La carrera global por llevar máquinas con forma humana al mundo real empieza a salir de los laboratorios. La apuesta promete transformar el trabajo físico, aunque todavía debe demostrar seguridad, escala y utilidad concreta.
Yao Maoqing, presidente de la unidad comercial de productos integrados de Agibot, explica por qué la adopción masiva empezará lejos de los hogares y cerca de los entornos industriales.
Con Sam Sinha al frente, 1X apuesta a modelos mundiales entrenados con datos físicos, visuales y de fuerza para llevar a su androide doméstico hacia una autonomía útil antes de fin de año.
La apuesta de 1X pasa por las manos de los robots, que contarán con 22 grados de libertad accionables, tendones silenciosos y una IA entrenada para resolver pequeñas tareas de la vida cotidiana.
Tutor Intelligence entrena a decenas de robots que todavía fallan más de lo que aciertan. La apuesta es ambiciosa: convertir esos errores en datos para crear máquinas capaces de trabajar en depósitos, fábricas y centros logísticos con mínima adaptación.
La china Linkerbot domina más del 80% del mercado global de manos robóticas y acelera su producción para abastecer a fabricantes de humanoides, industrias, laboratorios y universidades.
Un informe internacional dejó al desnudo la ventaja del país asiático frente al resto del mundo, incluido Estados Unidos, en una industria con impacto económico y fundamental desde la óptica militar.
La iniciativa, impulsada por el empresario Guillermo Varela, surgió tras descubrir un vacío legal en Uruguay para identificar robots y forma parte de un experimento más amplio que busca explorar el uso de estas tecnologías en educación, industria y otros ámbitos de la vida cotidiana.
Tras años volcados a autos sin conductor, las firmas reciclan sensores, chips e inteligencia artificial para acelerar máquinas industriales y humanoides, un mercado con menos trabas y adopción más veloz.
Agibot empezó a ofrecer sus humanoides en modalidad de alquiler, con entrega, instalación y mantenimiento incluidos. Pero el costo los deja más cerca de activaciones y exhibiciones que de reemplazar personal en tareas cotidianas.
Con una apuesta fuerte por ampliar la fabricación de Apollo y acelerar su llegada a nuevos mercados, la compañía texana refuerza su ambición de liderar la carrera global por los androides de uso general.
Con base en Londres y fondos propios por US$ 30 millones, Artem Sokolov busca asegurarse una ronda de inversión millonaria para su startup Humanoid. Tras vender el negocio familiar en Rusia, se metió en la competencia global por dominar el desarrollo de androides industriales, un terreno donde China y Estados Unidos marcan el ritmo.
La china Agibot irrumpió en el CES con tres humanoides y un cuadrúpedo listos para tareas reales. Ya desplegó miles de unidades en fábricas, recepciones, eventos y operativos de vigilancia.
Agility Robotics surgió en una universidad de Oregón y ya tiene robots que operan en centros de distribución. Ahora, empieza a trabajar con la empresa de Marcos Galperin para sumar su tecnología al rubro logístico.
La empresa que fundó en Shenzhen hace poco más de una década fabrica las cámaras que usan los robots humanoides más avanzados de China. Sus ventas se dispararon con el auge del reconocimiento facial y el empuje estatal a la inteligencia artificial.
La startup respaldada por gigantes como NVIDIA, Intel y LG quiere fabricar 100.000 unidades en cuatro años. Sus robots ya trabajan, cocinan, doblan ropa y cargan lavavajillas.
Un sistema desarrollado por el equipo de CSAIL permitió que máquinas blandas construyan un modelo interno de su estructura y movimientos valiéndose únicamente de imágenes captadas por una cámara común.
Jeff Cardenas apuesta a que sus robots serán parte del día a día en fábricas, hospitales y hogares. Respaldado por inversores de peso y acuerdos industriales millonarios, se propone acelerar la adopción de máquinas que aprenden solas, funcionan sin descanso y están pensadas para convivir con humanos sin generar rechazo.