudó a fundar mientras trabajaba en McKinsey. Durante una reunión celebrada en la Universidad de Stanford en 2015, comenzaron a conversar sobre las posibilidades de conservar médula ósea mediante congelación. A partir de esas conversaciones, decidieron asociarse y fundaron Ossium en 2016.

La combinación de conocimientos científicos y empresariales fue el punto de partida de una apuesta por transformar los trasplantes. (Foto: Ossium Health)

"Rápidamente nos hicimos muy amigos, casi como hermanos", contó Woods. La compañía también tuvo un tercer cofundador, Sebastian Giwa, quien se desvinculó del proyecto en 2018. Más allá de su interés por la biotecnología, Caldwell y Woods comparten una gran dedicación al ejercicio físico. Woods es entrenador personal certificado, completó tres maratones y entrena cinco días por semana. Caldwell, por su parte, bajó de 109 a 86 kilos y actualmente camina 3 kilómetros para ir al trabajo y regresar a su casa, con una mochila de 23 kilos a cuestas.

En las oficinas de Ossium, Caldwell señaló varias fotografías colgadas en una pared que muestran cómo su peso cambió a lo largo del tiempo. "El objetivo de nuestra empresa es mejorar la salud y la longevidad de las personas. ¿Qué significaría adoptar realmente esa misión y llevarla a la práctica en nuestra propia vida?", reflexionó.

Los desafíos de encontrar un donante compatible para un trasplante de médula ósea

El premio Nobel E. Donnall Thomas realizó el primer trasplante de médula ósea en 1956. Desde entonces, más de 1,5 millones de personas en todo el mundo se sometieron a este procedimiento. "Es la inmunoterapia original, anterior a todos los medicamentos innovadores que tenemos actualmente en oncología", explicó el doctor Sager Patel, profesor asociado de medicina en el Instituto Oncológico Huntsman de la Universidad de Utah, quien colaboró con Ossium en sus ensayos clínicos.

Sin embargo, la dependencia de donantes vivos sigue siendo uno de los principales obstáculos para acceder a este tratamiento. Al menos el 70% de los pacientes que necesitan un trasplante de médula ósea no cuentan con un familiar compatible y deben recurrir a donantes ajenos a su entorno familiar. Aunque los médicos pueden buscar posibles candidatos en los registros de donantes, no siempre logran encontrar una persona compatible. 

Las posibilidades son todavía menores para los pacientes negros y de origen sudasiático, debido a la escasa diversidad de los donantes registrados. A esto se suma el problema del tiempo. Las personas con cáncer que necesitan un trasplante urgente no siempre pueden esperar entre dos y cuatro meses para encontrar un donante vivo. Ossium, en cambio, se compromete a entregar la médula ósea en un plazo máximo de 72 horas. "Muchos pacientes sufrirán una recaída o morirán mientras buscan un donante", advirtió Caldwell.

Cirujano experimentado realizando un procedimiento en una sala de operaciones bien equipada.
Para los pacientes que necesitan un trasplante, encontrar un donante compatible es tan importante como acceder al tratamiento a tiempo. (Foto: Pexels)

Caldwell y Woods pusieron en marcha Ossium con recursos muy limitados y alquilaron un pequeño espacio en la parte trasera del laboratorio de un amigo. En 2016, Caldwell obtuvo una inversión de US$ 650.000 de First Round Capital. También utilizó todos los ahorros que había acumulado para su jubilación, mientras que Woods decidió vender su casa para financiar el proyecto. 

"No vengo de una familia con dinero a la que pudiera recurrir", contó Caldwell. "No tenía un tío rico que pudiera ayudarme. Era una cuestión de vida o muerte", expresó. Dos años después, en 2018, Ossium consiguió US$ 10 millones en una ronda de financiación Serie A liderada por First Round Capital.

El desafío que surgió posteriormente fue obtener columnas vertebrales de donantes fallecidos para comenzar a experimentar con la extracción y la congelación de médula ósea. Para hacerlo, necesitaban la colaboración de algunas de las 55 organizaciones sin fines de lucro que se encargan de recuperar órganos de personas fallecidas que manifestaron su voluntad de donar en Estados Unidos. 

Caldwell ya mantuvo conversaciones con el director ejecutivo de LifeGift, una de estas organizaciones, con sede en Houston, que aceptó colaborar con Ossium en 2016. A partir de entonces, el emprendedor comenzó a recorrer el país para reunirse con responsables de otras entidades similares en Colorado, Tennessee, Arizona y distintos estados.

Aunque en muchos casos fueron necesarias varias reuniones para superar los obstáculos burocráticos y generar confianza en una empresa que recién comenzaba, las organizaciones sin fines de lucro se mostraron interesadas en la propuesta. 

"Les explicaba que había escasez de médula ósea y que todos los días morían pacientes que la necesitaban, mientras ese material terminaba enterrado o incinerado en lugar de aprovecharse", recordó Caldwell. "Si tu misión es utilizar los órganos de un donante para salvar vidas y estás desperdiciando una parte que podría ayudar a otras personas, ¿cómo podés negarte? Prácticamente todos aceptaron", aseguró.

Dos cirujanos concentrados en una operación en una sala de operaciones de hospital bien equipada.
La colaboración entre organizaciones de donación y empresas médicas permite explorar nuevas formas de aprovechar los tejidos donados. (Foto: Pexels)

Actualmente, Ossium trabaja con el 60% de las organizaciones de donación de órganos de Estados Unidos, lo que le permite acceder a entre 7.000 y 8.000 donantes potenciales al año. "Es una persona brillante", afirmó Dorrie Dils, directora ejecutiva de Gift of Life Michigan, una de las organizaciones que colaboran con la compañía, en referencia a Caldwell. "Es una oportunidad para ofrecerles a las familias de los donantes la posibilidad de contribuir a mejorar la vida de miles de personas", afirmó.

En 2024, una mujer de 68 años de Detroit, que padecía leucemia y ya no contaba con otras alternativas de tratamiento, recibió el primer trasplante de médula ósea de Ossium. "En teoría, sabíamos que podía funcionar, pero siempre existe incertidumbre hasta que se realiza el procedimiento en el primer paciente", recordó Woods. "Ella fue nuestra verdadera pionera", agregó.

Más allá de sus aplicaciones actuales, Caldwell y Woods tienen grandes planes para el futuro. Una de las posibilidades que se estudian es utilizar este material para reducir el riesgo de rechazo en personas que reciben trasplantes de órganos. La compañía también busca ampliar sus aplicaciones a enfermedades distintas del cáncer, como la anemia falciforme, que afecta a unos 8 millones de personas en todo el mundo, e incluso a enfermedades autoinmunes, entre ellas la diabetes tipo 1.

Debido a sus posibles complicaciones, el trasplante de médula ósea se reservó tradicionalmente como último recurso para tratar enfermedades graves y, en muchos casos, potencialmente mortales. "En teoría, cualquier enfermedad del sistema inmunitario podría curarse mediante un trasplante de médula ósea. El desafío es demostrar que los beneficios del procedimiento superan los riesgos de sus efectos secundarios", explicó Caldwell. "Queremos erradicar estas enfermedades de la sangre y del sistema inmunitario", sostuvo.

A largo plazo, Caldwell también contempla utilizar médula ósea congelada para contribuir a la longevidad, aunque reconoció que ese avance podría tardar al menos una década en materializarse. "Lo que imaginamos es una persona que, en términos generales, está sana, pero tiene unos 70 años. Mediante una versión optimizada de este trasplante, podríamos, en esencia, rejuvenecer su sistema inmunitario hasta llevarlo a un estado similar al de una persona de 25 años", explicó. ¿Estaría él mismo dispuesto a someterse a un procedimiento de este tipo? "Por supuesto. Sin ninguna duda", respondió.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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