La startup alemana Neura Robotics, fundada por David Reger en 2019, busca transformar la industria de la robótica mediante instalaciones en las que las empresas puedan entrenar a sus máquinas y enseñarles nuevas tareas. La compañía, con sede en Metzingen, al sur de Stuttgart, anunció en junio de 2026 una ronda de financiación de hasta US$ 1.400 millones y alcanzó una valuación estimada de US$ 7.000 millones, con el respaldo de grandes compañías tecnológicas.
"Quiero que Neura se convierta algún día en el mayor contribuyente de Europa", afirmó Reger, un empresario de 38 años que busca posicionar a su compañía entre los principales fabricantes de robots inteligentes del mundo. La empresa también desarrolla el software que permite controlar estas máquinas.
Metzingen se encuentra a unos 32 kilómetros de Stuttgart, en una región donde surgieron gigantes de la industria automotriz como Mercedes-Benz, Porsche y Bosch. Ahí, Neura consiguió atraer a inversores como Nvidia, Amazon, Qualcomm, Bosch, Schaeffler y el Banco Europeo de Inversiones. La ronda de financiación de junio estuvo liderada por Tether, la empresa detrás de USDT, la principal criptomoneda estable vinculada al dólar estadounidense.
La empresa aseguró que ya recibió la mayor parte de los fondos, mientras que una porción menor depende del cumplimiento de determinados objetivos. Reger conserva aproximadamente el 20% de la compañía, una participación cuyo valor se acerca a los US$ 1.500 millones.
Uno de los principales inversores de Neura es Stephen J. George, cuya firma, InterAlpen Partners, aportó US$ 16 millones en 2023. George trabajó en Goldman Sachs y estuvo al frente de Capricorn Investment Group, que administraba el patrimonio de Jeff Skoll, multimillonario vinculado a eBay. "Neura es como Apple con un toque de Mercedes-Benz", afirmó.
La parte más particular del proyecto son los llamados gimnasios robóticos, instalaciones en las que los clientes pueden alquilar espacios de entrenamiento equipados con simuladores y sistemas de seguimiento. Reger también quiere que las compañías puedan intercambiar o alquilar esos conocimientos.
Sin embargo, buena parte de las ambiciones de Neura todavía no se concretaron. La mayoría de sus ingresos actuales, que la compañía se negó a revelar, provienen de robots colaborativos más tradicionales, conocidos como cobots. Estos incluyen brazos mecánicos y vehículos autónomos con ruedas utilizados en fábricas. El último balance disponible en el Registro Mercantil de Alemania corresponde a 2022, cuando la empresa informó una pérdida cercana a US$ 7 millones.
Un vocero aseguró que la cartera de pedidos supera actualmente los US$ 1.100 millones, de los cuales aproximadamente la mitad corresponde a los cobots que ya comercializa. La empresa también afirma contar con una cartera potencial de US$ 11.000 millones, compuesta por acuerdos firmados con distintos niveles de compromiso. Cerca del 80% de ese monto está relacionado con los robots humanoides, los gimnasios y Neuraverse.
Uno de los desarrollos centrales de Neura es 4NE1, un robot humanoide que la compañía presenta como un compañero de nueva generación. Con 1,80 metros de altura y 80 kilos de peso, el robot tiene un diseño blanco y negro que parece sacado de una película de ciencia ficción.
Durante el primer semestre de 2026 se enviaron aproximadamente 19.100 robots humanoides en todo el mundo, de los cuales más del 97% correspondió a fabricantes chinos, según Smart Analytics Global. Por su parte, la estadounidense Figure alcanzó una valuación de US$ 39.000 millones en 2025, más de cinco veces el valor actual de Neura.
En 2009, cuando tenía 21 años, Reger se mudó a San Francisco después de que su familia lo alentara a realizar trabajo social antes de comenzar su carrera profesional. En plena crisis financiera, trabajó asistiendo a personas sin hogar. Aunque inicialmente planeaba quedarse en Estados Unidos, lo que vivió durante ese trabajo lo llevó a regresar a Alemania un año y medio después. La experiencia le hizo valorar más el sistema de protección social de su país.
Ese sistema depende de una fuerza laboral que disminuye. Según el Instituto Económico Alemán, la jubilación de la generación del baby boom provocará una reducción de aproximadamente 4,3 millones de trabajadores para 2036. Reger considera que los robots tendrán que cubrir parte de esa falta de personal y sostiene que, si Alemania va a depender de estas máquinas, debería tener la capacidad de fabricarlas.

"Europa no puede preservar su prosperidad, sus sistemas sociales ni su relevancia mundial si solo consumimos la próxima generación de tecnología de otros países", sostuvo Reger. "Tenemos que generar un enorme valor nuevo aquí. La IA física nos brinda esa oportunidad", agregó.
De aprendiz industrial a fundador de una startup multimillonaria
Nacido en 1988, Reger creció cerca de Rottweil, en el suroeste de Alemania, y es el mayor de once hermanos. Su padre trabaja en una fábrica de componentes automotrices y su madre es ama de casa. Durante su infancia, pasaba los sábados limpiando máquinas en una planta industrial. En lugar de ir a la universidad, decidió realizar una formación técnica de tres años y medio como fabricante de moldes, donde aprendió a construir herramientas utilizadas en la producción de piezas industriales.
En 2011 comenzó a trabajar en MABI, una empresa familiar suiza dedicada a la fabricación de maquinaria industrial. Aunque nunca había trabajado con robots, la empresa le ofreció elegir entre robótica e impresión 3D. Reger optó por la primera alternativa porque imaginaba que, en el futuro, las máquinas podrían encargarse de imprimir piezas. "No tenía ni idea de robots. Fingía que sí", recordó.
Aprendió por su cuenta por las noches, viendo videos de YouTube. En menos de un año, según contó, su equipo ya estaba realizando demostraciones con un gran brazo robótico industrial en Automatica, una de las principales ferias de automatización de Múnich.
En 2018, tras siete años en MABI, presentó una propuesta más ambiciosa ante el directorio. En aquel momento, la mayoría de los robots industriales trabajaba detrás de barreras de seguridad y repetía siempre los mismos movimientos. Reger quería desarrollar máquinas capaces de aprender nuevas tareas y almacenar ese conocimiento en un software compartido, sin que los ingenieros tuvieran que volver a programar todo cada vez que cambiaba el trabajo.
La propuesta despertó interés, pero los directivos consideraron que estaba adelantada cinco o seis años. Reger creyó que esperar demasiado podía dejarlo fuera de una oportunidad y decidió avanzar por su cuenta.
Reger se asoció con Han's Robot, una empresa china de Shenzhen especializada en robots colaborativos y respaldada por Han's Laser Technology. Juntos fundaron Han's Robot Germany, una compañía en la que el fabricante chino poseía el 70% de las acciones. Reger contrató a una docena de científicos e ingenieros, incluidos antiguos compañeros de MABI. La nueva empresa utilizaba los robots de su socio chino, mientras que el equipo alemán se encargaba del software y de adaptarlos a las necesidades de cada cliente. Con el tiempo, pasó a llamarse Neura.
En junio de 2023, Reger negoció la venta de la participación china a un grupo de inversores europeos, que pagó US$ 11 millones. Para entonces, el éxito de ChatGPT había despertado un enorme interés en las aplicaciones de IA fuera del ámbito digital. Un mes después de esa operación, Neura anunció una nueva ronda de financiación por US$ 55 millones, también respaldada por inversores europeos, aunque no reveló su valoración.
Aunque Han's Robot vendió su participación en Neura por un precio relativamente bajo, mantuvo una importante relación comercial con la startup alemana. Neura siguió comprándole robots y componentes a la compañía china, que más tarde pasó a llamarse Huayan Robotics. Según un documento que Huayan presentó en marzo de 2026 como parte de su proceso de salida a bolsa, Neura era su principal cliente en septiembre de 2025.
Neura también le vende componentes a Huayan Robotics, entre ellos reductores de alto rendimiento, piezas de precisión que permiten mover las articulaciones de los robots. La empresa china los utiliza en las máquinas que fabrica para Neura, pero también puede incorporarlos en equipos destinados a otros clientes. Pese a esta estrecha relación comercial, Reger aseguró que "ni Han's Robot ni Han's Laser conservan participaciones ni derechos sobre la propiedad intelectual de Neura".
Hasta ahora, Neura obtuvo la mayor parte de sus ingresos mediante la venta de robots industriales. Sus brazos robóticos cuestan entre US$ 18.500 y US$ 44.000 en distribuidores europeos, mientras que los robots con ruedas, utilizados para transportar piezas dentro de las fábricas, se venden por unos US$ 50.000. La compañía también comercializa modelos que incorporan ambas tecnologías.
Reger no reveló la cantidad exacta de robots vendidos desde 2021, cuando la empresa lanzó su primer modelo, aunque estimó que comercializó entre 5.000 y 8.000 unidades. Muchas se vendieron bajo las marcas de otros fabricantes con los que Neura mantiene acuerdos comerciales. Entre ellos se encuentran las japonesas Kawasaki Heavy Industries y Omron Robotics, además de la taiwanesa Delta Electronics, que invirtió en la startup en 2024 a través de su filial en Países Bajos.
¿Por qué otros fabricantes venden robots desarrollados por Neura bajo sus propias marcas? Según Reger, cuando comenzaron esas alianzas, no existían productos similares en el mercado. El empresario asegura que su compañía es propietaria de tecnologías fundamentales de estas máquinas, como los motores, los codificadores y los sensores de seguridad.
Sin embargo, Neura no fabrica todos los componentes de sus robots. Algunas piezas de sus modelos humanoides provienen de empresas alemanas como Bosch y Schaeffler. Esta última suministra los actuadores, dispositivos que permiten mover las articulaciones de las máquinas y actúan como sus músculos. Estos componentes pueden representar hasta la mitad del costo de las piezas de un robot.
La startup también trabaja con grandes compañías tecnológicas. Nvidia aporta herramientas de simulación y capacidad de procesamiento, mientras que Amazon ofrece la infraestructura en la nube en la que opera Neuraverse. Por su parte, Qualcomm suministra los procesadores que Neura incorpora en los sistemas que controlan sus robots.
Tether también quiere incorporar billeteras digitales a los robots de Neura, de modo que estas máquinas puedan realizar transacciones entre sí. "Las máquinas autónomas necesitan la capacidad de procesar información localmente, tomar decisiones y realizar transacciones sin depender de intermediarios centralizados", explicó Paolo Ardoino, director ejecutivo de Tether. Reger comparte esa visión y anticipó que "en el futuro, cada robot tendrá su propia billetera".
Cómo funcionan los gimnasios donde los robots aprenden nuevas tareas
Reger aseguró que 12.000 empresas se comunicaron con Neura en los últimos 12 meses, principalmente interesadas en sus robots humanoides. Sin embargo, calcula que actualmente tiene capacidad suficiente para atender a unos 100 clientes.
Reger aseguró que las empresas están dispuestas a pagar entre US$ 300.000 y US$ 550.000 por una demostración de un robot humanoide. Ese monto incluye el precio del robot y los gastos anuales de entrenamiento, instalación y mantenimiento. Estas pruebas también requieren que Neura envíe ingenieros a las fábricas de sus clientes, lo que consume recursos y retrasa el desarrollo de nuevos robots.
Ante esta dificultad, Reger decidió que las empresas pudieran entrenar a sus robots con personal propio en las instalaciones de Neura. A diferencia de los modelos de IA que aprenden principalmente a partir de información disponible en internet, los robots necesitan practicar movimientos en entornos físicos.
Por ejemplo, un robot que debe levantar una pieza de auto necesita aprender de dónde agarrarla y con qué fuerza hacerlo. También tiene que saber cómo dejarla en el lugar indicado. Según el inversor Stephen George, esto requiere que alguien le muestre los movimientos y que la máquina los practique una y otra vez.
Neura y sus socios comprometieron US$ 19 millones en la construcción de un gimnasio robótico en el aeropuerto de Múnich, sin incluir los gastos de personal. El centro ya está en funcionamiento y, según Reger, algunas empresas comenzaron a reservar hasta 20 espacios de entrenamiento por un período mínimo de un año. El alquiler depende del equipamiento y de las condiciones para compartir los datos obtenidos, pero puede costar decenas de miles de dólares.
Reger también busca involucrar a las universidades en el proyecto. Según explicó, muchos centros de investigación tienen presupuestos limitados y pierden a sus mejores investigadores, quienes terminan trabajando en startups. Los gimnasios les permitirían acceder a robots que difícilmente podrían comprar por su cuenta, mientras que Neura podría trabajar con sus investigadores en el entrenamiento de las máquinas. La Universidad Técnica de Múnich participa en el proyecto del aeropuerto y también se está desarrollando un espacio de 3.000 metros cuadrados en el campus de investigación Melaten de la Universidad RWTH Aachen.
Neura planea cerrar 2026 con cinco gimnasios en funcionamiento. Tres estarán en Alemania, uno en China y otro en Estados Unidos. Además, tiene otros diez proyectos en desarrollo y contempla abrir instalaciones en Detroit y San Diego.
En Neuraverse, las llamadas "cuentas cerebrales" permiten transferir a otras máquinas las habilidades que aprendió un robot durante su entrenamiento. Neura también busca que sus clientes puedan venderlas o alquilarlas a otras empresas. "En definitiva, nuestro objetivo es que, una vez aprendida una habilidad, no sea necesario rediseñarla para cada robot individual", explicó Reger.
Neura, sin embargo, no es la única empresa que apuesta por este modelo. Schaeffler, uno de sus inversores y proveedores, ya cuenta con un gimnasio de robots humanoides en Erlangen, Alemania, donde entrena al modelo AEON de Hexagon para tareas industriales. También invirtió US$ 10 millones en Agility Robotics, otra competidora de Neura, y utiliza algunos de sus robots Digit en fábricas de Estados Unidos, donde se encargan de mover materiales.
Las fallas de los robots humanoides y la competencia china complican los planes de Neura
En junio de 2025, durante la feria de automatización Automatica, Reger presentó el 4NE1, pero solo pudo mostrar un prototipo que permaneció inmóvil. Un portavoz de la empresa explicó que el robot que debía funcionar durante la demostración no había llegado a tiempo debido al cierre inesperado de una autopista.
Un año después, en junio de 2026, la compañía presentó una versión más avanzada en la feria tecnológica Computex, en Taipéi. El robot apareció en el escenario llevando una bandeja con componentes de Qualcomm, pero poco después perdió el equilibrio y cayó hacia atrás. Qualcomm explicó que una falla de comunicación había activado un mecanismo de seguridad que permite que la máquina caiga de manera controlada y evita posibles daños a las personas o los equipos cercanos.
El modelo más reciente, llamado 4NE1 Gen 3.5, cuesta alrededor de US$ 110.000, aunque el precio baja a US$ 62.000 por unidad en compras de 20 robots o más, según el sitio web de Neura. La compañía no reveló cuántos humanoides fabricó ni cuántos entregó hasta ahora. A pesar de eso, Reger asegura que Neura tendrá capacidad para entregar cinco millones de robots inteligentes para 2030, incluidos los modelos humanoides.
Según la Federación Internacional de Robótica, en 2025 se vendieron alrededor de 7.000 humanoides de tamaño real en todo el mundo. Muchos ni siquiera fueron comprados para trabajar, sino para recopilar información que permita entrenar modelos de IA. Esa estadística contempla únicamente humanoides de tamaño real, por lo que no es directamente comparable con los datos de envíos de 2026, que incluyen otras categorías.
Durante el primer semestre de 2026, AgiBot, una empresa con sede en Shanghái, concentró el 44% de los envíos mundiales, con aproximadamente 8.400 unidades, según Smart Analytics Global. En segundo lugar quedó Unitree, de Hangzhou, que vende su modelo básico G1 por US$ 13.500, cerca de una octava parte del precio del humanoide de Neura.
El G1 puede caminar, pero tiene limitaciones importantes. Sus manos no tienen la precisión necesaria para manipular objetos complejos, y sus compradores tampoco pueden programarlo por su cuenta. En 2025, Unitree facturó US$ 253 millones y distribuyó más de 5.500 humanoides, aunque la firma de investigación SemiAnalysis estima que apenas unos 250 realizan tareas laborales reales.
La compañía china salió a bolsa en Shanghái en agosto de 2026 y alcanzó una valuación de US$ 66.000 millones. Sin embargo, su valor de mercado cayó posteriormente a US$ 24.000 millones, mientras crecían las dudas entre los inversores sobre cuánto de la expectativa generada por estos robots se traduce realmente en aplicaciones comerciales.
Figure, con sede en San José, California, construyó aproximadamente 1.000 robots humanoides, pero no está claro cuántos están en funcionamiento ni dónde se utilizan. Por su parte, Tesla fabrica varios cientos de unidades de su robot Optimus cada semana. Sin embargo, según un informe reciente de The Information, las máquinas todavía tienen dificultades para realizar de manera confiable distintas tareas.
A la competencia internacional se le suma un obstáculo comercial. En julio, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) incluyó a los robots avanzados fabricados en el extranjero en una lista de equipos sujetos a restricciones por motivos de seguridad nacional. La decisión afecta a los humanoides y a otros robots móviles que necesitan autorización del organismo para venderse en el mercado estadounidense.
La medida no alcanza a los brazos robóticos industriales fijos, una parte importante del negocio actual de Neura, ni a los modelos que ya habían recibido autorización. Los fabricantes extranjeros pueden comercializar nuevos equipos si obtienen una aprobación condicional, que requiere una revisión de sus proveedores y de sus procesos de fabricación por parte del Departamento de Guerra de Estados Unidos.
Neura informó a Forbes que está desarrollando capacidad de fabricación en Detroit, con el objetivo de producir robots con ruedas y humanoides durante 2027. Hasta que esas instalaciones estén listas, deberá obtener los permisos correspondientes para vender sus nuevos modelos en Estados Unidos.
Pese a estas dificultades, Reger mantiene su apuesta por el desarrollo de la robótica europea. "Europa cuenta con el talento en ingeniería, el conocimiento industrial, la base manufacturera y miles de empresas que comprenden el mundo físico", afirmó. "Si combinamos esto con la IA y actuamos con la suficiente rapidez, creo que podemos crear una industria que trascienda la automoción", concluyó.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.